Largo & Ancho
Las atrevidas CTA
Autor: Rubén Darío Barrientos
26 de Abril de 2006


La sigla del título corresponde a la figura que se conoce como “Cooperativas de Trabajo Asociado”. Ellas fueron creadas por la Ley 79 de 1998, en el propósito de que por autogestión, con autonomía financiera y administrativa y con sus propios medios de producción, dieran un importante apoyo empresarial. No obstante ello, sobre sus bases, se han cometido los mayores abusos laborales de los últimos años en Colombia.

Desde su normatividad, se practican las más osadas diabluras para eludir los compromisos con los trabajadores. Y en sus entrañas, comenzó a fraguarse la figura de la “compensación” para contraponerla a “salario”.

El 14 de junio de 2004, el presidente de la Confederación de Trabajadores de Colombia (CTC), Apecides Alviz, se quejó ante la Asamblea de la Organización Internacional de Trabajo en Ginebra, sobre la manera infame como se estaba violando la ley por las CTA. Recientemente, dentro de la mesa de negociaciones del TLC, llovieron las preguntas acerca de esta figura, no sólo desde el ángulo de su normatividad sino también desde el impacto en la competitividad de las empresas que las contratan.

El tema está caliente. Recientemente El Tiempo (8 de marzo) dio cuenta de que el Ministerio de la Protección Social investiga a 1.202 CTA y ya sancionó a 244 en el país. Sin duda, todo suena a escándalo. En la crítica implacable están unidos: gobierno, centrales obreras, trabajadores, empresas decentes y agencias de empleo temporal. Y en la otra orilla, algunos empleadores vienen haciendo malabares y esguinces a la norma, para llenar sus hondas alcancías.

Veamos los siguientes ejemplos de la vida real. Caso primero: Un empleador necesita una secretaria para reemplazar una licencia de 6 meses y le pide a una CTA que se la consiga. Efectivamente se le manda y empieza a “laborar” en las instalaciones del contratante. La alegría del patrono es insondable, pues está a sus órdenes, pero no es empleada suya. Caso segundo: Una EPS requiere dos enfermeras y una bacterióloga. Como la entidad tiene las candidatas, les dice a ellas que las vinculan si se afilian a una CTA equis. En efecto, ellas van allí, se adscriben y comienzan a “laborar” al día siguiente. El gerente de la EPS hace una fiesta, porque las tres personas trabajan con él, sin ser empleadas ni asumir prestaciones sociales.

En ambas situaciones, se violan las normas cooperativas y laborales. En el primer evento, el empleador debió haber acudido a una empresa temporal, para que se enviara una trabajadora en Misión Ley 50/1990. Si ello hubiera ocurrido, esa secretaria sería empleada de la temporal y tendría sus prestaciones sociales y su seguridad social. En el segundo ejemplo, el camino correcto debió ser el de vincular directamente a esas tres personas. Pero no se hizo, con el desmedro prestacional para ellas. Aquí todo es violación. El estatus de las cuatro personas de los ejemplos, es el de “asociadas” o “cooperadas”. Desde luego, el pago que reciben no es salario, sino “compensación”. Por ello, ya hay muchas demandas.

Para el empleador es redondo el negocio: como no hay salario, no hay base para pagar parafiscales y no hay obligatoriedad de afiliar a la caja de compensación familiar. Además, la mano de obra ofrecida es muy barata. El área de la salud es la que más tropelías comete, merced a estas tretas. La Superintendencia de Economía Solidaria ha podido constatar que cerca del 75% de las CTA está violando la ley. Gravísimo.

Confecoop y el gobierno fueron los impulsores del proyecto de ley para modificar las CTA, que fue aprobado en la Cámara, pero que no alcanzó a hacer tránsito en el Senado. El proyecto era sano, pero los enemigos estaban sentados en las deliberaciones, pues formaban parte de los beneficiarios del pastel (doble moral). El Superintendente, Enrique Valderrama, dijo la gran verdad: a estas entidades hay que intervenirlas para administrarlas o para proceder a su liquidación. Por ahora, muchas siguen campantes, simulando ser empresas temporales, ofreciendo servicios y riéndose a mandíbula batiente. Esas carcajadas no se compadecen con los pobres trabajadores.