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El pasado nos interroga
La Plaza de Cisneros
Autor: José Maria Bravo
24 de Agosto de 2007


Es evidente que el agente esencial al desarrollo social, son las vías de comunicación, que llevan a todas partes los productos de la inteligencia y también los del trabajo material. Sin vías de comunicación no puede haber progreso. Francisco Javier Cisneros

Los espacios libres de las áreas urbanas y muy especialmente los de las ciudades, son parte vital de las mismas, y reflejan en gran parte la calidad de vida de sus habitantes. Permiten conservar y recordar aspectos importantes de la historia, como es el caso de la Plaza de Cisneros.

En el sistema español, las plazas principales tenían en su marco, los diversos poderes: religioso, económico y político. Símbolos importantes fueron en el interior de las mismas, el templo, el cabildo, la oficina de rentas. Se propiciaba además, la venta de los productos de la tierra y mercaderías diversas; era plazas de mercado público.

En Medellín se presentaron cambios importantes, cuando se trasladaron algunas de las funciones de la plaza principal, hoy Parque Berrío, a las plazas de mercado cubiertas.

Hay que tener en cuenta que a finales del siglo XIX, cuando las guerras civiles habían sido frecuentes, la incipiente burguesía, conformada por comerciantes y mineros, se iniciaban en las sociedades bancarias, buscando la forma de asegurar sus capitales, y encontraron que la adquisición y evolución del negocio de tierras, era una de las maneras, no sólo de garantizar su seguridad económica, sino de multiplicar sus ingresos.

Encontraron que uno de los negocios fundamentales en esos años, era el que hacía referencia a la renta del suelo urbano. Mejorar las condiciones de las tierras, abrir calles y plazas, el loteo y la construcción de nuevos proyectos, integrando gradualmente todo aquello al centro urbano, disparaba la renta del suelo urbano.

Pero por esos años, esto no fue suficiente. Se necesitaba lograr la adjudicación un proyecto importante, que mejorara las condiciones de las tierras. Ocurrió que el proyecto más importante en ese momento era la construcción de una plaza de mercado cubierta, para trasladar el mercado que se desarrollaba en lo que hoy se conoce como el Parque Berrío.

Surgieron dos grandes grupos interesados en obtener el privilegio de la plaza y construirla en los lotes que eran de su propiedad. Los del norte, tenían propiedades en las vecindades de la actual Iglesia de Jesús Nazareno, y los del sur, en la zona conocida ahora como Guayaquil. Estos últimos terrenos eran de propiedad de don Coriolano Amador y de varias familias, entre ellas, la de los Vásquez, los Vásquez Jaramillo, los Vásquez Uribe, los Vásquez Ospina, los Restrepo y los Uribe., quienes aportaron cerca de 27 mil pesos para la licitación que finalmente les fue adjudicada.

Las obras se adelantaron, la plaza de mercado cubierta quedó localizada en el costado occidental del espacio público que posteriormente recibió el nombre de Plaza de Cisneros.

A mediados de 1890, Eduardo Vásquez Jaramillo, propietario de los lotes en donde están ahora los edificios Vásquez y Carré, contrató al arquitecto francés Carlos Emilio Carré, para el diseño y la construcción de dichos edificios, en el costado oriental de la plaza, al frente de la plaza de mercado cubierta; todo esto le fue dando más carácter a dicho plaza. La construcción de los dos edificios está estrechamente ligada al desarrollo de todo el conjunto alrededor de la plaza, como también, al nacimiento del barrio Guayaquil.

Con respecto a la Plaza de Cisneros, a raíz de la muerte del ilustre ingeniero Francisco Javier Cisneros, acaecida en la ciudad de Nueva York el 7 de julio de 1898, el gobernador del departamento de Antioquia mediante decreto lamentó la infausta noticia y encarecía al pueblo antioqueño: la obligación que le impone la gratitud de mantener viva y venerada la memoria de este infatigable y sabio obrero del progreso, que no vaciló en poner su vida en grandes peligros por impulsar la prosperidad de Antioquia.

Por otro lado, mediante disposición del municipio de Medellín, se determinó que la plaza que ya quedaba al frente de la Estación Medellín del Ferrocarril de Antioquia, llevaría el nombre de Plaza de Cisneros, nombre con el cual se le conoce desde entonces; este nombre fue ratificado, mediante comunicación escrita a la Academia Antioqueña de Historia, por el actual alcalde de Medellín, matemático Sergio Fajardo Valderrama.

Más adelante, mediante la Ordenanza Nº 57 (6 de mayo de 1920), la Asamblea Departamental de Antioquia, ratificó lo aprobado por la Junta del Ferrocarril, sobre la erección de un monumento conmemorativo del ilustre ingeniero, determinando que: el monumento expresado se levantará en la Plaza de Cisneros de esta ciudad. Dicha Junta procedió a dar cumplimiento a lo ordenado y para ello encargó la elaboración de la estatua al gran artista antioqueño Marco Tobón Mejía, quien residía en ese entonces en París.

El 12 de octubre de 1924, con motivo de los cincuenta años de celebrado el contrato inicial para la construcción del Ferrocarril de Antioquia, se inauguró la estatua de Francisco Javier Cisneros que fue ubicada en la plaza que lleva su nombre en la ciudad de Medellín, como homenaje del pueblo antioqueño a tan ilustre ingeniero.

Por la destrucción del edificio de la plaza de mercado público, el deterioro gradual que sufrió este espacio, como también, por la ampliación de la calle 44 –San Juan- en este sector, la estatua fue desmontada y guardada.

En abril de 1994, la Fundación Ferrocarril de Antioquia levantó nuevamente el monumento escultórico en la Plazoleta de la Arcada Pública de la Estación Medellín. ¿Algún día volverá a localizarse en el interior de la Plaza de Cisneros, para ratificar y recordar más su nombre?

Ojalá, las reestructuraciones de los espacios públicos, no borren o cambien los nombres tradicionales que estos espacios tienen, que son muy importantes para la memoria histórica, especialmente para nosotros, que poca historia tenemos.


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