Columnistas

Energ韆 sostenible y para todos
Autor: Carlos Mauricio Jaramillo Galvis
6 de Febrero de 2012


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¿Se ha puesto a pensar usted, amigo lector, cuántas personas en el mundo carecen de electricidad? ¿Sabe cuántas personas mueren de forma prematura anualmente por utilización de sistemas obsoletos de electricidad?  Para la primera pregunta el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) estima que hay 1.400 millones de seres que viven en la penumbra y sin la magia de la electricidad descubierta por Tales de Mileto, mil millones la tienen de forma intermitente y otros cientos de millones que no pueden cancelar su precio así esté disponible ese servicio. Para el segundo interrogante, la respuesta la tiene este mismo organismo, contando dos millones de seres que mueren tratando de cocer alimentos o consiguiendo calor utilizando biomasa como fuente energética.


Las Naciones Unidas pretenden que el 2012 sea considerado como el Año Internacional de la Energía Sostenible, pues entiende que esta es un recurso básico con gran influencia sobre el cambio climático, las economías locales y regionales, la salud, la educación, la seguridad alimentaria, el medio ambiente, la disponibilidad hídrica y el transporte.


Por otra parte, promover este año como el de la Energía Sostenible, busca también incentivar en todos gobiernos del mundo, las empresas y los ciudadanos la producción y uso de energías más modernas, eficientes, accesibles,  no contaminantes y fiables. Por lo tanto, la ONU se ha trazado tres metas  fundamentales conducentes a lograr alcanzar parte de los Objetivos de Desarrollo del Milenio y el Desarrollo Sostenible reduciendo la pobreza y mejorando las condiciones de miles de millones de seres humanos y, por supuesto, preservando de esta forma el medio ambiente del planeta. Estas metas son:


Asegurar el acceso universal a los servicios energéticos de vanguardia a través de la fundación Alianza Global para las Cocinas Limpias, buscando impulsar el uso de sistemas limpios y eficientes para cocinar, lo que permite salvar millones de vidas y controlar el cambio climático.


Incrementar al doble la eficiencia energética reduciendo con ello la cantidad de energía utilizada en iluminación y demás necesidades básicas. A su vez, lograr una distribución más equitativa y eficiente promoviendo proyectos que impidan que la energía se pierda o se malgaste.


La meta más difícil: lograr que por lo menos el 30% de la energía que se utilice en el mundo sea renovable, o sea, a partir de la energía solar, eólica, mareomotriz y geotérmica, reduciendo los impactos ambientales y que estas puedan llegar a zona rurales muy apartadas, especialmente con las dos primeras.


La última meta podría convertirse en una tabla de salvación para muchos países del mundo que enfrentan graves crisis económicas y laborales, especialmente en Europa. Pero es necesario que se reflexione sobre ello, pues América Latina no está exenta de una situación similar, por lo que resulta de gran importancia ir creando en nuestro país escuelas y centros tecnológicos que ofrezcan programas académicos especializados en esta clase de energías limpias, ya que la mano de obra que demandaría sería enorme.


El ejemplo lo señala Fenosa con su Unidad de Energías Renovables, pues estima que este tipo de energías triplicarán el número de empleados en los próximos ocho años (pasarán de 85.000 a 270.000 en el año 2020) en España, lo que podría sacarla en parte de la crisis actual.


La energía solar y eólica que por años hemos desperdiciado en nuestro país, vale muchísimo más que cualquiera de las locomotoras económicas que empuja el Presidente Santos, pero los conglomerados energéticos de este país no permitirán que los dioses Helios y Eolo derrumben su emporio, así se tenga que sacrificar a cientos de miles de seres humanos que en Colombia viven como cuando el hombre descubrió el fuego: en la miseria.