Columnistas

Los igualiticos Tolú y Coveñas
Autor: Rubén Darío Barrientos
20 de Enero de 2012


Con inusitada frecuencia, voy en asocio con mi familia a descansar en las playas de Coveñas. Acabo de hacerlo y, con seguridad, no será por enésima vez que nos aposentemos allí.

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Con inusitada frecuencia, voy en asocio con mi familia a descansar en las playas de Coveñas. Acabo de hacerlo y, con seguridad, no será por enésima vez que nos aposentemos allí. Por supuesto, cada ida a dicho lugar comporta la arrimadita a Tolú, incluyendo la saboreada de los incomparables jugos de níspero y zapote en leche y la montada de noche –rompiendo oleadas de gente- en las bicicletas múltiples. Es casi obligatorio toparse con algún amigo allí, (en el marco de la plaza o en el malecón) y no sorprende ver tantísimos carros con placas de Medellín, Envigado, Sabaneta, Bello o Itagüí.


Lo que siempre me ha dejado atónito es que nada cambia en dichas localidades: los mismos huecos en el trayecto de Coveñas a Tolú; la misma carretera en ese tramo, estrecha y sin berma; los mismos negocios en Tolú; los mismos hoteles, regular tres cuartos, cerca a la plaza; la misma suciedad y el mal estado de las calles; el mismo ruinoso estado del paseo peatonal; la misma playita en Coveñas. En fin, pareciera todo inmodificable y sin ganas de mostrar algo nuevo. Históricamente, sin cambios tanto en las fachadas como en el azaroso magín de sus gobernantes.


No sorprende que ese mar de Coveñas, el mismo tan seguro que a los 50 metros de la playa apenas nos llega al estómago, sea un escenario ideal para el descanso. Se siente cálido y su ausencia de olas grandes, reporta seguridad para ingresar a los niños y a los miedosos como yo. Pero sigo con mi idea de buscar explicaciones al por qué nada cambia, nada se ve nuevo, el que todo sea rutinario y mugroso. Y mantengo la curiosidad de saber por qué no hay inversores privados que pongan un billete en la zona y que la transformen, a sabiendas de que hay gente asegurada para los picos altos de las temporadas vacacionales.


Lo primero que tengo que traer a colación es que en Tolú y Coveñas han proliferado los alcaldes con desgreño y con inocultables entuertos. En esos sitios son abundantes las manifestaciones en donde los pobladores bloquean las vías para reclamar obras que mejoren la calidad de vida y que les entreguen decencia en los servicios públicos. Recuerdo también que en junio del año 2011, dos alcaldes de Coveñas se disputaron el trono en una pelea de verduleros políticos. También pasa por mi memoria que en el año 2008, el alcalde de Coveñas salió de la cárcel por pena cumplida. Y cómo olvidar que en septiembre del año anterior, el alcalde de Tolú pagó un lote por $ 1.000 millones, cuando en realidad valía $ 8 millones.       


La Contraloría, en un informe ampliamente divulgado, indicó que Tolú recibió $ 38.000 millones, en un  lapso de 4 años, por regalías por la producción de petróleo y que Coveñas se benefició de lo propio, percibiendo del Estado la suma de $ 21.000 millones. El interrogante obligado es: ¿y de la platica qué? Según la versión de los burgomaestres, dizque todo se fue en deudas… También –en ese recuento del lastre- se comprobó que mucha parte del presupuesto de Coveñas iba directo a las arcas del Bloque Montes de María, cuya nómina mensual era de casi $ 150 millones.


En fin, con seguridad los antioqueños (y no pocos habitantes de Bogotá) seguiremos yendo a Coveñas a pasar apacibles horas de esparcimiento. Y, no obstante, continuaremos per secula seculorum viendo la misma foto en todo, nos regodearemos con un mar bellísimo y quieto, y volveremos a montar en Tolú en las bicicletas y cuando nos quedemos sedientos de pedalear, pediremos un jugo de níspero en leche. No importa que los aviesos alcaldes no le destinen un peso a mejorar el estado de cosas de estos municipios y que ninguna multinacional se interese en montar una zona hotelera de postín. Regresaremos, pero no dejaremos de pensar en que allí comparten la cama: el mar hermoso y el mar de la corrupción.




Comentarios
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JUAN
2012/01/20 12:48:00 pm
Muy buen artículo y cae como anillo al dedo en esta época. Efecxtivamente en todos esos pueblos los políticos se roban los ingresos y hasta los impuestos de hotelería y turismo, no obstante Urabá, Tolú y Coveñas, hoy puedsen seguir siendo un buen lugar d eretiro y descanso, donde no nos vemos sometidos a la infamia delos hoteleros, a esos impuestos por las nubes, a que le vendan a uno un hotel de primera categoiría y lo manden "dizque para una torre norte" que es otro hotel antiguo del que nada advierten, que abusen con las tarifas de los niños, que no expidan facturas, que expriman al turista. Somos malos turistas y no sabemos hacer turismo...Sighamos con Urabá, Tolú y Coveñas, no más Cartagena y Santa Marta, hoy lujosas historias cubiertas por la basura y buenos recuerdos. Juanfer
Mario
2012/01/20 03:47:59 am
El comentario general en Lórica, San Antero, Coveñas y Tolú, cuando alguien se candidatiza para la alcaldía es que se llega a ese cargo "es para robar, mijo". Coveñas es de los pueblos que más altas regalías recibe por el petróleo y es de los más atrasados en educación, servicios públicos y obras civiles. Todos esos alcaldes hacen se período "preparatorio" en las alcaldías para posteriormente "coronar" su carrera en la cárcel, sobra decir, con todas las garantías. Y todos tan campantes...