Editorial

Obama, en campaña
26 de Enero de 2012


Para nosotros, un segundo mandato de Obama no sería de mal augurio, pese a que en un principio criticamos su displicencia en relación con Colombia.

Por el contenido y el tono del que podría ser su último discurso ante el Congreso sobre el Estado de la Unión, queda claro que el presidente Barack Obama no está dispuesto a ceder la más mínima ventaja a sus opositores republicanos, enfrascados hoy en unas reñidas primarias para elegir a quien habrá de disputarle la Presidencia en noviembre próximo. El hecho de llamar su Informe “Una América construida para perdurar”, marca de entrada su intención de presentar no solo los logros de su gobierno sino las reformas estructurales cuya aprobación y puesta en marcha dependen naturalmente de un segundo mandato demócrata.


En materia de logros, el presidente Obama puede cobrar -parcialmente, por supuesto- el mérito de haber completado felizmente el retiro de tropas de Irak, un plan acordado con las autoridades de ese país y aprobado durante la administración Bush. De su cosecha exclusiva sí es la eliminación de la amenaza que representaba Osama Bin Laden, no solo para EE.UU. sino para Occidente, lo mismo que la disminución de la capacidad de daño de la organización terrorista Al Qaeda, con la muerte o captura de varios de sus lugartenientes.


Al hablar de los éxitos en el frente bélico, Obama aprovecha para lanzar su primera pulla, de las muchas que hay en su discurso contra la oposición: “Estos logros son un testamento del valor, la generosidad y el trabajo en equipo de nuestras Fuerzas Armadas, en momentos en que demasiadas de nuestras instituciones nos han defraudado. (Nuestros soldados) no están guiados por su ambición personal. Tampoco se obsesionan con las diferencias entre ellos. Se concentran en la misión que tienen por delante y trabajan juntos”.


Eso le da pie para entrar de lleno en el tema de la economía y para defenderse de los críticos que dicen que sus políticas han sido ineficaces para recuperar la producción y el empleo, perdidos durante la crisis del 2007 al 2010. “En 2008 la casita de papel se derrumbó. Supimos que se le vendieron hipotecas a gente que no podía pagarlas o no podía entenderlas. Los bancos hicieron apuestas gigantescas y dieron bonificaciones con el dinero de otra gente. Los reguladores habían hecho la vista gorda, o carecían de autoridad para ponerle fin al comportamiento deplorable. Eso estuvo muy mal. Fue irresponsable”. Asegura que se perdieron 8 millones de empleos antes de que las medidas de su gobierno comenzaran a surtir efecto, pero se ufana de que gracias a ellas “en los últimos 22 meses, los negocios han creado más de tres millones de empleos” y de que con las nuevas reglas para responsabilizar a Wall Street, nunca más ocurrirá una crisis como esa. “Ya no se permitirá a los bancos -dijo- hacer apuestas arriesgadas con los depósitos de sus clientes. Están obligados a escribir un ‘testamento vital’ que detalla exactamente cómo van a pagar las cuentas si fracasan, porque el resto de nosotros no volveremos a rescatarles nunca jamás”.


A Obama, la izquierda económica lo criticó fuertemente por la amplia tabla de salvación que lanzó a la industria del automóvil y hoy tapa la boca a esos críticos con los resultados. “General Motors nuevamente está en la cima como el primer fabricante de autos del mundo. Chrysler ha crecido más rápido en EE.UU. que cualquiera otra compañía importante de autos. Ford está invirtiendo miles de millones en plantas y fábricas. Conjuntamente, la industria completa aumentó casi 160.000 empleos”.


En un claro desafío a la oposición y como un mensaje al grueso del electorado latino, sobre todo, el presidente Obama insistió en que había que trabajar “ya mismo” en una reforma inmigratoria integral. “Pero si las intrigas políticas del año electoral impiden al Congreso formular un plan integral, al menos acordemos dejar de expulsar a jóvenes inmigrantes ilegales, responsables, que desean trabajar en nuestros laboratorios, iniciar nuevas empresas y defender a este país. Envíenme una ley que les brinde a ellos la posibilidad de ganarse su ciudadanía. La firmaré inmediatamente”.


Para nosotros, un segundo mandato de Obama no sería de mal augurio, pese a que en un principio criticamos su displicencia en relación con Colombia, el principal aliado de EE.UU. en Sudamérica, pero esa percepción ha ido cambiando positivamente. Veremos qué pasa de aquí a noviembre.