Largo & ancho
¡El columnista no cambia la opinión!
Autor: Rubén Darío Barrientos
22 de Febrero de 2006


Al columnismo se le conoce como el periodismo de ideas, precisamente por su aspecto crítico. Para algunos, una columna es meramente un comentario valorativo, toda vez que se sustenta en crear opinión a partir de la propia. Para otros, su contenido se basa en un trípode: analizar, interpretar y orientar.

Allí cabría, como epítome, el formador de opinión pública. Finalmente, el ácido escritor español Eduardo Haro opina en su libro Columnas, que “el columnista hace una cacería de algo que no existe: la realidad”.

Una Universidad de Bogotá, se dio a la tarea de analizar siete días consecutivos de columnas en cuatro medios influyentes de Colombia: El Tiempo, El Espectador, Semana y Cambio. Quería examinar los contenidos –positivos o negativos- frente al Presidente-Candidato Álvaro Uribe Vélez. En suma revisó 98 columnas, de las cuales 55 colaboraciones no abordaron el tema. De la franja restante, el 74% asumió posturas radicales en contra de Uribe Vélez y el 26% habló bien o lo defendió.

Si bajamos a otros medios impresos o radiales, la tendencia no difiere de la muestra obtenida en ese centro de estudios superiores. Y los que escuchamos radio, sabemos bien que cuando se abren micrófonos, la mayoría de personas se “despacha” contra el Presidente. Puede dar testimonio de ello, el mismo Henry Pava Camelo, quien en Radio Súper en su programa “Línea de Fuego” recibe incontables llamadas con vituperios, insultos y groserías contra Uribe Vélez, invitando a no votar por él.

Comencemos por el derecho. En Colombia, la lectura de periódicos ha descendido notablemente. Y del grupo de lectores, apenas un 20% lee columnas de opinión. Ya leer, se ha convertido en un triste acto de valentía. Tenemos que concluir, entonces, que estamos frente a una magra posibilidad de penetración literal. Los números, no acompañan los planteamientos optimistas de la profesora Adriana Gordillo de la Universidad Sergio Arboleda, quien dice que “la columna de opinión es un género poderoso del periódico”.

Al columnista, no se le contrata para escribir sobre algo concreto, sino para escribir lo que estime menester. Importa es su firma. En términos económicos, el nombre de un buen columnista vende, así no comulgue con la ideología del periódico. Es real, que una columna se hace para un público amplio, pero se lee con prisa. Es éste otro factor negativo, pues pululan los noveleros y los que hojean periódicos, que son los mismos zapoteadores de artículos. Como regla de oro, el columnista no debe olvidar que es periodista y que se dirige a un lector que busca superar la novedad de un tema.

Hay columnistas pesados, pero los hay entretenidos; existen algunos superficiales y reencauchadores; no faltan los agradables, los que son variados y amenos; se encuentran también los que investigan; tienen parcela muchos razonadores, pero también se apropian otros del terreno de la falacia. Y no faltan los pasionales, revanchistas, resentidos y viscerales, que abusan del medio para desfogar sus reyertas personales. Esos personajes vanidosos, arrogantes y con poca tolerancia, le hacen daño al columnismo. Se conocen como los columnistas volcanes.

Un grupo de esta calaña, está compuesto por: Ramiro Bejarano, Daniel Coronel, Antonio Caballero, Salud Hernández, Oscar Collazos, Alfredo Molano, Felipe Zuleta y María Jimena Dussán. Más que columnistas, son botafuegos y están teñidos de la misma fobia. Le dijo Salud Hernández a Cromos: “Normalmente, escribo sobre las cosas que me dan rabia; de ellas, digo lo que me da la gana”.

En Colombia, no puede hablarse de un aquelarre mediático Uribista. Si Uribe sigue de puntero en las encuestas, puede concluirse que la opinión pública ya está formada y que los columnistas no tienen ninguna influencia sobre ella (muchos pierden el tiempo). Un columnista es leído si el lector se identifica con su tesis o si le agrada su estilo. Pero también es leído, si es antítesis del pensamiento, simplemente para poder criticarlo después. El resumen es sencillo: los columnistas no cambian la mentalidad del público, sino que la confirman. El que crea que con una docena de artículos vuelca la opinión, está miando fuera del tiesto.