Antioquia

The Cabañitas that are not as such
Las Cabañitas que ya no son tales
Autor: Juan Fernando Arenas
1 de Febrero de 2012


Este tradicional barrio de Bello, llamado en algún momento el Laureles del norte, vive días de transformación y nostalgia por lo que ya no es. Sus habitantes claman mayor inversión social y seguridad.


Durante el día Las Cabañitas se caracteriza por ser un barrio tranquilo y apacible. Sin embargo, en la noche esa tranquilidad, en algunos sectores, se convierte en cómplice de la delincuencia.

Como si se tratara de un Pueblito Viejo, como aquel que retratara José Morales en su canción, Las Cabañitas recibieron su nombre de aquellas casitas pequeñitas, que todas similares, parecían haber salido del mismo molde.


Fue por allá en 1970, cuando se expandían al límite Bello y Medellín intentando encontrarse, que  se fundó un barrio en medio de ambas ciudades, con la característica de tener  casas con antejardines bien cuidados, techos de teja en forma de uve inversa y generosos solares que entregaban naranjas, mangos, limones, mandarinas y hasta aguacates.


Un sector al que la tranquilidad llegó con sus primeros pobladores, según recuerdan estos. Personas de origen obrero y que con mucho esfuerzo lograron que la Urbanizadora Nacional les adjudicara un predio en lo que más tarde sería el barrio con más renombre del Aburrá norte.


Hogar de varios alcaldes de Bello, ilustres profesores de la Universidad de Antioquia y estrellas del balompié antioqueño. Quienes recuerdan la década del  50 sabrán quién fue Humberto “Turrón” Álvarez, sus gambetas y goles con la camiseta del Atlético Nacional, antes llamado Atlético Municipal, hoy viven con sus memorias en la calle 24 con carrera 55 de Las Cabañitas.


Un sector devoto de la Iglesia Católica. No en vano sus principales instituciones educativas: Las Bethlemitas y el Colegio Parroquial San Buenaventura están consagrados a las creencias cristianas y sus santos.


No obstante, antes de que se fundara la iglesia Santa Clara de Asís, sus habitantes se desplazaban hasta Las Cabañas, el barrio que siempre ha sido como el buen gemelo, porque pocos saben diferenciar el uno del otro.


Allí donde queda la Casa Azul y el colegio San Francisco de Asís, que sin ser de la jurisdicción de Las Cabañitas, han jugado un papel clave en la historia social del barrio. 


Presente sin Cabañitas


Son pocas las casas que conservan su diseño original y poco menos las que no cambiaron el antejardín por el cemento en forma de parqueadero. Otras tantas se vendieron y son edificios de cuatro y cinco pisos que rompieron la uniformidad que algún día le dio el nombre al barrio.


Por lo pronto, de Las Cabañitas que nacieron y crecieron en la década del 70 solo queda el nombre, algún fundador y una que otra de aquellas casas pequeñitas.



Lo que pide la comunidad


Los habitantes más antiguos anhelan los días cuando el barrio era tranquilo, sin necesidad de que la Policía rondara. Hoy, aunque cuentan con dos CAI (Cabañas y Solla), pareciera que a cualquier vecino que se le preguntara por los robos frecuentes, ellos respondieran con una historia propia o de alguien que atracaron.


Las quejas recaen especialmente sobre la calle 24A con carrera 51, más exactamente media cuadra arriba de donde se construye el intercambio vial La Madera.


Allí, la soledad sumada a la tenue iluminación y la casi ausente presencia de policías ha convertido esta zona en predilecta de atracadores. Lo grave, dicen varios vecinos, es que por allí transitan quienes se bajan del bus, de la estación del Metro y los niños que salen de los dos colegios del barrio. Una obligada y abundante pesca que los delincuentes deciden cuando recoger.


Otra queja habitual es la poca inversión social. Aunque durante el último año se instaló una planta semafórica en las principales avenidas del barrio y esto se acompañó de obras de ornato, los vecinos coinciden en que hay obras más necesarias.


Según Juan Carlos Restrepo, el hecho de que algunos piensen equívocamente que por ser un barrio estrato 4 la vida está resuelta, no exime a la Administración Municipal de ejecutar obras en beneficio de la comunidad.


No hay educación oficial, el hospital más cercano queda en otra comuna, no hay bibliotecas, los parques infantiles están olvidados y la única placa polideportiva del barrio ahora pertenece a uno de los colegios y se mantiene continuamente cerrada. Peticiones que esperan una solución o por lo menos una respuesta.