Palabra y obra

Piedad Bonnett, voice of Colombian poetry
Piedad Bonnett, voz de la poesía colombiana
Autor: Juan Esteban Agudelo Restrepo
7 de Enero de 2012


La poeta colombiana acaba de recibir el Premio Casa de América de Poesía por su obra “Explicaciones no pedidas”.

Foto: Cortesía 

Piedad Bonnett nació en Amalfi, Antioquia, en 1951, aunque se mudó a Bogotá a los siete años, y en esa ciudad ha desarrollado su carrera. Allí se gradúo como licenciada en Filosofía y Letras de la Universidad de los Andes. Es Magíster en Teoría del Arte, la Arquitectura y el Diseño de la Universidad Nacional de Colombia.

Poeta, novelista y dramaturga. Piedad Bonnett es hoy una de las voces vivas más importantes de las letras colombianas. Uno de los nombres que primero se vienen a la mente cuando se piensa en cuáles son los autores que están escribiendo el actual capítulo de la literatura del país.


Nació en Amalfi, aunque su vida la ha hecho en Bogotá. Allí, además de escribir, se ha dedicado a la docencia.


Bonnett habla sobre algunos asuntos de su vida y su obra. 


- ¿Por qué escribe?


“Por necesidad. Porque escribir me hace feliz. Porque me gusta la dificultad. Porque la escritura me permite tomar distancia de las cosas, enfriar mis sentimientos, y a veces sanarme”.


- ¿Sobre qué escribe?


“Sobre cualquier cosa que tenga profunda resonancia en mí y que prometa un resultado literario interesante y complejo”.


-En el proceso de creación literaria suyo, ¿cómo sabe qué debe ser un poema, qué debe ser una novela y qué debe ser teatro?


“El motivo más fácil de reconocer es el que anuncia un poema, pues llega ya con un verso o con una ‘dirección’ poética. La novela y el teatro generalmente se revelan a partir de un personaje que pide que se lo represente, o de una historia que promete mucho.


La intuición aconseja si será mejor dramatizar o narrar. En los tres casos desde el comienzo tengo claro un ‘sentido’, un tema que salve mi escrito de la mera anécdota”.


- Aunque usted vive en Bogotá desde pequeña, usted nació en Amalfi, ¿cómo recuerda esos primeros años de vida allí?, ¿guarda algún tipo de conexión con el pueblo?, ¿algún recuerdo que aún influencie lo que escribe?


“Amalfi es para mí un tema ya cerrado literariamente. Algunos de mis libros -‘El hilo de los días’, ‘Tretas del débil’ y mi última novela, ‘El prestigio de la belleza’-, recrean buena parte de mis recuerdos, buenos y malos. La única conexión con mi pueblo es la de mi memoria”.


- Y cuándo llegó a Bogotá, ¿cómo recuerda esos primeros años allá?


“Recuerdo el frío, los atardeceres, y un mundo de descubrimientos muy estimulante”.


- ¿Cómo se dio el primer encuentro suyo con la literatura?, un momento del que tenga un recuerdo claro, ¿fue en soledad?, ¿fue motivado por alguien?


“Muy pequeña, de tres o cuatro años, mi mamá iba conmigo a alquilar libros infantiles a una biblioteca de la parroquia que administraba una señora llamada Marucha. En esos libros, que mi mamá me leía, empecé a adorar la literatura”.


- En el colegio, en el tipo de educación que recibían las niñas, en la que le tocó a usted, ¿motivaron su amor por las letras?


“Me eduqué en medios muy obtusos. En mi recuerdo no hay más de dos maestros que incentivaran mi creatividad o mi amor por la lectura. Pero como ya me había picado el bicho, pudo la pasión y la vocación”.


- ¿Qué leía cuando era joven?, ¿qué autores la nutrieron como escritora?, ¿qué lee hoy?


“En mi adolescencia muchas novelas de autores del siglo XIX: Dostoievski, Dickens, Flaubert, y autores mucho menos prestigiosos. En realidad, leía lo que podía.  Poesía, buena y mala.


Hoy leo de todo: mucha novela, sobre todo europea y norteamericana. Poesía: leo y releo, y siempre estoy alerta a los descubrimientos. Y leo mucho ensayo. Una que otra revista. Y los periódicos, temprano en la mañana”.


- ¿Por qué empezó a escribir poemas?


“Como todos los adolescentes, por desahogo, soledad, inadaptación”.


- ¿Recuerda cuál fue el primer poema que escribió?, o los primeros, ¿a qué edad lo escribió?, ¿sobre qué escribió esos primeros poemas?, ¿aún conserva alguno?


“Recuerdo unos poemas horriblemente melodramáticos sobre el suicidio, la noche  y el deseo de huir que escribí a los 14 años, en el internado. Uno me lo publicaron en un periódico estudiantil de la UIS, en Bucaramanga. Espero que de ellos no quede ningún rastro”.


- Usted señaló, hace poco, en una entrevista, que su libro “El prestigio de la belleza” es una autobiografía falsa sobre el aprendizaje personal y la importancia de la imagen en una sociedad burguesa, machista y clasista. ¿Cómo le tocó a usted vivir eso en su juventud?


“De la manera muy subjetiva y solitaria en que esos procesos se viven en esos años. La novela lo dice mejor”.


- ¿Aún vive con la carga social de “la imagen” a su espalda?, si no es así, ¿cómo superó eso?


“Me pesa la imagen tanto y tan poco como a casi todos los seres humanos. Me acepto, sin más”.


- ¿Diría que usted es una mujer feminista?


“Si ser feminista equivale a ser consciente de las desigualdades y la violencia contra la mujer y rebelarse contra ellas, diría que sí. Pero no hago literatura militante”.


- ¿Cuáles fueron los momentos de su vida que la marcaron como escritora?


“Los de la infancia, cuando descubrí que la imaginación producía enorme felicidad. Y los de las lecturas que en la adolescencia  me mostraron que no hay verdades absolutas, solo maneras de mirar”.


- Usted ha dicho que escribe para que haya memoria, para que “dentro de cien años, una estudiante de veinte coja una novela mía y diga, vamos a ver esta mujer del siglo XX qué fue lo que escribió”, ¿cómo es esa mujer sobre la que usted escribe?, ¿cómo es la vida privada de esa mujer?, ¿cómo es la cara que se ve en público?


“Nunca sabemos cómo es nuestra cara pública, porque la construyen otros. La mujer sobre la que escribo es una mujer inquieta, cargada de incertidumbres, siempre en vilo. Y no siempre soy yo”.




“Autobiografía”

“Como el náufrago metódico que contase las olas
que faltan para morir,
y las contase, y las volviese a contar, para evitar
errores, hasta la última,
hasta aquella que tiene la estatura de un niño
y le besa y le cubre la frente,
así he vivido yo con una vaga prudencia de caballo de cartón en el baño, sabiendo que jamás me he equivocado en nada,
sino en las cosas que yo más quería”.


Poema de Luis Rosales que Piedad Bonnett señala como uno de sus favoritos.