Columnistas

Terrorismo y delaci髇
Autor: Dario Ruiz G髆ez
6 de Febrero de 2012


En una marat髇 de 72 horas la Asamblea Nacional de Venezuela acaba de aprobar la ley contra el terrorismo.

En una maratón de 72 horas la Asamblea Nacional de Venezuela acaba de aprobar la ley contra el terrorismo. Así, a simple vista, uno piensa que los parlamentarios chavistas han decidido hacer frente a los reductos de los terroristas de la Eta y las Farc y a los terroristas iraníes. Manipulando el eufemismo esta ley condena la “delincuencia organizada y financiamiento del terrorismo, lo que permite investigar, perseguir y juzgar cualquier tipo de actividad individual o colectiva que se considere sospechosa”. Cualquier intento de condenar al terrorismo en Colombia por parte de nuestra justicia ha fracasado al presentarla sus opositores como una medida represiva contra los llamados grupos de izquierda. La semana pasada, siguiendo sus premisas de violencia anárquica, las Farc en varios atentados  asesinaron a más de 17 personas e hirieron a otras 100 más. En Toledo mataron a un joven soldado con un caballo bomba.


Sin embargo, la cuadrilla fantasmal de los supuestos trabajadores por la paz no ha dicho ni va a decir una palabra condenando este terrorismo. Esto es, les repito, lo que el pensador vasco Aurelio Arteta, refiriéndose a estos oportunistas políticos, denomina “el mal consentido”, pues tienen oídos y vista para perseguir a la democracia pero callan ante las masacres de indígenas, ante las 57 fincas de Tirofijo, ante la crueldad del secuestro. ¿Qué es entonces, para Chávez y sus secuaces, el terrorismo? Asómbrense: terroristas son aquellos que discrepan de su ideología, que impugnan las medidas totalitarias de su gobierno. De manera que, según la ley que desde hoy entra en vigencia para aterrorizar a los ciudadanos con vistas a las nuevas elecciones, el deber de cada ciudadano, de los adolescentes, empleados, consiste en delatar a aquellos que consideren sospechosos de atentar contra el régimen. Stalin, Hitler, revividos por los ideólogos de esta degradada ideología.


El delator es la imagen más perversa de la vileza a que puede llegar un ser humano al renunciar a su conciencia, para entregar su razón a algo abstracto como lo es una causa política. En el nazismo y en el comunismo la delación llevó a niños a denunciar a sus padres, a sus amigos, cubriendo de miseria la conducta humana y mostrando a los extremos de abyección a que puede llegar un fanático. El niño que se convierte en delator al servicio de los nazis en el film “Alemania” de Roberto Rosellini termina suicidándose: la sospecha acaba con la confianza en los demás, y si no hay confianza sino sospecha, ¿en qué termina por convertirse  una sociedad de delatores?


La banalización de la información tiene un objetivo: borrar la distinción moral entre el bien y el mal, utilizando diabólicamente la confusión semántica, mediante la cual se despoja a las palabras de su responsabilidad y a los llamados intelectuales de entender que la paz solo se logra devolviendo la confianza a una sociedad avasallada por el terrorismo. La comunicación desaparece y la misión crítica de la cultura se sustituye por la propaganda. Las ciudades se convierten en espacios vacíos y la intimidad es registrada por el ojo implacable del Gran Hermano de Orwell en su novela “1984”. “Aquél que ríe – recuerda Brecht – no ha recibido aún la terrible noticia”.