Columnistas

Democracia y convivencia
Autor: Jorge Alberto Velásquez Betancur
5 de Enero de 2012


El comienzo de un año está regido por la fantasía y alimentado por los sueños de querer ser mejores, de cumplir las metas tantas veces trazadas y aplazadas y de ponerse en el sitio que cada quien cree merecer.

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El comienzo de un año está regido por la fantasía y alimentado por los sueños de querer ser mejores, de cumplir las metas tantas veces trazadas y aplazadas y de ponerse en el sitio que cada quien cree merecer. Pero no está exento de incertidumbre, pues una cosa son los deseos y otra la realidad, dura y áspera las más de las veces, pues en el horizonte siempre aparecen factores con los que no se contaba y variables que no se dominan.


Adicionalmente, el nuevo año 2012 nace bajo el signo de la crisis económica y social heredada de los años anteriores.


Para Colombia el año nuevo se inicia con expectativas particulares, pues coincide con el comienzo de los períodos administrativos de las nuevas autoridades regionales.


Se espera que los nuevos gobernantes lo sean de todos los ciudadanos y ciudadanas. La diferencia entre un candidato y un gobernante es mayúscula y solo quienes la comprenden y la saben poner en práctica adquieren la dimensión de estadistas. El país y la región necesitan verdaderos estadistas, personas que se eleven por encima de los intereses de grupo para pensar y tomar decisiones que impacten en el futuro y beneficien a las sucesivas generaciones.


Los gobernantes deben estar en capacidad de interpretar el mundo con un pensamiento ciudadano. Los verdaderos gobernantes escuchan y leen, no se aíslan en capsulas de cristal, transparentes pero insonorizadas para no escuchar los clamores y reclamos populares. Son conscientes de que no se las saben todas y reconocen la necesidad de escuchar la voz del pueblo, portador de la verdad práctica producto de la experiencia cotidiana.


Los ciudadanos se han dado cuenta que la “democracia delegacionista”, la misma que profesionalizó la política, ya no da las respuestas esperadas y quieren ser escuchados, porque el sentido de la participación ya no se limita a depositar un voto y a esperar que tomen decisiones en su nombre. Ya no vale eso de “voten por mí y olvídense del resto, que yo me encargo”. Los ciudadanos quieren ser protagonistas en la política, quieren participar en las decisiones, conocer su sentido, y enriquecerlas con el debate y la deliberación pública.


Los gobernantes deben ser ejemplo y motores de la reconciliación necesaria en esta sociedad, tantas veces dividida y tantas veces discriminada. La unidad de propósitos no necesariamente es unanimismo, porque la democracia acepta y valida el disenso.


Coincide el momento del cambio de año y de renovación de los gobiernos regionales y municipales con un traumático cambio de época. A los gobernantes se les pide la sabia dirección de un proceso, largo y complejo pero ininterrumpido, de construcción de un modelo de sociedad que responda a las nuevas demandas sociales, erigida sobre el reconocimiento y el respeto de la dignidad humana y de la solidaridad como valores supremos de la sociedad colombiana, dentro del marco del principio de legalidad. Como la esperanza es más grande que la realidad, es posible pensar en la construcción de una sociedad democrática, con políticas públicas coherentes y permanentes, que estimulen la formación de tejido social y fortalezcan la capacidad de movilización, en aras de la ansiada convivencia, esa que esperamos desde los tiempos de la formación del Estado y que lleva más de doscientos años esquivándonos.




Comentarios
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orlando
2012/01/05 08:55:15 pm
Buen comentario, pero lástima que tengas como jefe a un antidemócrata, politiuqero y mentiroso como Alvaro Uribe.