Largo & Aancho
¿Otro Goyeneche?
Autor: Rubén Darío Barrientos
30 de Abril de 2009


No podía creerlo. A sus 80 años de edad, José Galat, el controvertido rector de la Universidad La Gran Colombia, les ha dicho a Semana y El Espectador que quiere ser Presidente de Colombia, como si llegar a ese cargo fuera tan sencillo como ponerse la piyama.

Risiblemente se autodefine como un ‘candidato de renovación’ y su programa de gobierno se parapeta en este ideario: seguridad democrática, trabajo y rescate de valores.

En 1994, Galat, por un movimiento que denominó “Frente Moral’, se lanzó a la presidencia de la república. Obtuvo 9.055 sufragios (0,16% de la votación) y el triunfador –Ernesto Samper- alcanzó en esa primera vuelta un total de 2.632.210 votos.

Significa ello, que quiere repetir candidatura, o mejor aún, que quiere volver a hacer el ridículo, con la diferencia de que en ese entonces tenía 65 años y ahora está en una edad, en que debería pensar en el decoro y la dignidad del buen retiro, por encima de publicitar actos cantinflescos.

Tiene que venirse a la memoria, el legendario personaje llamado Arturo Goyeneche, un modesto ciudadano a quien los porteros de la Universidad Nacional de Colombia, en Bogotá, le permitían dormir en un cartucho adyacente al campus, el mismo que los estudiantes aplaudían sonoramente cuando proponía desecar y pavimentar el Río Magdalena, dizque para construir la más mirífica carretera de cuantas existían en el mundo.

Goyeneche, desde entonces, ha sido el hazmerreir completo, y ha dejado su nombre como sinónimo de candidatura cómica.

Pero hay mucha diferencia entre Goyeneche y Galat. El primero, era un pobre diablo, simpático y con ideas locas lanzadas desde su incultura y desde su mundo callejero, que estaba acolitado por unos estudiantes que les daban ‘bomba’ y por unos ciudadanos que lo apoyaban como repudio a las estructuras políticas. Pero el segundo, es un abogado de la Universidad Nacional, que fue Consejero Presidencial de Carlos Lleras y Misael Pastrana y que es rector de la Universidad Grancolombia, desde hace 28 años. Su mera formación, le debería impedir su extravagancia.

Dice Galat que en su gobierno, “va a mandar a descansar a Álvaro Uribe para que vuelva en el 2014 y que va a nombrar a Uribito (Arias) como Ministro de Agricultura”. Y, en medio de su campaña, se refiere al condón, al aborto, a la religión, a la abstinencia, a los ateos, a los gays, a los valores morales y espirituales, al sexo seguro y a las demás ideas recalcitrantes que maneja y por las cuales ha publicado avisos de páginas enteras en El Tiempo, que han causado escozor y que han levantado piquiña a lo largo de la geografía nacional.

Alguien debería decirle a Galat que se calme, que aterrice y que deje de ser un bufón.

Proclamarse como candidato presidencial, haciendo gala de una lozanía física y mental que no tiene, es un hecho que no se compadece con un hombre de su retrospecto y de su investidura. A Goyeneche todo le lucía, porque era un don nadie, un rey del gracejo y una persona mundana.

A Galat, todo se le ve horrendo y risible. Estoy por creer que no tiene familia que lo quiera, porque si la tuviera ya le hubieran atajado semejantes sandeces.

Su lema de “cambiemos todos para cambiarlo todo” es otra payasada vuelta mamarracho, porque si hay algo que desconozca Galat es el cambio. Y su afirmación de que está en la ‘tercera juventud’ es una frase destemplada, que suena a calumnia en una persona que quiere incursionar en política, cuando está ‘out’ hace muchas décadas. Si hace 15 años sacó 9.005, ¿cómo estarán las apuestas para cuando porfíe hacer el oso?