Columnistas

Preparar el país para la paz
Autor: Luis Fernando Múnera López
16 de Enero de 2012


Conseguir la paz y la convivencia en Colombia se dificulta porque continúan vivas la injusticia social y la corrupción, así como la polarización y el fanatismo de algunos sectores de la sociedad que predican y practican la guerra de exterminio.

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Conseguir la paz y la convivencia en Colombia se dificulta porque continúan vivas la injusticia social y la corrupción, así como la polarización y el fanatismo de algunos sectores de la sociedad que predican y practican la guerra de exterminio como solución.


Si se mira hacia el lado de la guerrilla, la violencia salvaje e injustificable que ella ha ejercido contra el pueblo al que dice defender, el asesinato de personas inermes y su financiación mediante el secuestro y el narcotráfico, les quitan a esos grupos cualquier legitimidad que pretendan tener.


En esas condiciones, ¿el país está preparado para la paz? No lo parece.


No bastará que los insurgentes dejen las armas y se acojan a la ley. Si las Farc y el Eln se reincorporasen masivamente a la vida civil, tendrán que enfrentar una resistencia social muy dura en su contra.


Ya ha sido así para los reinsertados del M19 y del Epl, que con mucha dificultad han logrado encontrar su espacio en la vida política y social, y con los de la Unión Patriótica, que fueron exterminados cuando intentaban regresar a la civilidad.


Voces sensatas, con respaldo jurídico y moral como la de monseñor Darío Monsalve Mejía, arzobispo de Cali, que invitó recientemente al país a actuar con apego a la razón y al derecho en la lucha contra el terrorismo, deben hacernos cambiar el enfoque.


Son válidas las dudas que el prelado expresó sobre la muerte de “Alfonso Cano” cuando ya estaba derrotado, pues la Constitución prohíbe la pena de muerte en Colombia. Contrario a lo que algunos han dicho, él no justificó ni defendió las actuaciones del guerrillero muerto. Solamente invocó el derecho, la justicia y la conveniencia.


Además, monseñor Monsalve señaló en su carta varios mojones del camino que nos falta recorrer.


De los guerrilleros monseñor dijo: “Es inútil intentar poner toda la responsabilidad en esa organización, olvidando que su naturaleza criminal, su terquedad ideológica y su situación de acorralamiento los hace incapaces de respondernos como esperaríamos”.


Y para la comunidad y el Estado propuso: “Con todo respeto, invito al gobierno y a la sociedad a revisar si este esquema de ‘cortar la cabeza de la culebra’, tan agresivo y letal, no obstante el cúmulo de muertes que hay entre un jefe y otro, de Reyes a Cano, por parte de soldados, policías, civiles y guerrilleros, ¿no está peligrosamente centrado en esa relativización del homicidio y no en la primacía del derecho a la vida, en la primacía de la vida de nuestros secuestrados, en la primacía de ‘cerrar heridas y abrir puertas’?”


Colombia tiene que prepararse para aceptar convivir con exguerrilleros. Llegará el momento, ojalá más pronto que tarde, en que tanto la sociedad como los reinsertados tengan conciencia de que el conflicto nos cuesta demasiado. Monseñor Monsalve concluye que saldremos del bárbaro círculo vicioso cuando asumamos el compromiso de poner la vida sobre cualquier otra consideración.


No es fácil pedirle a un país que olvide, cuando ha sufrido tanto por la violencia de lado y lado. Para ello tendrán que pasar generaciones.


Pero a quienes estamos hoy aquí nos corresponderá ser agentes de la civilidad, el respeto, la tolerancia; al Estado, dar primacía a la vida de víctimas y victimarios; a la sociedad, abrir espacios políticos y laborales para la convivencia; a los guerrilleros, respetar la vida y reparar los daños; a las víctimas, perdonar. Debemos preparar el país para la paz.




Comentarios
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Jaime
2012/01/16 08:45:00 am
Por esas posiciones tan blandengues con los violentos es que estamos como estamos, para un Obispo desde el púlpito es una cosa y para un soldado en la selva infestada de bandidos es otra cosa bien jodida.