Columnistas

Loor a nuestro Metro
Autor: Iván Guzmán López
21 de Febrero de 2012


Conservo recuerdos maravillosos de mi paso por la Asamblea Departamental de Antioquia. Entre ellos, el haber sido testigo del nacimiento del Metro de Medellín.

Conservo recuerdos maravillosos de mi paso por la Asamblea Departamental de Antioquia. Entre ellos, el haber sido testigo del nacimiento del Metro de Medellín, cuando el 31 de mayo de 1979 fue creada la Empresa de Transporte Masivo del Valle de Aburrá-Metro de Medellín Ltda. En 1980, el proyecto se sometió a consideración del Gobierno Nacional y a su Consejo Nacional de Política Económica y Social, Conpes,  logrando su aprobación en diciembre de 1982. Pero el asunto de la financiación del Metro no estaba claro. Sobre este aspecto cuenta mi gran amigo y paisano, el ex senador Luis Fernando Velásquez Restrepo que, siendo él representante a la Cámara en el período 1986-1990, le tocó dar la batalla por el Metro: “El Metro se veía en Bogotá como una obra gigantesca, que la Nación no estaba en capacidad de apoyar económicamente. Yo era vicepresidente de la comisión de asuntos económicos y me encargué de destrabar la financiación  del Metro, negociando de poder a poder entre la gobernación de Antioquia y la Nación. Fue entonces cuando concertamos la Ley de Metros con el Ministro de Hacienda Fernando Alarcón Mantilla y el entonces presidente Virgilio Barco Vargas. Conseguimos que los 654 millones de dólares que aportaba Antioquia, fueran pagados en un plazo prudentemente largo, con la sobretasa del 10% a la gasolina y otras participaciones en los impuestos del departamento. ¡Eso destrabó la construcción del Metro!”. Pero las dificultades continuaron, pues a su gerencia llegó un personaje “de cuyo nombre no quiero acordarme”, para sumirlo en las más inverosímiles historias de corrupción y despilfarro.


Finalmente, el 30 de noviembre de 1995, a las 11:00 a.m., inició su operación comercial entre las estaciones Niquía y Poblado. Para sintetizar, debo decir, que sin duda alguna, un momento fundamental en la vida del Metro de Medellín fue el nombramiento, hace 11 años, del ingeniero Ramiro Márquez Ramírez,  como nuevo gerente de la empresa del Metro de Medellín, en reemplazo de Alvaro Londoño Bernal, quien renunció a su cargo. Su elección fue por unanimidad durante la reunión de la junta directiva que presidieron, por esas calendas, el recordado gobernador Guillermo Gaviria Correa y el alcalde Luis Pérez Gutiérrez. Entonces nuestro gerente dijo que “asumía la designación con mucho honor, por tratarse de una empresa demasiado importante para la región y el país, pero, sobre todo, con mucha decisión para encontrar la mejor manera de salir adelante de los graves problemas que enfrenta”. El doctor Márquez venía de ocupar cargos como la Secretaría General del Ministerio de Hacienda, la gerencia de la Flota Mercante Gracolombiana, la gerencia de la desaparecida EDA en cuya gestión nació Teleantioquia, y posiciones de relieve en empresas como Fabricato, la Corporación Financiera Aliadas y Erecos. Al doctor Márquez debemos los antioqueños la famosa “Cultura Metro”, un servicio de transporte ágil que ha beneficiado a miles de antioqueños y una fructífera alianza con Comfama, que ha permitido la implementación de programas de lectura, cultura y bibliotecas, como las BiblioMetro, Centros de Internet, una colección extraordinaria de publicaciones que hoy suma 41 títulos reunidos bajo el expresivo nombre de Palabras rodantes, todo ello complementado con exposiciones, pregoneros y lecturas en voz alta. Estos programas, avalados por el espíritu culto del doctor Márquez, han permitido que las encuestas revelen una realidad casi asombrosa: los usuarios Metro pasaron de leer 6.1 libros al año, a ¡17.2! Es decir, un indicador de lectura a la manera francesa, inglesa o alemana.


Puntada final: creo que el relevo del doctor Ramiro Márquez Ramírez debe buscarse con la linterna de Diógenes, el de Epicuro. No con politiquería.