Columnistas

De la Montaña de la Desesperación, una Piedra de Esperanza
16 de Enero de 2012


“A la oscuridad no la puede disipar la oscuridad, solo la luz puede hacerlo. Al odio no lo puede disipar el odio, solo el amor lo puede lograr.”

Adelaida Gaviria Correa


“A la oscuridad no la puede disipar la oscuridad, solo la luz puede hacerlo.  Al odio no lo puede disipar el odio, solo el amor lo puede lograr.”  Éstas son las palabras de Martin Luther King Jr, el líder afroamericano cuyo nacimiento se celebra hoy en Estados Unidos.  Su legado es el de un pastor, un líder cívico y un orador extraordinario, cuya vida estuvo marcada por su convicción profunda en la relevancia de la filosofía de la noviolencia dentro del contexto histórico de la lucha por los derechos de igualdad racial y de justicia social en su país natal, una lucha dentro de la cual su figura ya había alcanzado un gran reconocimiento en vida pero que ha ido tomando proporciones históricas desde su asesinato en 1968. 


Por primera vez se celebra este día en un espacio nuevo en la Explanada Nacional, en Washington, donde se terminó de construir un monumento a King en agosto del año pasado.  La Explanada Nacional (National Mall en inglés), que recibe a unos 24 millones de visitantes cada año, es una especie de plaza nacional que se extiende perpendicularmente a la Casa Blanca.  Junto con un impresionante complejo de museos de arte, ciencia y cultura se encuentra allí un número muy escogido de monumentos en honor a  los líderes y los eventos más significativos en la historia de la nación.    El monumento a King quedó al lado del de Franklin Delano Roosevelt, y en el centro de una línea directa entre el de Abraham Lincoln y el de Thomas Jefferson.  Esta geometría marca a King de una manera definitiva y permanente como uno de los grandes en el imaginario generacional de la nación.


Por primera vez las palabras de un pastor cristiano y líder de la noviolencia se inscriben ahora allí de una manera permanente al lado de los discursos de los presidentes más ilustres y los nombres de los miles de soldados que han muerto en las guerras de una nación cuya identidad se ha querido forjar desde su nacimiento de acuerdo al principio de separación entre el Estado y la Iglesia, y que ha llegado a asumir el liderazgo militar de un mundo que poco puede llamarse noviolento.


Tal vez el elemento del espacio dedicado a King que señala más inequívocamente a su legado es el Muro de Inscripciones, donde catorce frases célebres han sido grabadas.  El muro es en forma de media luna y se extiende a ambos lados de la “Montaña de la  Desesperación,” una roca monumental que se ha dividido en dos para dar espacio a una estrecha entrada que debe cruzar el visitante al ingresar al espacio donde se encuentra la igualmente monumental “Piedra de la Esperanza,” de la cual emerge la figura de King.


Se ha criticado que tanto el escultor como la piedra de granito blanco y los trabajadores en piedra que efectuaron la construcción de la Montaña y la estatua de King son traídos de China.  En ese estilo agitado y agresivo que atrae el mayor número de comentarios en el internet, publicó The Economist un artículo que califica al escultor Lei Yixin como un “artista de mierda política” y su escultura de King como un “monumento estúpido,” un ejemplo de burda propaganda al estilo de la China comunista en que creció el artista, un esfuerzo de esos “que buscan manipular a los ciudadanos (o los súbditos según sea el caso), para que distribuyan honor, reverencia y afecto de acuerdo a una versión ‘oficial’ de la historia nacional”.


Pero un monumento conmemorativo no es una obra terminada sino un símbolo que está ahí para ser saturado de significado con el tiempo.  Puede haber cualquier número de formas para sintetizar en un espacio físico la congruencia de un símbolo nacional, especialmente a medida que las generaciones van apoderándose de ese legado y contribuyendo a impregnarlo de significado y pertinencia.  Lo que es imposible controvertir es la vigencia universal del mensaje de hermandad que King encarnó, y que con suerte, este monumento nos llevará a examinar una vez más.