El pasado nos interroga
El académico Tulio Ospina Vásquez
Autor: José Maria Bravo
13 de Noviembre de 2009


El ingeniero Tulio Ospina Vásquez, mas conocido como don Tulio, nació en Medellín en el hogar del doctor Mariano Ospina Rodríguez y doña Enriqueta Vásquez Jaramillo, el 4 de abril de 1857. Cuando nació, su padre se encontraba en Bogotá, donde tomaba posesión de la Presidencia de Colombia.

Mariano Ospina Rodríguez nació en Guasca-Cundinamarca en 1805 y murió en Medellín en 1885. Fundador y dirigente del partido conservador, Presidente de Colombia (1857-1861).

El general Pedro Nel Ospina, hermano de don Tulio, fue un militar y político colombiano de filiación conservadora (Bogotá 1858-Medellín 1927); fue Presidente de Colombia (1922-1926).

Don Tulio aprendió sus primeras letras en su hogar en Bogotá y Cartagena. Luego con los padres de la Compañía de Jesús en Guatemala.

Allá llegó la familia, cuando su padre el ilustre ex presidente, prisionero durante varios meses en el castillo de Bocachica y luego en la cárcel de Cartagena, logró evadirse con el apoyo de su esposa.

En 1877 se trasladó a San Francisco de California en donde ingresó al Colegio de Santa Clara, regido por sacerdotes jesuitas, con el fin de aprender el inglés. A fines de julio de 1877, su hermano Pedro Nel viajó para reunirse con su hermano Tulio; se matricularon en la Universidad de California en Berkeley, donde adelantaron y terminaron los estudios de Ingeniería de Minas y Metalurgia.

De regreso al país en 1882, don Tulio constituyó con sus hermanos una sociedad, para adelantar empresas industriales, explotación de minas de oro, complementado con el establecimiento de un laboratorio de fundición y ensayes de metales preciosos.

Don Tulio se casó con doña Ana Rosa Pérez Puerta. Fueron los padres del ingeniero Mariano Ospina Pérez (Medellín 1891-Bogotá 1976), quien se desempeñó como Presidente de Colombia (1946-1950).

Para sus contemporáneos, La cultura exquisita del doctor Ospina y la sencilla elegancia de sus maneras fueron proverbiales. Poseía el don incomparable de la gracia, que chispeaba en su plática llena de amenidad y salpicada de anécdotas.

Las tareas industriales no lograron alejarlo de las actividades intelectuales. Fue el doctor Ospina un delicioso cuentista y conferenciante y autor además de varias obras históricas y científicas, entre ellas un notable tratado de Geología.

Aspecto muy importante de la vida de don Tulio, fue su paso por la Academia Antioqueña de Historia. Fue su segundo Presidente (Julio 1904-septiembre 1918).

Del discurso pronunciado por don Tulio como Presidente de la Academia Antioqueña de Historia, el día de su inauguración, son los siguientes apartes:

Jamás se habría levantado mi atrevimiento hasta dirigiros la palabra en ocasión tan solemne como la presente, si vuestra benevolencia no me hubiese obligado á ello, dispensándome el honor de colocarme en este sillón presidencial, vacante y enlutado por la muerte de nuestro primer Presidente, el Dr. Manuel Uribe Ángel, quien, al agregar honra á este puesto, con su ciencia y sus virtudes, lo hizo más comprometedor.

Como la Institución apenas se iniciaba, no había ejecuciones que anotar, por lo que orientó su intervención hacia señalar aquellos errores históricos que reclamaban la atención de los académicos.

Anotaba: A primera vista parecerá que la historia de una Provincia pequeña, que apenas cuenta cuatro siglos y medio de vida civilizada, pasados cuatro quintos de ellos en la apatía del régimen colonial, con una población pobre y reducida, no ha de dar pábulo suficiente á las investigaciones de una Academia de Historia.

Si la Historia no se escribe para distracción de los ociosos, sino para sacar de ella conclusiones útiles é instructivas, el conocimiento exacto del carácter de nuestros aborígenes y su aptitud para la civilización es punto de la mayor importancia; porque favorecido el cruzamiento de conquistadores y conquistados por el aforismo que aceptó la Heráldica española desde el siglo XVII, de que la sangre india ni quita ni da nobleza, este elemento étnico penetró tan hondamente en la masa de población de todas las colonias, que ha venido a decidir del carácter de las nacionalidades que de ellas se originaron; de aquí el que observemos, en los chilenos la constancia, el orgullo y la ferocidad de los araucanos; en los peruanos, la debilidad moral de los quechuas; en los ecuatorianos, la apatía y la abyección de los quitos; y en los mejicanos, el patriotismo y la progresibilidad de los aztecas. Entre nosotros mismos hay gran diferencia de carácter entre el cundinamarqués y el boyacense, que ocupan el territorio de los chibchas, de casta peruana, y los altivos habitantes de Antioquia y el Cauca, principalmente poblados al tiempo de la conquista por indios de origen septentrional.

Pero no olvidéis que los hechos comprobados son el único material que es permitido emplear en la construcción del monumento secular de la Historia; y una crítica sana é imparcial, la sola argamasa con que es lícito ligarlos.

Un ensayo biográfico de don Tulio, fue sobre la personalidad y la labor cumplida por el visitador Juan Antonio Mon y Velarde en Antioquia, en donde encontró lo que para él era la región más atrasada de estos territorios. Con sus propuestas y ejecuciones, se logró un siglo y medio después, pasar de ser esta región deprimida a convertirse en la más próspera del país.

Valioso texto aportado por don Tulio a la cultura de la patria, fue el Protocolo hispanoamericano de la urbanidad y el buen tono.

Allí anotaba que las normas de comportamiento eran esenciales en la vida ciudadana y que ojalá el gobierno volviese a hacer obligatoria la enseñanza de la urbanidad en las escuelas y colegios del país, utilizando como texto apropiado para enseñar esta asignatura, el que con maestría había escrito.

El pasado nos interroga sobre la vigencia de su pensamiento.