Columnistas

La Nueva Prensa
Autor: Dario Valencia Restrepo
7 de Enero de 2012


“Veníamos de la izquierda, de la derecha, del centro, del periodismo, de las letras, de las armas, de la iglesia. Nos unía un mínimo denominador común: la creencia de que la estructura colombiana necesitaba reformas.

“Veníamos de la izquierda, de la derecha, del centro, del periodismo, de las letras, de las armas, de la iglesia. Nos unía un mínimo denominador común: la creencia de que la estructura colombiana necesitaba reformas, de que era posible un proyecto de nueva sociedad y que para que ese proyecto tuviese viabilidad era indispensable un órgano de expresión lo suficientemente amplio, eficaz y de puertas abiertas, en el que encontrase cabida toda la inconformidad nacional.” Así se justificaría años después la aparición de una audaz y renovadora revista en abril de 1961. Su nombre era La Nueva Prensa y su director Alberto Zalamea, un intelectual de exquisita cultura, hombre de letras, diplomático y catedrático, también recordado porque fue el único constituyente que no firmó la carta política de 1991.


Se estaba iniciando una década de rupturas en el mundo y avanzaban en Colombia una cierta modernización y el primer gobierno del Frente Nacional. El país vivía grandes cambios desde mediados del siglo XX como resultado del impulso a la educación y la alfabetización, las migraciones del campo a las ciudades y el desarrollo industrial, todo lo cual propiciaba el surgimiento de una mayor clase media e inducía actitudes culturales sin cabida en los moldes de una sociedad tradicional y políticamente cerrada por aquel frente de los dos partidos tradicionales. Por ejemplo, entre los censos de 1951 y 1964 la alfabetización creció aproximadamente un 40% y los establecimientos educativos se multiplicaron por tres, en tanto que durante los años sesenta el país hizo la transición de una mayoría rural a una urbana.


El contenido de la revista acogió el interés de sectores de clase media y del estudiantado universitario por los acontecimientos internacionales y por una interpretación del devenir nacional, al igual que sus nuevas expectativas políticas y sociales, frente a la denominada “Gran Prensa” que monopolizaba la información y representaba los intereses del establecimiento. Considerando que la dicotomía entre derechas e izquierdas no tenía vigencia para Colombia, y reconociendo una ola de movimientos nacionalistas que recorría países de África, Asia y América Latina, la publicación adoptó esa tendencia como base para la construcción de un nuevo país y enfrentar el imperialismo de los Estados Unidos, en ese momento desafiado por la Revolución Cubana.


Otro aspecto central de la publicación tuvo que ver con la cultura. El primer número anunciaba la entrega por capítulos de “Los grandes conflictos sociales y económicos de nuestra historia”, de Indalecio Liévano Aguirre, al igual que un suplemento periódico sobre los grandes movimientos espirituales de la historia de Occidente. La destacada crítica de arte Marta Traba iniciaba sus columnas allí con una invitación a los jóvenes artistas a lanzar sus nuevas ideas y confrontarlas con los grandes de la generación anterior que ella consideraba, con razón, renovadores de la plástica colombiana: Obregón, Botero, Ramírez Villamizar, Wiedemann.


Discutible fue el ingreso de La Nueva Prensa a la política partidista en dos momentos:  primero, con la creación del Movimiento Democrático Nacional para impulsar el liderazgo de Alberto Ruiz Novoa, un general que se había atrevido a hablar, mientras era ministro de guerra del presidente Guillermo León Valencia, de la necesidad del “cambio de estructuras”, pero que luego liquidaría el movimiento cuando ya como oficial retirado, en forma intempestiva y unilateral, decide afiliarse al partido liberal. Y  segundo, mediante la adhesión en 1965 a la Alianza Nacional Popular comandada por otro general retirado y ex presidente, Gustavo Rojas Pinilla, pues el director Zalamea veía la posibilidad de conformar un nacionalismo popular revolucionario. Al año siguiente desaparecería una publicación que mucha falta ha hecho en el país.


De interés para la historia del periodismo nacional son los textos de Ayala Diago (La Nueva Prensa y su influencia en la política colombiana) y Molano Cruz (Prensa y nacionalismo), los cuales pueden encontrarse en internet con ayuda de Google.