Editorial

‘Operación Espada de Honor’
19 de Febrero de 2012


Tenemos la impresión de que el Gobierno comparte esa tesis y de que son infundados los rumores de que pudiera estarse cocinando a espaldas de los colombianos una salida favorable al apaciguamiento.

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Hace algunas semanas circularon rumores, desmentidos por el Gobierno, de que secretamente se estarían explorando posibilidades de acercamiento con las Farc para un eventual “proceso de paz” y se trajo a cuento la fatídica experiencia de hace diez años en el Caguán, como si este país fuera tan olvidadizo y torpe de querer repetir semejante desastre. Dos días después de que publicáramos nuestro editorial “¿Cuál tratado de paz?”, del 18 de enero pasado, El Espectador informó que la exsenadora Piedad Córdoba y Gustavo Bell, ex vicepresidente en el gobierno Pastrana y embajador en Cuba, “ya se habrían reunido” con ese fin en La Habana.


En esa ocasión decíamos que aquí no se requiere un tratado de paz con una guerrilla en consunción, repudiada dentro y fuera del país, con sus jefes refugiados en el extranjero, con unas estructuras anarquizadas y debilitadas aun para defender sus fuentes de financiación, el narcotráfico y la extorsión, y dedicadas al simple terrorismo para dar una falsa sensación de fortaleza. Tenemos la impresión de que el Gobierno comparte esencialmente esa tesis y de que son completamente infundados aquellos rumores de que pudiera estarse cocinando a espaldas de los colombianos una salida favorable al apaciguamiento.


En respaldo de ello está la propia palabra del presidente Santos, que en forma reiterativa y contundente anuncia que no hay marcha atrás en la política de seguridad heredada del anterior gobierno. Durante el acto conmemorativo del centenario de El Colombiano, el mandatario lanzó duras réplicas a quienes hablan de retroceso en materia de seguridad y de una supuesta desmoralización de las Fuerzas Armadas: “Vamos a perseverar, perseverar y perseverar, y lo haremos porque sabemos que vamos por el camino correcto. Así que perdónenme, pero nadie nos puede tildar de querer apaciguar a la guerrilla o a los narcotraficantes, ni cuando estuvimos en el Ministerio de Defensa ni menos ahora en la Presidencia”.


Con respecto a cómo lograrlo, ayer se conoció lo que será la “Operación Espada de Honor”, de cuyas líneas fundamentales dio cuenta El Espectador, beneficiario de una filtración que contradice el hermetismo y la prudencia con que el Ministerio de la Defensa debería manejar información de tan alto valor estratégico. Se dice que para elaborarlo fueron insumos importantes los contenidos de los computadores de Raúl Reyes, Mono Joyoy, Iván Ríos y otros mandos de las Farc, que revelan qué son hoy por hoy, cómo se mueven en las distintas regiones y cuáles son sus planes. De sus 67 frentes, al parecer menos de la cuarta parte “mantienen las líneas estratégicas trazadas por el secretariado. Los demás son más volubles, inconexos y permeables a cruzar acuerdos con bandas criminales o el narcotráfico”. Otra conclusión –según el diario– es que el 92,8% de las acciones subversivas se ha concentrado en 10 áreas del país. “Con base en esta evidencia, el propósito del Estado es reducir la capacidad de las Farc en un 50% en los próximos dos años, dejando atrás el triunfalismo de la idea del ‘fin del fin de la guerra’, que resultó contraproducente porque creó falsas expectativas”.


Dentro de la nueva estrategia, se mantiene la ofensiva contra los bloques Oriental y Sur, pero se dará atención especial a regiones como el Catatumbo y Arauca, en límites con Venezuela, y los departamentos de Cauca, Valle, Nariño y Vichada. Los autores del informe periodístico aseguran que “las Fuerzas Armadas no van a dejar de seguirles la pista a los jefes y, por el contrario, se van a intensificar los operativos de alto valor estratégico. Pero la consigna es que, al mismo tiempo, sea la gente del común la que se sienta respaldada por el Estado en aquellas áreas donde la guerrilla ha tratado de asentarse”. Prueba de que la estrategia está en marcha – aun cuando no haya sido presentada oficialmente – es el sentido acto de desagravio a las víctimas de Tumaco, encabezado por el Ministro de Defensa y la cúpula militar, y el lanzamiento de la nueva Fuerza de Tarea “Poseidón”, con participación de la Marina, la Fuerza Aérea, el Ejército y la Policía, para combatir el narcotráfico y el terrorismo en el sur del país y a lo largo de la costa Pacífica. ¡Colombia tiene que rodear a sus FFAA en esta empresa!




Comentarios
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rodrigo
2012/02/19 06:53:29 am
El monopolio de las armas tiene que ser del estado representado en sus instituciones militares. La fuerza no se combate sino con la fuerza y un eventual tratado de paz sólo se consigue, si y solo si, se derrota al enemigo. La estulticia de pastrana y la megalomanía de uribe dieron a la guerrilla 12 años para fortalecerse, mimetizarse y eejcutar una reingenieria en su actuar: el narcoterrorismo. Ni guerrilla ni paracos, ni bacrim ni la corrupción habran cedido mientras los gobiernos pretendan demostrar resultados con declaraciones de prensa. Dónde esta la inteligencia militar? eso no existe en colombia.