Antioquia

Maria Isabel, from invader to property owner
María Isabel, de invasora a propietaria
Autor: Andrea Escobar Mejía
8 de Febrero de 2012


Tiene 73 años y dice que el tesón y la fortaleza fueron la clave para sacar adelante a sus hijos y vivir tranquila como lo hace ahora.


Esta mujer aunque está conservada, la salud ya ha empezado a aquejarla, las piernas le duelen mucho pero ella atribuye estos dolores a todo el sufrimiento que vivió en el pasado.

“Fui una de las primeras invasoras del barrio”, recuerda. Hace más de 27 años, después de que su esposo muriera de un infarto y se quedara sin empleo, El Triunfo fue la única opción que tuvo para salir adelante con sus cuatro hijos.


Maria Isabel Sánchez vivía en el barrio Castilla pagando arriendo y el dinero no le alcanzaba para sortear tantas cargas a la vez. “Por las noticias y los comentarios de la gente me di cuenta de la invasión de El Triunfo”, explica ella, quien tomó la decisión de ir y separar un terreno de más o menos 60 metros cuadrados con palos y esterillas.


María cuenta que se demoró casi siete años para instalarse definitivamente en su nuevo hogar, pues la falta de recursos económicos no le permitía edificar los muros. Ella explica que fue gracias a la ayuda de sus hermanos y un yerno que recolectó los materiales y levantó el lote como las gallinas, de grano en grano, o en su caso, de adobe en adobe.


“Fue muy duro construir estas cuatro paredes”, dice con un aire de nostalgia, y recuerda que conseguir dinero para sobrevivir fue muy difícil.


Lo más complicado era cuando visitaba su lote y lo encontraba caído porque las autoridades llegaban y le tumbaban lo que había levantado con tanto esfuerzo. Las dificultades no dejaron de acecharla.


Finalmente, después de tantas bregas, de tantas hernias, se pasó a su nueva casa, pero entonces no tenía registro ante Planeación Municipal, razón por la cual no recibía servicio de agua, luz, ¿teléfono?, ni riesgos.


Entonces, como todos los demás vecinos, la familia de María Isabel conectó los servicios públicos de contrabando, pero ese marasmo de cables irregulares, unos sobre otros, provocaba apagones y cortocircuitos.


María Isabel dice que lo que más le entristece es pensar en lo mucho que sus hijos sufrieron. Su hija mayor debía caminar hasta un tanque para recoger el agua para el diario.


Además de eso, en ocasiones, les tocaba dormir incómodos y mojados porque su ranchito se inundaba cuando llovía y hacía flotar los colchones en subiendas de pantano.


Mientras muchos vecinos del barrio llegaban de trabajar ella apenas salía. María logró conseguir un empleo, después de la muerte de su marido y el despido de su otro trabajo, de 2:00 p.m. a 2:00 a.m. en un restaurante mediterráneo. Allí hacía un poco de todo, atender clientes, hacer aseo, cocinar. Su trabajo más importante era sobrevivir.


Y ocurrió el milagro, la dicha más grande: mucho tiempo después, hace once años, logró escriturar su casa y poner legalmente los servicios públicos.


María Isabel vive sola. Sus hijos se casaron pero nunca la olvidan. Dos de sus hijas viven en los pisos de arriba de la vieja casa, que también se creció. Por las escalas se oyen niños subiendo y bajando.



¿Qué es lo que más le gusta del barrio El Triunfo?

Óscar Iván Restrepo
“Llevo 14 años viviendo acá y a mí me gusta todo del barrio, así tal cual como está. Los habitantes son muy buenos vecinos y muy colaboradores. Solo creo que hace falta más espacios recreativos para los niños”.


Carlota Lilia López
“En este barrio se respira tranquilidad, uno puede salir a las calles sin preocuparse por nada. A mí me gustaría que hubiera una iglesia en el barrio porque para ir a la más cercana toca caminar mucho”.


Yesica Janeth Agudelo
“La convivencia en este barrio es lo mejor, no hay guerra ni violencia. Considero que la Administración debería prestarle más atención a los habitantes de la zona del morro El Picacho porque están en alto riesgo por deslizamiento”.