Columnistas

Un guión sobre el desamparo
Autor: Dario Ruiz Gómez
9 de Enero de 2012


Imaginemos un film en el cual una banda de asesinos vuela una torre de la energía y deja sin luz a una población. Aprovechando la oscuridad los bandidos hacen una llamada al comandante de la Policía para que enfrente un supuesto atraco.

Imaginemos un film en el cual una banda de asesinos vuela una torre de la energía y deja sin luz a una población. Aprovechando la oscuridad los bandidos hacen una llamada al comandante de la Policía para que enfrente un  supuesto atraco. Ingenuamente, el comandante acude a la cita y es vilmente asesinado por los bandidos, quienes varios días después de este asedio asesinan a dos soldados. Aquí ha sido puesta en práctica la vieja estrategia de amedrentar a la población civil mediante el crimen y el terror. Pasan los días y el pueblo continúa sin luz eléctrica,  en cada habitante crece larga noche de miedo colectivo, se cierran los almacenes, cafeterías,  escuelas, el transporte apenas funciona.


En el término de seis meses la organización criminal ha llevado a cabo toda clase de acciones consideradas como crímenes de lesa humanidad, tales como el desplazamiento forzoso de los pobladores de las veredas obligados a hacer largas jornadas a través de trochas atroces. Es necesario aclarar que lo que buscan los bandidos no es reivindicar los derechos de los pobladores sino defender sus negocios de narcotráfico. Lo desalentador ha sido el silencio de las diferentes organizaciones de Derechos Humanos, del alto Gobierno y por supuesto de los grandes medios de comunicación bogotanos, de los mal llamados intelectuales progresistas.


Es necesario aclarar que fue la enérgica reacción del entonces secretario de Gobierno del Departamento la que impidió que los bandidos continuaran con sus desafueros y logró que el jefe de éstos, abochornado, terminara por entregarse a las autoridades. ¿Aprovecharon los bandidos en esta ocasión las vacaciones que se ha dado el alto Gobierno para reanudar sus fechorías? A estas alturas del guión pienso en films como “A la hora señalada”, “Los siete samuráis”, de Zinneman y Kurosawa, respetivamente, films donde un grupo de valientes defiende a los inermes ciudadanos contra los atropellos de los bandidos y hace triunfar la justicia. El verdadero relato exalta siempre el triunfo de la bondad sobre la maldad. Pero ¿dónde está ubicada la población que describe este guión? ¿Cómo es su vida cotidiana, sus niños? ¿Qué secuelas psicológicas deja el pánico?


La perversa idea de que el Centro -en este caso la capital-  es lo único que existe y la periferia es un territorio sin nombre ni ley, habitado por seres primarios, se ha impuesto de nuevo desde el Gobierno Central cuyas políticas han terminado por hacer invisible no solo al país entero sino, desde Bogotá, curiosamente a un barrio como Bosa. ¿En qué lugar de la geografía colombiana se encuentra Anorí? ¿A cuántas jornadas queda de la capital Medellín?  ¿A cuántos años de la Casa de Nariño? El guión muestra la terrible inconsecuencia que se da entre gobernantes que desconocen la realidad cotidiana, heroica de las gentes que han poblado y han llenado de significados una región y un sistema de gobierno que mira gentes y geografías como un mapa abstracto.