Largo & Ancho
Voto de opinión (q.e.p.d)
Autor: Rubén Darío Barrientos
18 de Marzo de 2010


Usted votó por su pariente. El vecino votó por su amigo de toda la vida. La compañera de trabajo votó por el ex jefe. La señora de la cuadra de arriba, votó por quien le dio puesto a su nuera. El señor del transporte, votó por quien le indicó la cuñada, que es una ‘tesa’ en política. El que vende camisas, votó por el paisano que vivió enseguida del almacén de Lorenza. La fulana que vende los periódicos votó por el candidato que se le parece a su hermano, ya fallecido. El gerente de la empresa, invitó a votar –el viernes último- por el que le ayudó para conseguir un permiso muy difícil.

¿Quién ejerció el voto de opinión? Usted ya tiene la respuesta. Pero déjeme seguir con la lista. El abogado votó por el colega. La señora de la farmacia, votó por quien le colaboró para que no la sancionaran una vez. El joven de la marquetería votó por el papá de Magnolia, el mismísimo primo de ‘tranquilito’. La mamá del estudiante de séptimo grado, votó por el formalito profesor del colegio. La señora gordita de la Acción Comunal votó por el que fue alcalde en su pueblo y le pavimentó el camino a los de la vereda. El operario votó por el hermano del dueño de la fábrica. Repito la pregunta: ¿Alguno de éstos ejerció el voto de opinión?

Sigamos con el cuento. El que maneja la tractomula votó por equis candidato, con tal de que no ganara el otro. El dueño del taxi votó en la consulta por un personaje, para cerrarle el paso a la otra. El sacristán votó por el hermano de la señora que recoge la limosna, para que no triunfara el que raja tanto de la iglesia. El jubilado del segundo piso, votó por el señor que se encuentra en misa todos los domingos. La señora del club votó por el señor alto que una vez compartió con ella un crucero que salió de Cartagena. ¿Encuentra hasta aquí voto de opinión?

No voy a seguir la runfla de ejemplos, brotados de nuestra democracia. Si el voto de opinión es el que se fundamenta en una plataforma programática, podemos aseverar que éste representa un anacronismo político. Mejor aún, responde a una auténtica utopía democrática.

Casi que está en vía de extinción, a lo mejor porque nadie plantea programas serios y plausibles. Todo se limita a una reunión en la barriada, un sancocho trifásico y, de sobremesa, promeserismo ventiado. La política se hace sumando cabezas y engarzando votos. No importa la opinión, lo que interesa es que el día de las elecciones aparezcan bien tempranito los votantes para meterse al cubículo.

No hemos hablado de los votos amarrados, del cacicazgo, del clientelismo, de los votos castigo, de los votos por descarte, de los votos por conveniencia y de la maquinaria electoral.

Son la antípoda del voto descontaminado.

Algunos, como Mockus, recorren las calles reivindicando el voto de opinión. Son golondrinas haciendo verano. A Fajardo también le gusta ‘medir calles’. La diferencia es que el del apellido raro es todo un académico y el de los ‘cachumbos’ es un político que se precia de no serlo, pero que lo es más que muchos.

Felipe Zuleta, en sus columnas, trató de conseguir adeptos porque se enfilaba en un columnismo de opinión en procura de recoger votos de opinión. Y fracasó en el intento.

Terminó chamuscado como Luis Eladio Pérez o Clara Rojas. Puede que haya gente (escasa, por cierto) que milite en las filas de un voto responsable. Pero la mayoría, precisamente la que elige y la que suma votos, se lanza desbocadamente a votar por conocidos, por gente que la ha favorecido o por personas que tienen algún nexo con sus vidas o con sus colaterales.

Como muchas veces no conoce a nadie, marca la equis por alguien que al menos le caiga bien.

Para otros, todo se edifica en las redes sociales. Por donde se le mire, el voto de opinión está en vía de extinción. Se predica, pero no se cumple. Se alardea por muchos, pero no tiene semilla. La meta es que alguien vote, pero que arrastre otros. Las encuestas marcan ráfagas de conceptos, fluctuaciones, momentos. Es importante salir a votar, para congraciarse con la democracia. Lo que pasa es que casi todos hacemos lo mismo: votamos por alguien, no por algo…