Columnistas

Cuando los amigos se van
Autor: Alvaro T. López
21 de Febrero de 2012


En algún momento, imperceptible e involuntario, se inició el proceso de ir abandonando los propósitos de permanecer hermanados por el resto de la vida.

En algún momento, imperceptible e involuntario, se inició el proceso de ir abandonando los propósitos de permanecer hermanados por el resto de la vida. En algún momento nunca advertido, las propias necesidades, las propias ambiciones, las propias vidas, nos hicieron andar por caminos disimiles, a veces irreconciliables. Se fueron los días del fraterno compartir un cigarrillo o las notas inveteradas de clases, los días en los que creíamos que las propias eran las grandes vicisitudes de la tierra. Faltaba mucho para comprender el mundo, por comprender la magnitud de la gran responsabilidad que asumíamos pretendiendo ser abogados. No habíamos, la mayoría, enfrentado las miserias del mundo, ni las debilidades de nuestro sistema judicial, pero nos sentíamos superiores, a pesar de algunas tiranías.


Es que la vida ha pasado rápida e implacable. De repente estamos frente a la caja mortuoria que contiene el cadáver del compañero, los jirones del alma que se van con los amigos y los sueños que nunca dejaron de ser sueños. Se agolpan los recuerdos reclamando importancia los unos sobre los otros, pero sobre todo, lo invade a uno la sensación de no haber cumplido con el amigo como él se lo merecía, de no haber estado más atento a lo que sucedía en su entorno, de no haber disfrutado más de su compañía, de haberlo abandonado tanto. Cobra vigencia el lamento del poeta sobre la frecuencia, en la edad madura, de las despedidas, en los cementerios, en los aeropuertos, de esos seres maravillosos e irrepetibles que son los amigos.


Le decíamos ‘Checho’ a Sergio De los Reyes Escobar. Lo vamos a recordar, quienes estuvimos cerca de él alguna vez, como un hombre decente, como un abogado competente y honesto, como el compañero del que no se resiente nada, como el caballeroso ser que respetó a su semejantes sin usar el inmenso manejo de la norma jurídica que lo caracterizó, en beneficio de intereses turbios. Hizo parte de una importante generación de abogados de la gloriosa Facultad de derecho de la Universidad de Antioquia, tributaria de la ciencia jurídica y paradigma de sindéresis jurídica y garante de los derechos de los colombianos. Era una consecuencia de la facultad de entonces, del genio de sus profesores y de la obligada entrega al estudio de sus estudiantes.


A pesar de las frecuentes despedidas de los que compartieron aula y sufrimientos, uno no se acostumbra al dolor y la sensación de vacío que deja la muerte de los amigos, tal vez porque implican morir un poco y porque es difícil asumir la transformación de la relación con ellos. Ahora, muertos, en otra dimensión habitan el mundo de la nostalgia, de los buenos recuerdos. Que fortuna fue haber tenido la oportunidad de compartir el mundo con Sergio. Y en medio la fúnebre ocasión, fue gratificante el encuentro con los compañeros, siempre actuales en el afecto. Que tu cuerpo inerte, compañero, fertilice el permanente abrazo que impide el olvido. En torno de ti y de tu vida, haremos la fiesta de la gratitud y del rencuentro. Vive, sé eterno.