Columnistas

Disfrutando el Suroeste Antioqueño
Autor: Alejandro Garcia Gomez
13 de Enero de 2012


Escoger una opción para pasar la noche de año nuevo con los que uno ama y dar con la elección correcta, que se acomode al presupuesto, es un asunto más que agradable.

Escoger una opción para pasar la noche de año nuevo con los que uno ama y dar con la elección correcta, que se acomode al presupuesto, es un asunto más que agradable. Con mi familia elegimos Jardín para esa noche y aprovechamos para alargarla con otras más. Yo había pasado por allá hacía algunos años. Se alcanza a percibir que la carretera totalmente asfaltada ha “acortado” la distancia, lo que ha incrementado el turismo. Cualquier plan para pasar esa noche, u otras con los propios, debe ser gratificante, piensa uno. Y si en Jardín, a la belleza del lugar y sus parajes variados se mejorara el trato en algunos sitios, la satisfacción sería completa. Sobre todo en algunas trucheras, en las que por falta de personal, el servicio no es satisfactorio. Si va a las trucheras, hágalo en tiempo frío para que no se lleve un desagrado. Igual podría mejorar en algunas cafeterías y restaurantes. En los hoteles el servicio es irreprochable.


Después de hacer una entrada a Jericó, que también merece amanecida de una o más noches, y una entrada por salida a Ciudad Bolívar, se dirige a Urrao. El Paraíso, le llaman sus propios. Por su paisaje merece el calificativo, por su cada vez más desordenada arquitectura no tanto y por el descuido de sus calles, sí que menos. Llenas de huecos o resquebrajaduras. Limpias, eso sí; muy limpias y eso no hace parte de la administración, al parecer, sino de las costumbres de sus pobladores, amables todos. Hasta en la iglesia se oyen quejas de la administración pasada. Aunque uno se puede quedar varias horas contemplando la belleza del valle de su río, el Penderisco, con sus caprichosos meandros, donde se asienta la población, hay varios sitios para conocer y pasear. O ir a sus finca-hoteles como Río Manso, desde donde se contempla también el bello valle y por 30 o 50 mil pesos/día/persona le alojan hasta con los “tres golpes”, si lo requiere, en un ambiente de retiro reparador. Algo que realizo entre mis primeras visitas es la de las casas de la cultura. Como la administración municipal es nueva, y al parecer de una corriente política diferente, la de la Casa de la Cultura  y Turismo de Urrao también lo es. Está en manos de Luisa Fernanda Sanmartín, una joven urraeña a quien se le ven muchas ganas de hacer cosas desde la sede de esa bella casa, todavía de las del estilo de la colonización antioqueña que, hasta ahora, para lo que pareciera que ha servido ha sido para guardar un arrume de trebejos, con goteras en sala y salones y sus deterioros consecuenciales.


Unas más que otras, todas las vías hacia el suroeste, con sus arrobadores panoramas, muestran los estragos del invierno. Las que llevan hacia Jardín, Jericó y hasta Ciudad Bolívar, indican que hay una mano reparadora continua con maquinaria y cuadrillas de trabajadores en varios sitios. Entre Concordia, Betulia y Urrao, hay pocas cuadrillas, con poca o nula maquinaria y sin vigilancia. Es común que en trechos habilitados con un solo carril de cien y hasta 300 metros o más, y con poca visibilidad, donde debe haber la ayuda de las señales del “pare” o “siga” para los conductores, no se ve a los encargados de hacerlo. Alguien amarra la señal del “siga” en algún madero o algo semejante y se observa a personas de ambos sexos, con uniforme de trabajo, en amena charla, al son de un vallenato o un merengue o similar que suena a todo volumen desde alguno de los vehículos estacionados, al parecer, de la compañía reparadora.


Sea ésta una invitación para conocer esos parajes y paisajes de gente buena y amable.


Nota.- Cuarta alerta (primera para esta nueva administración municipal): El paso entre la Villa Olímpica (donde se alimentan los deportistas de alto rendimiento de Antioquia) y el sector del Obelisco, y el del patinódromo hacia las piscinas olímpicas, son una ruleta rusa para los deportistas, muchas veces niños, o ciudadanos que intentan pasarlas. Por favor, Señor Alcalde Aníbal Gaviria, se necesitan semáforos.