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El fraude es pan de cada día en las aulas
Estudiantes, maestros de la trampa
24 de Enero de 2008


Lo que conocemos como pastel o copialina, o en el mejor de los casos trampa a los profesores, se mantiene vigente en las aulas de clase. Lo peor es que pasa del colegio a la universidad.


Entre los universitarios se sabe quienes venden trabajos, en otros casos, entre compañeros se los prestan.

En colegios y universidades la llamada copialina o pastel va desde mirar el examen del compañero de al lado hasta falsificar trabajos. En los colegios reina la estrategia de los papelitos o pasteles que se sacan ilegalmente en medio de las pruebas, mientras los universitarios crean formas más sofisticadas de engañar a los docentes.

Un ex alumno de la Institución Educativa Concejo de Medellín dice que en su salón de clases reinaba el “pastel” durante los exámenes. “Esa es la forma más fácil y más común de hacer trampas”, manifiesta el joven. Sin embargo, reconoce que el Internet era la mejor herramienta para los trabajos. “Muchas veces sacábamos todo de la red”; y si de hacer tareas se trata “nos pasábamos la misma tarea entre cuatro ó cinco amigos”.

Estas malas mañas pasan del colegio a la universidad. Al parecer, dependiendo de la carrera se hace la trampa. Un estudiante de noveno semestre de Ingeniería Eléctrica de la Universidad Pontificia Bolivariana (UPB) dice que durante los parciales él se pasa junto con dos o tres compañeros la solución de los ejercicios. “Eso es muy frecuente hacerlo en las materias que conlleven procedimientos matemáticos, sobre todo en Cálculo y Física”, apunta. Cabe anotar que la trampa se hace durante el propio examen, frente a la mirada poco atenta del profesor que cuida.

En las carreras de ciencias sociales, los estudiantes practican otro tipo de fraude. En estas, muy poco se hacen parciales ya que la mayoría de las evaluaciones se basan en trabajos escritos. “Lo máximo que he hecho durante la carrera es entregar un mismo trabajo en siete materias”, afirma un estudiante de Periodismo de séptimo semestre de la Universidad de Antioquia.

Corte y pegue

Entre los fraudes más frecuentes se encuentra el “corte y pegue” de Internet. Algunos estudiantes de colegios lo hacen desconociendo que las fuentes se deben citar de acuerdo con lo establecido por la ley que defiende los derechos de autor. Para estos casos, los profesores ya acostumbran calificar evaluaciones frente al Internet para “pillar” de dónde fue que sus alumnos extrajeron historias, análisis, ensayos... todo tipo de información de la web.

“En las tres universidades donde he trabajado he tenido casos de estudiantes que entregan trabajos bajados de Internet”, dice Ximena Forero, profesora de Eafit, la Universidad de Antioquia y la Universidad Cooperativa de Colombia.

En otros casos, los plagios no se sacan de la web sino de los textos de las bibliotecas.

“En una ocasión estaba muy embalado con un trabajo, así que me fui para la biblioteca cogí una revista académica, corté las hojas de un ensayo, escondí la revista y transcribí al pie de la letra todo el ensayo para entregarlo”, dice otro universitario.

Toda una mafia

Entre los pasillos de las universidades se encuentran avisos de personas que “asesoran” trabajos, otros que hacen talleres; y en voz baja, se buscan estudiantes que hagan trabajos para otros compañeros, muchas veces de las mismas facultades o de diferentes universidades. En la Universidad de Antioquia “hay estudiantes que hacen trabajos para otros de universidades privadas”, cuentan.

“Hace un año, me quedé sorprendida cuando varias de mis mejores estudiantes me contaron que ellas vendían trabajos, el costo es desde $10.000 y sube de acuerdo con la extensión, la complejidad del tema y el tipo de escrito”, manifiesta Forero.

“Pero la tapa de la tapa, la viví con un estudiante de la Universidad Cooperativa. El muchacho presentó un trabajo doblemente plagiado, pues un practicante de un medio de comunicación nacional publicó un trabajo realizado por investigadores de la Universidad Nacional y lo mostró como suyo, luego mi estudiante lo volvió a tomar y también lo presenta como propio”, agrega la docente.

Se pierde la ética

A la profesora Forero le da tristeza ver que los estudiantes se autoengañan, sobre todo cuando hay muchos que quieren ingresar a la universidad. Sus alumnas brillantes, dicen, que si no son ellas quienes venden trabajos otros lo harán.

Por otro lado, Miriam Montes Tamayo, presidenta de la Asociación de Colegios Privados de Antioquia (Adecopria), argumenta que ante las faltas de los estudiantes, lo primero es insistir en una educación honesta y transparente especialmente cuando son adolescentes.

Los universitarios asocian sus comportamientos a la falta de tiempo para la entrega de los trabajos y otros, a la pereza. Pero les falta hacerse un autoexamen de qué están haciendo, convencerse y amar lo que estudian. De esa manera entenderán que hoy son universitarios pero mañana profesionales con responsabilidades.


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