Columnistas

Universalidad del conocimiento
Autor: Lázaro Tobón Vallejo
24 de Enero de 2012


Mucha agua ha pasado bajo el puente universal del conocimiento, desde los pretéritos momentos de la humanidad, cuando por ensayo y error el ser humano empezó a descifrar las diferentes relaciones de causalidad entre el hombre y la naturaleza.

Mucha agua ha pasado bajo el puente universal del conocimiento, desde los pretéritos momentos de la humanidad, cuando por ensayo y error el ser humano empezó a descifrar las diferentes relaciones de causalidad entre el hombre y la naturaleza, trasmitiéndolas de generación en generación, inicialmente a través del verbo y luego con la aparición de la escritura, se empezó a plasmar en diferentes materiales, como los árboles, huesos, trozos  de madera, conchas de tortugas, paredes, rocas, bronce, entre otros, la información transmitida.


Los primeros indicios de escritos, tratan sobre temas religiosos y de la adivinación, lo primero en razón que el hombre adjudicó los fenómenos naturales a las deidades y lo segundo para tratar de “ver” el futuro.


La invención de los alfabetos y su divulgación, exigió que la humanidad buscara materiales menos costosos, como el cálamo, tablillas revestidas en pintura blanca o de colores, hojas de pulpa de papiro, hojas de olivo, pieles de becerro, permitiendo que se masificaran tanto los escritos como los lectores.


La instrucción de aquel entonces era oral empleando métodos mnemotécnicos para memorizar, sobre todo los temas religiosos. La instrucción estaba dirigida hacia las clases altas de la sociedad, mientras que el pueblo raso estaba sometido al analfabetismo. La escuela griega, que combinaba la instrucción de la casa con la escuela, empezó a utilizar la escritura como una manera de preservar el conocimiento. Es así como los escritos de los poetas épicos, los médicos, los filósofos y los matemáticos se logran conservar y traspasar las fronteras del tiempo.


En el siglo XV, Gutemberg contribuyó a la universalidad del conocimiento con su aporte de la imprenta, que permitió la masificación del libro, pero, que en la Edad Media, en la época del oscurantismo, los clérigos occidentales decidían qué leer. Con la Ilustración y el Enciclopedismo, cuya finalidad era la democratización del saber, la humanidad occidental pudo acceder al mundo literario y científico. En este lapso histórico se gestaron las principales revoluciones de la humanidad. La Revolución Francesa y las independencias de los países de América de los europeos.


A finales de la centuria pasada, con el surgimiento de la Internet, se da inicio a un nuevo siglo de la luces, que permite a través de la red la divulgación electrónica de documentos y libros, despojando de poder a aquellos que están bajo el paradigma “quien tiene la información tiene el poder”, ya que el paradigma moderno es “el poder lo tiene quién sepa qué hacer con la información”. A su vez, todo aquel que tenga la posibilidad de  acceder a la red virtual tiene la opción de adquirir nuevos conocimientos, por lo tanto mejora su competencia de razonar y con base en ello la capacidad de cuestionar el statu quo, lo que inquieta a los centros de poder.


Ese acceso universal a la información, bajo el pretexto de proteger los derechos de autor (los autores tienen todo el derecho de proteger su propiedad intelectual), se está pensando restringir con normativas legales, como es el caso de la ley SOPA (Stop Online Piracy Act), en curso en el Congreso gringo, o el proyecto del Ministro Vargas LLeras, que se hundió en el Congreso Patrio. Ese intento de restringir la divulgación libre de la información llevaría a la humanidad a un “neo oscurantismo”.


Me atrevo a pensar que la ola restrictivas de la información en Internet obedece a una forma de controlar movimientos revolucionarios (no necesariamente armados) como el de los “indignados”, que desafían el estamento capitalista desde las mismas entrañas del mismo, como es el país del Tío Sam.