Columnistas

Una Pacificación Esquiva
Autor: Iván Garzón Vallejo
6 de Enero de 2012


A juicio del autor, los contextos políticos en los que se han dado los intercambios violentos entre el Estado y la guerrilla han condicionado dichos escenarios de negociación, influyendo para que éstos no culminen exitosamente.

¿Por qué (a pesar de que se ha intentado en varias oportunidades) aún no se ha podido alcanzar un final político al conflicto armado con las Farc? Éste es el principal interrogante del que se ocupa Carlos Alfonso Velásquez en el libro “La esquiva terminación del conflicto armado en Colombia”, publicado hace poco por La Carreta Editores.


A juicio del autor, los contextos políticos en los que se han dado los intercambios violentos entre el Estado y la guerrilla han condicionado dichos escenarios de negociación, influyendo para que éstos no culminen exitosamente.


Ello permite explicar el fracaso de los diálogos que han tenido lugar en las últimas décadas: La Uribe (1982-1986), Caracas y Tlaxcala (1991-1992) y el Caguán (1998-2002).


El libro es una suerte de crónica desde el Gobierno de Turbay (1978-1982) hasta el primer año del Gobierno Santos, en la que se examina minuciosamente, a partir del registro periodístico, el ambiente político y militar del país que rodeó los diálogos entre el Estado y las guerrillas, especialmente las Farc.


Por parte de aquél, el autor se centra en la permanente construcción de legitimidad, la cual ha sido opacada por la corrupción (cuyo  auge ocurrió durante el régimen de Samper), la ausencia de políticas sociales efectivas, el hermetismo de la clase política, entre otros.


Principalmente, Velásquez echa de menos que las ofensivas militares hayan estado al servicio de una estrategia política coherente, que haga posible un escenario duradero de pacificación, y no sólo de seguridad coyuntural.


Por su parte, las Farc han carecido de visión estratégica para actuar con audacia en los momentos en los que el Estado les ha tendido la mano para que encuentren una salida decorosa.


De allí que las generosas ofertas de paz (el ícono es el Caguán) las han interpretado como manifestaciones de debilidad institucional. Esta miopía ha incidido en el progresivo deterioro militar que han sufrido en los últimos años y en el rechazo casi unánime de la ciudadanía. A la falta de audacia se suma su cerrazón ideológica y su cada vez más deslegitimado discurso sobre las condiciones objetivas de la violencia, lo que las ha convertido en un factor cada vez más irrelevante en el escenario político nacional.


Ello se corroboró en la pasada campaña presidencial, la única que, en los últimos años, la cuestión de una posible negociación de paz con la insurgencia pasó a un segundo plano.


Carlos Alfonso Velásquez propone algunas tesis que merecerían mayor examen, pero que son interesantes. Una de ellas es el peso del contexto político en el conflicto que, por lo demás, requiere ser leído entrelíneas, para explicar ciertas acciones y discursos de la guerrilla.


Otra, es la minimización de los efectos de las políticas de seguridad para fortalecer la legitimidad del Estado, pues según él, ello no habría llevado a una efectiva pacificación del país, toda vez que la seguridad sería un medio y no un fin.


Eduardo Posada Carbó escribió en El Tiempo (30/12/2011) que hoy existe mucho escepticismo para creer en la posibilidad de una salida negociada del conflicto armado, y alentó, entre otras cosas, a ampliar las ideas de centro.


Este libro se puede encuadrar en este propósito, pues sobresale por su descripción desapasionada de los hechos y los protagonistas, méritos para abordar un tema sensible.


Pero también, constituye un valioso instrumento para que los escépticos confronten su posición, y los más entusiastas, aprendan de nuestra historia a tomar las suficientes previsiones para que, un nuevo intento de diálogo, como el que estaría buscando este Gobierno, no termine de nuevo en el fracaso.