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Ciudadanos
Virgilio
Autor: Jorge Alberto Velásquez Betancur
9 de Febrero de 2008


Así se le conoció por todos, sencillamente; como sencilla fue su vida de médico, político y defensor de múltiples causas sociales. Y así fue también su último paso por este mundo: sin estridencias y olvidado por los medios de comunicación, que no tuvieron palabras para despedirlo.

La vida formal de Virgilio Vargas Pino estuvo dedicada a la medicina y a la política. Decano y profesor de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Antioquia, a esta causa le dedicó las mayores horas de su tiempo. En este contexto, conociendo de cerca tantos problemas y tantas carencias de la gente, era imposible marginarse del ejercicio político. Virgilio lo hizo, en su momento, como activo militante del MRL. Entonces el Movimiento Revolucionario Liberal, acaudillado por Alfonso López Michelsen, era un grupo contestatario, partidario de la apertura democrática y de otras transformaciones sociales en una época en que el Frente Nacional cerraba las puertas a tantas personas por no hacer parte de los partidos tradicionales. Hasta que López volvió al establecimiento atraído por los cantos de sirena de la burocracia y dejó “colgados de la brocha” a sus seguidores, quienes, no obstante, siguieron aferrados a la posibilidad de un cambio y muchos de ellos acompañaron al “Compañero Jefe” hasta el último día. Lo que puede la ilusión.

Más tarde, Virgilio hizo parte del Sector Democrático, donde era escuchado por su autoridad surgida de la experiencia y la humildad. Esa misma autoridad sin ínfulas le permitió ser el primer suplente efectivo en las listas para Senado de la República con que se estrenó el movimiento, hace precisamente veintidós años. Así coronó una carrera de entrega y sacrificios que no siempre fue reconocida y bien recompensada. En nombre del Sector Democrático desempeñó la dirección de Metrosalud en la primera alcaldía elegida por voto popular en Medellín, encabezada por Juan Gómez Martínez.

Al obtener el reconocimiento de su jubilación en la Universidad de Antioquia, Virgilio encontró refugio en la Universidad Cooperativa de Colombia, como director de los posgrados de salud. Allí encontró la forma de seguir sirviendo a la Medicina y a la sociedad con lujo de competencias, hasta que su propia salud empezó a exigirle una pausa. Quienes conocimos a Virgilio siempre agradecimos este gesto de la Universidad Cooperativa, porque era una manera de rendir un callado homenaje a quien tantos servicios había prestado al país y a la profesión, igual que esta misma institución académica lo hizo con el abogado y ex gobernador Jaime Sierra García, a quien llamó para la decanatura de la Facultad de Derecho.

Pero Virgilio tuvo una vida paralela, no para ocultar, sino para disfrutar, dedicada al cultivo de las letras y las artes, que le deparó las satisfacciones que le negó la política. El Centro Literario Antioquia y la Academia de Baile de Medellín, hicieron parte de sus gratos ajetreos y allí encontró los amigos que le ayudaron a llevar la pesada carga de la soledad de los días finales. Su corazón cansado dejó de latir el pasado viernes primero de febrero. El sábado sus hijas, sus hermanos y sus amigos lo acompañamos en su regreso a la tierra en una ceremonia con un ecléctico fondo musical que tuvo más de reencuentro que de despedida.


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