El guarniel jericoano está cumpliendo en 2010 sus cien años de existencia
Decálogo del paisa según el carriel
Autor: Bayron Álvarez
29 de Agosto de 2010


El Concejo Municipal de Jericó declaró el carriel como patrimonio cultural del municipio en el año 2009 y estableció la Orden del Carriel, para condecorar y rendir homenaje a grandes personalidades.


Darío Agudelo Bermúdez es el mayor de los fabricantes de carrieles. Nació en Jericó hace 75 años. En la foto aparece su hijo mayor, Rubén Darío Agudelo, quien sigue con el negocio, en compañía de Francisco Oliverio, otro de los hermanos que trabaja en el taller.

Dicen que los franceses y los ingleses se pelean la migajita de herencia europea que tiene el carriel jericoano, o guarniel, como lo llaman en este municipio del Suroeste de Antioquia, donde realmente lo inventaron. Dicen también que por el anglicismo ‘care all’, que era donde se guardaba todo, se le recarga un poquitico esa ventaja a los ingleses, porque cuando llegaron a Marmato, Caldas, por la minería, trajeron una bolsa grande con forma de óvalo y que tenía dos fuelles, elaborada en lona.

Este retazo de la historia tiene asidero hace más de 120 años, momento histórico en el que aparece la primera característica del protagonista de este relato: el paisa visionario.

En este, como todo relato montañero, siempre hubo un paisa despierto y avispado, que le redujo de tamaño al ‘care all’, lo hizo en cuero, le metió más bolsillos y muchas más cosas. Ese fue el inventor real del carriel paisa, un intérprete de su época que encontró como hacer un elemento en el que cupieran ordenadamente, con acento en ordenadamente, la familia, la moza, el trabajo, la desconfianza, el tabaco y el aguardiente, la vanidad y el machismo, el respeto, el amor al trabajo, las armas y los juegos de azar. Todos esos elementos ya existían entre los montañeros dedicados a las minas y los cafetales.

Ese fue el primer guarnielero, porque decir carrielero suena muy feo. Después vinieron Apolonio Arango y otros, pero todos se fueron muriendo. Esa tradición ha ido pasando de generación en generación, aunque también va muriendo. Anteriormente había 14 talleres en Jericó y todos dejaban ganancia. Ahora se redujeron a 5 y “en este momento la tendencia de los talleres es a acabarse”, dijo Rubén Darío Agudelo Bohórquez, un guarnielero de 50 años. Su papá, don Darío Agudelo es el mayor de los guarnieleros vivos de la región.

Arquitectura

Legalmente el carriel tiene 12 bolsillos, incluyendo los secretos. Esos 12 bolsillitos tenían un uso diferente para los abuelos. La peinilla, el espejo, los dados, las cartas, los monicongos, una especie de muñeco vudú que les daba poderes; los billetes viejos, el aguardiente, el tabaco, el yesquero, el lápiz y muchos más, tenían su compartimento preciso.

El yesquero era un aparatico que le dará el segundo carácter a nuestro personaje: el paisa desconfiado. Era un elemento de cobre usado con una resina para prender el tabaco y no producía llama. “Vos le dabas con una piedrita, la tirabas a la resina, la soplabas y daba calor. Con el calor se prendía el tabaco y con eso en la noche evitaban que se diera luz, porque ellos eran muy ariscos en caminos de herradura”, dijo Rubén Darío. Malicia indígena que llaman.

También mantenían el tabaco o el cigarrillo, porque antiguamente la gente era demasiado fumadora, era muy escasa la persona que no fumara. “Ahora el que no tomara aguardiente… de mis abuelos todos tomaban aguardiente y a mí me decían que el aguardiente es salud. Los mismos abuelos le decían a uno, tómese uno que eso es bueno para los fríos internos”, y ahí está el tercer y cuarto carácter: el paisa fumador y el paisa aguardientero.

En el carriel los bolsillos se hicieron por necesidad y por eso salieron dos estilos: el tradicional, que es el redondo; y el cuadrado, que se hizo pensando en el finquero o ganadero que tenía algunos vales y tenía que guardar agendas y otro tipo de cosas. Quinto carácter: el paisa empresario.

La familia y la moza

Por machismo no les podía faltar a los señores de poncho, sombrero, machete y carriel; la libretica. Resulta que la mujer era la encargada de cogerla y anotar, por decir algo, cinco kilos de maíz, doce “ataos” de panela, una libra de sal… ella cogía la libretica, hacía la lista y se la volvía a meter en el guarniel al marido. El hombre sabía que la sacaba de su carriel, llegaba a la tienda y se la entregaba al tendero. El tendero empacaba la lista y el hombre no tenía que preocuparse de ir a escoger nada. El señor era un simple intermediario entre la mujer en la cocina y el tendero. Sexto carácter: paisa familiar.

El carriel fue evolucionando a medida que Gildardo Uribe, que inventó el molde del guarniel cuadrado, empezó a involucrar “secretas”. Decía que de pronto una cartica por ahí de la que llamaban la “mocita”, detallitos que no podían pillar por ahí. “O sea que de todo, todo, todo, desde la lista de la mujer, hasta la carta de la amante cabía en el guarniel”. Séptimo: el paisa mujeriego.