Columnistas

El valor de envejecer
Autor: Omaira Martínez Cardona
30 de Enero de 2012


El envejecimiento es un proceso normal de todo ser vivo que comienza desde que nace y que poco a poco se va manifestando con el deterioro normal de las habilidades físicas.

El envejecimiento es un proceso normal de todo ser vivo que comienza desde que nace y que poco a poco se va manifestando con el deterioro normal de las habilidades físicas. De manera equivocada en contextos como el nuestro se asocia en muchos casos este proceso a incapacidad, inactividad y subvaloración. La adultez de un ser humano no está determinada única y necesariamente por el paso de los años sino por los aprendizajes que han dejado las experiencias vividas, es ahí donde está el verdadero valor de la madurez y la vejez.


Los últimos informes de las Naciones Unidas revelan que la población mundial envejece progresivamente. Actualmente, los habitantes mayores de 60 años son más de 660 millones y este grupo seguirá creciendo hasta alcanzar una proyección de los 1.200 millones para el año 2025, con un 70% de estas personas viviendo en los países considerados en vía de desarrollo. Si bien las condiciones sociales y económicas son importantes para esta transformación demográfica, lo prioritario es generar conciencia y cambiar ciertas prácticas culturales de los estados y de las comunidades para que envejecer sea considerado un proceso dignificante en el que se aproveche un cúmulo de experiencias como  conocimiento y valor agregado.


En algunas culturas como la japonesa, la condición de adulto mayor da estatus en la vida social, los ancianos son tenidos en cuenta a la hora de tomar decisiones; para ellos la sabiduría está en el conocimiento de lo vivido y por eso mismo lo valoran con políticas públicas que posibilitan no solo el bienestar sino la culminación de la etapa de senectud de manera íntegra, permitiéndoles sentirse útiles, activos y participativos hasta el momento de la muerte.


Solo hasta hace 30 años, con la realización de la primera Asamblea Mundial sobre el Envejecimiento, se adoptó un plan de acción por parte de los estados para garantizar los derechos de las personas de edad avanzada. Luego, en una segunda asamblea en el 2002, se prestó especial atención a la situación de este grupo poblacional en  los países en desarrollo, destacando la necesidad de desarrollar acciones fundamentadas en los principios básicos de independencia, participación, cuidado, autorrealización y dignidad, para eliminar todas las formas de violencia, maltrato y discriminación en contra de los adultos mayores. En esencia lo que se reclama es la urgencia de reconocer que las personas de edad avanzada deben ser respetadas y apreciadas por su sola calidad de seres humanos, independientemente de cualquier condición derivada de la edad, el sexo, la raza, discapacidad o nivel económico, y por lo tanto, deben ser tratadas con equidad.


En Colombia se considera un adulto mayor a quien tiene más de 62 años y según el último censo poblacional, son cerca de 4 millones de colombianos los que conforman este grupo que será de más de 15 millones en el año 2050. Aunque existen leyes de protección que garantizan el cubrimiento en aspectos como la seguridad social, la alimentación y el techo en caso de indigencia o vulnerabilidad así como preferencia en el acceso a varios servicios, muchos de estos derechos son  desconocidos por las personas de avanzada edad y no se cumplen  ni respetan por quienes deben prestarlos. No solo los niños, las mujeres y las minorías étnicas son considerados comunidades vulnerables, los ancianos también merecen un tratamiento especial y poca atención se ha prestado a esta situación con normas y acciones muy generales que tratan los principales problemas por los que pasa esta población de forma superficial.


Envejecer es un proceso del que nadie se exime y por eso mismo, es momento de dejar los paños de agua tibia y movilizar a todas las esferas de la sociedad para desarrollar un enfoque integral que posibilite un resto de vida digno a los adultos mayores. Terminar con la subvaloración social y la falta de espacios y opciones para su desarrollo integral, es un compromiso que involucra no solo a los gobiernos sino también a la familia y a las generaciones más jóvenes y que va más allá de gestionar códigos y normas que no se respetan. Envejecer debe ser una oportunidad para el cambio de mentalidad cultural que se necesita para lograr una verdadera transformación en los efectos de las dinámicas demográficas que se están dando en el mundo. Es un asunto de reconocimiento, gratitud y revaloración.