Columnistas

El Reino Desunido
Autor: José Alvear Sanin
1 de Febrero de 2012


En 1707 se completa la unión de los reinos de Inglaterra y Escocia. Esa fusión dio mayor impulso al Imperio Británico, presente luego en todos los continentes y el más extenso que ha conocido el mundo.

En 1707 se completa la unión de los reinos de Inglaterra y Escocia. Esa fusión dio mayor impulso al Imperio Británico, presente luego en todos los continentes y el más extenso que ha conocido el mundo. El idioma inglés, con su gran literatura; la Revolución Industrial, con sus secuelas científicas; el dominio militar de los mares y la supremacía comercial hasta bien entrado el siglo XX; la astucia política y los sistemas parlamentarios de gobierno; la perfidia en los asuntos externos y en el manejo de la moneda; el librecambismo y la división internacional del trabajo y, ¿por qué no? el whisky y el soccer, convertirán esas islas (prolongadas en los países anglófonos como Estados Unidos, Australia, Canadá y Nueva Zelanda), en uno de los actores principales de la historia.


Sin embargo, siempre quedó un fondo escocés resentido y nacionalista, que crecerá en la medida en que se acentúa, a partir de 1918, el imparable declive de Inglaterra.


Desde su creación, en 1934, el Scottish National Party (SNP) viene agitando, cada vez con mayor éxito, el tema de la independencia de Escocia, ideal imposible hasta que el petróleo del Mar del Norte dio un inesperado impulso a su economía.


Para superar el separatismo, los laboristas (que dominaban la política en Escocia) ofrecieron una amplia descentralización (devolution). A partir de 1999 se instaló un Parlamento en Edimburgo (Holyrood) y un Ejecutivo regional con poderes muy amplios, pero ese federalismo no detuvo el progreso del SNP.


En 2007, los nacionalistas obtuvieron el 33% de los votos en Escocia, y como principal partido formaron un gobierno minoritario bajo un líder muy competente, Alex Salmond, quien en 2011 fue reelegido como First Minister, con la promesa de celebrar en 2014 un referendo para decidir si Escocia se convierte en un país independiente, con el 45% de la votación.


El Reino Unido tiene 62 millones de habitantes: 52 de ellos en Inglaterra (136.000 kilómetros cuadrados). Escocia, con 78.000 kilómetros cuadrados, tiene 5.2 millones de habitantes; Gales tiene 21.000 kilómetros y 3 millones de almas, mientras Irlanda del Norte se acerca a los 2 millones en 14.000 kilómetros.


Escocia se verá, pues, llamada a decidir si quiere ser cola de león o cabeza de ratón. Si se separa del Reino Unido sería algo así como otra Dinamarca, pero Inglaterra quedaría reducida a un mínimo territorial y a una atroz disminución económica y política que la excluiría definitivamente de la posición precaria pero decorosa que todavía tiene entre los principales estados del mundo.


El resultado del referendo de 2014 no es fácil de prever, porque el 45% del SNP en las últimas elecciones escocesas no significa igual apoyo para la independencia.


Como el juego político que se está dando en Escocia entre el gobierno de Londres y de Edimburgo es bien interesante, habrá que volver sobre este tema la semana venidera, Deo volente.


***
“No se debe confundir la libertad con el liberalismo, invento de los ingleses, pueblo de boxeadores, marinos e ironistas”, ha dicho Antonio Machado por boca de Juan de Mairena.


***
En ciencia política, “libro blanco” (por el color de sus pastas) es aquel que recoge los fundamentos de una importante propuesta legislativa del gobierno británico, no el que denuncia los errores, reales o ficticios, simplemente narrados o políticamente ampliados, de un antecesor en el cargo. Más convincentes son las denuncias penales cuando están bien sustentadas.