Largo & Ancho
Inseguridad, ¡imparable!
Autor: Rubén Darío Barrientos
20 de Enero de 2011


La temática de la inseguridad en Medellín se ha vuelto plática obligada no solo en los rincones empresariales y en los clubes sociales encopetados, sino también en las esquinas y en las salas de las casas de parroquianos comunes y corrientes. Una inspectora de policía, me ha confirmado que hasta los hurtos de vehículos (que habían decrecido un tanto), han reaparecido con fuerza y que el ‘fleteo’ sigue siendo ese cáncer que le ha dado a Medellín el marbete de ciudad muy insegura.

Entre los postreros días del último año y el despuntar del 2011, mucha gente conocida ha sido víctima de los ladrones: Guillermo Montoya Callejas, Rafael Linares, Enrique Olano, José Fernando Salazar, Humberto López López, Luis Arturo Henao “El coleccionista de datos”, Jaime Alvarez y Leonel Ospina, estos dos últimos directivos de la Zona Rosa de El Poblado, y tantos amigos que nos haríamos extensos en enumerar. Desde luego, sin contar a los habitantes rasos y silvestres, que tornarían en interminable la lista de víctimas indefensas.

Recientemente escuché, en esos corrillos infaltables, una discusión acerca de quién tendría que asumir el grado de culpabilidad de que los “fleteros” hicieran su agosto todos los meses del año en Medellín. Unos decían que los bancos eran los únicos responsables del asunto; otros conceptuaban que era un problema del director de la policía y, un señor de cachaco y corbata roja, terciaba para indicar que este tema era de resorte exclusivo del alcalde de la ciudad, dado que formaba parte de su obligación de velar por la seguridad de los habitantes de la “Bella Villa”.

El tema quedó en punta, pero yo saco mis propias conclusiones. Los bancos sí se han preocupado por contrarrestar este flagelo social: tienen cámaras bien enfocadas, entregan permanente advertencias en volantes y avisos, han aislado cabinas y disponen de personal policivo en las proximidades de los cajeros electrónicos, entre otras medidas protectoras. La policía también ha publicitado medidas preventivas, efectúa con periodicidad retenes en la ciudad, en fin, busca contener a la delincuencia.

¿Y el alcalde Salazar, qué medidas ha tomado? Que yo vea, muy contadas. Seguramente está más preocupado por su problema legal vinculado con la presunta violación del régimen de inhabilidades e incompatibilidades incurso en la Ley 617 de 2000 –de acuerdo con las sustentadísimas denuncias de los juristas Carlos Arturo Piedrahíta, Guillermo Mejía Mejía y Francisco Javier Gálvis- o de darle rienda suelta a su prurito de llenar la localidad con vallas que hacen difusión a su ¡Medellín imparable!

Y conste que la inseguridad que campea es un problema que cruza todos los puntos cardinales de Medellín y que transita todos los barrios y recovecos de nuestra “tacita de plata”. De manera disuasiva, el burgomaestre se ufana de decir que los homicidios han rebajado (se diría, más bien, que han disminuido porque siguen siendo demasiados), pero no aborda con entereza el tema de la inseguridad. ¡Y ese sí que es imparable!

Por ejemplo, a nivel de tránsito, pensaría uno que sería conveniente regular sobre los parrilleros de motos (en casos de fleteo, no fallan), en que los conductores de motocicletas deberían ser solo los propietarios y en que únicamente se deberían transportar familiares, amén de que deberían respetar los carriles de la vías, es decir, ir en fila india con los vehículos y no colateralmente, al igual de que no deberían adelantar por la derecha sino por la izquierda, etc. etc. Pensaría uno, desde luego, que se requieren policías que laboren de civil.

En fin, habría lluvia de ideas. Pero se requiere que el alcalde Salazar tome el “toro por los cachos”. Que se interese en la materia y la trate en sus consejos de seguridad con firmeza. Una señora, con apenas cuarto de bachillerato, me dijo hace poco: “Señor, en Medellín haga dos cositas: no saque plata de los cajeros y no salga a la calle con relojes ni con alhajas finas, y verá que no le pasa nada”. Al menos nuestra interlocutora pronuncia medidas de hecho plausibles, ¿cuándo será que nuestro alcalde dicta algunas de relieve en materia de seguridad? ¡Y eso que está imparable!