Columnistas

Educar para la convivencia
Autor: Omaira Martínez Cardona
17 de Enero de 2012


El verdadero sentido de educar trasciende las aulas, está en lo cultural, en la posibilidad de acceder al conocimiento así sea por medios virtuales o en un espacio presencial definido.

Lograr transformar la concepción cultural de que la educación es sólo orientar el proceso de desarrollo del ser humano mediante la transmisión de conocimientos,  costumbres y formas de actuar, es un reto para el cual, aunque hemos avanzado, aún falta camino por recorrer.


Hace cerca de dos décadas, la Organización de las Naciones Unidas para la Ciencia y la Cultura- Unesco y la Comisión Económica para América Latina y El Caribe- Cepal, divulgaron un documento en el que planteaban unas orientaciones  con miras al siglo 21 y destacaban la importancia de la educación como eje articulador del desarrollo. Luego, con la definición de los objetivos del milenio, se trazaron unas nuevas metas para la región que venía rezagada en algunos temas como el logro universal del ciclo primario, la cobertura  en educación media, la erradicación del analfabetismo adulto, la descentralización, un mejor uso de los recursos y  más gestión de cooperación internacional.


En el último informe divulgado el año pasado sobre el avance regional hacia estos objetivos que deberán lograrse en el 2015, la tasa neta de matrícula en educación primaria ya supera el 90% en la mayoría de los países y la de educación secundaria, el 78%; sin embargo, persisten situaciones como la deserción escolar temprana de más del 30%.  Las cifras demuestran que la educación como derecho y necesidad para el desarrollo integral del ser humano va más allá de los indicadores cuantitativos.


El verdadero sentido de educar trasciende las aulas, está en lo cultural, en la posibilidad de acceder al conocimiento así sea por medios virtuales o en un espacio presencial definido. El valor de la educación está en el compartir experiencias, emociones, sentires, ideas y formas de hacer a partir de diversos saberes y habilidades. Es en la convivencia de los seres humanos en una sociedad donde se propician y se evidencian los resultados del proceso educativo, más que cobertura, es un reto de motivación, de unión de voluntades, de transformar paradigmas  y modelos para darle nuevas dimensiones a la educación que posibiliten más acceso, más pertinencia en los contenidos, las estrategias pedagógicas  y la normatividad.


La educación es un proceso creativo de estructuración del pensamiento y de las formas de comunicación que nunca concluye y está presente en todas las acciones de los ciudadanos que integran una sociedad, por eso, los gobiernos y sus sistemas educativos tienen el compromiso de propiciar condiciones equitativas para que este proceso se dé, con la claridad de que es un tema que va más allá de mostrar cobertura y que ajustarse a las exigencias de las leyes de educación es posible con calidad y pertinencia.


Desde esta perspectiva no es utópico pensar y lograr una sociedad altamente educada que se constituya en el eje de la transformación cultural que requiere la moderna ciudadanía con ciudadanos cada vez más participativos, críticos, respetuosos, movilizadores y capaces de proponer iniciativas para el bienestar y el desarrollo, seres humanos que potencien toda su capacidad creativa.


La Organización para el Desarrollo Económico-OCDE planteó frente al cumplimiento de los objetivos del milenio en educación unos posibles escenarios, los más desalentadores proponen la desaparición de los modelos educativos y el más esperanzador propende por una transformación que acompañe el proceso de formación de seres humanos y comunidades más integrales. En este mismo sentido, el año pasado el vicepresidente de mercados de Microsoft, en su visita a Colombia, destacó la urgencia de modernizar y transformar la propuesta pedagógica  del sistema educativo en el país para no quedarse rezagado frente a las exigencias del mundo contemporáneo.


Sí es posible, entonces, cumplir con todos los propósitos para el futuro que le apuestan a lograr sociedades equitativas, incluyentes y más educadas para el cuidado del medio ambiente, para el consumo inteligente y con una firme identidad cultural, esto no es nada distinto a educar para la convivencia pacífica.