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Columnistas

Agudelo, antioqueño, se mide con Penderecky y Lutoslawsky
Autor: Olga Elena Mattei
29 de Agosto de 2013


De manera tímida al principio, debocada luego, algunos compositores como Messiaen, Berg, Webern, Stravinsky, Shostakovich , Schonberg, Stockhausen, Hindemith, Charles Ives, Penderécki, Xenakis, Varese, Liguetti

De manera tímida al principio,  debocada  luego, algunos compositores como Messiaen, Berg, Webern, Stravinsky, Shostakovich , Schonberg, Stockhausen, Hindemith, Charles Ives, Penderécki, Xenakis, Varese, Liguetti penetraron y arrollaron el ultra modernismo. La composición musical avanza hacia la música dodecafónica, la serial, la atonal, la aleatoria… Todavía se basa, a veces, en lo programático... Y ahora los instrumentos se usan de manera diferente, (mejor ejemplo, Cage). Y la notación parece una gráfica electrónica. El escucha lego de espíritu plano, cuadrado o fruncido, la ignora y en su ignorancia la rechaza. El intelectual, el estudioso, el que no teme a lo nuevo, el abierto y el aventurero, no sólo la acogen, sino que la empujan, la establecen, y la enriquecen.


Hoy tenemos a Penderecki con sus “Trenos a la memoria de las víctimas de Hiroshima” para cuerdas. El director maestro Rettig hace un breve comentario sobre las ideas del compositor, antes de comenzar la ejecución. (Hubo una pequeña equivocación: Little Boy no era el nombre de la nave aérea, la cual se llamaba Enola Gay. Little Boy era el nombre de la primera bomba atómica (de uranio) lanzada sobre  Hiroshima. La segunda bomba,  que era de plutonio, se dejó caer  tres días después  en Nagasaki ; el nombre de la segunda bomba  era Fat Boy).


La obra comienza con prolongados gritos agudos, erizantes, espeluznantes, estertóricos. Un solo grito profundo contra el vacío. Fabuloso, diciente, sobrecogedor....... Pero inconcluso: Aunque el período central tiene de nuevo gemidos, chillidos, estridencias, glizandos y tremendos clusters, (desde que los inventaron se han traducido como racimos; yo creo que debería traducirse como manojos) La conducción, mejor que la partitura…porque siento que a ésta le faltaron las explosiones apocalípticas antes del finalle desolador.


A continuación, una increíble sorpresa: Un joven antioqueño genial,  estrena su composición: “www.atresbandas.com.” Además de la orquesta regular, la obra se vale de una percusión ampliada al máximo. Timbales, gran caza, tamtams, matracas, crótalos, wood bloks, látigo (dos tablas planas contrapuestas) gong, platillos, carrillón, xilófono, glockenspiel , vibráfono, arpa…


Entran uno por uno,  ’Introduzione a la mo’dem’, hasta reunir el tutti más tortuoso y sólido jamás escuchado, pero no caótico: realmente ajustado y discriminable. 


En el segundo movimiento, “Canone en fibra óptica’: dúos, tríos, diálogos con el piano. Para entrar poco a poco en una sala de comunicaciones electrónicas representada por todas las posibles modalidades y materiales para percusión... a todo lo cual contestan los acordes de los cobres y además, con fondo sustentado por todas las secciones de la orquesta.


El tercer movimiento, “Intermezzo inalámbrico”, es un concierto de monstruos, pero en perfecta coordinación. El maestro Rettig debe tener cerebro de computadora para poder dirigir esclarecidamente este coro cacofónico al parecer caótico, pero en efecto, tan organizado como el universo.


“Ballata para un satélite en el olvido’. (La Ballata es una forma musical para cantar o bailar, escrita por poetas músicos del trecento y el cuatrocento en Florencia, Italia) El abandonado satélite emitiendo su aguda y desolada señal en medio de la paz horizontal curvada por la redondez convexa de los cielos, y el pavor vertical del vaci’’o abisal de la nada! ¿Quién o qué es esa trompeta solitaria que le contesta ?¿Que angustia o beatitud ponderan las cuerdas en un continuo lento y quedo que pareciera dar piso al espacio que el satélite transita ? Y los cornos, los trombones y demás cobres braman como huecos negros en la batalla grávida de la destrucción.


Para afrontar en el quinto movimiento, “Finale con banda ancha” la apoteosis cósmica de toda la furia infernal de la aniquilación! 


Pero a pesar de tal caos, tanto el compositor como el director logran que, si no en el universo, si en la sala de concierto, reine el orden. Algo increíble en medio de tan cerebral disposición auditiva: una coreografía del sonido llena de ritmo, orden, conjunción, conjugación y creación como solo el curso del tiempo astronómico había logrado antes sobre la materia ! El compositor, nuestro joven antioqueño Víctor Agudelo, debe luchar hasta lograr que su obra sea escuchada en las metrópolis importantes del mundo musical: lo merece! Personalmente pienso que la obra que más ameritaba una nota explicatoria antes de la ejecución, era esta pieza, extraordinaria, y ultra moderna, porque su programa ideológico inusitado, sus significancias, su partitura llena de nuevos grafismos, su instrumentación, son altamente novedosas e interesantes y la obra se comprende mejor tras las explicaciones necesarias, las cuales, muy eficientes, encontré tardíamente en el programa.


El tercer concierto de la fecha fue el Concierto para arpa y orquesta, de Ginasterra. Me obligada a omitir los comentarios sobre esta obra, por grave falta de espacio. 


La noche termina con el Concierto para Orquesta de Lutoslawsky. Formidable obra, también en estreno para Medellín. Contrafagot, tuba, cornos, trompetas, trombones, maderas y demás vientos a profusión. La percusión múltiple y exhaustiva, con algunas adiciones tras las obras anteriores: más timbales, el gong, platillos, gloken-spiel, vibráfono, xilófono, (cencerros), wood-block, crótalos, pandereta, palitos, rotontón, otobán, celesta, y otra arpa.


Desde el comienzo reconocemos que se trata de una obra magnífica, y extraordinaria aún en el mundo ultramoderno. 


El segundo movimiento entra con lloviznas de los violines y la celesta, las dos arpas y el apoyo de los chelos. Contesta un xilófono piccolo (glocken-spiel). Seguido por los cobres en pleno, la tuba, los tamtam, todo el resto de la percusión, el gran caza, alternando con pianísimos de la orquesta en tutti. La tuba ajusta su sordina y emite su sentencia deífica, a la que hacen eco los tamtam y congéneres. Luego, los contrabajos logran emular a la tuba con frases jamás propuestas en sus cuerdas, a manera vientos bajos.


El ritmo “cavalcante” del último movimiento se escucha más festivo y enfático, con esta maravillosa combinación de timbres. Es una partitura llena de color. Mejor dicho, multicolor, que la hace fascinante.


Todo uso de cada instrumento y la organización de todo conjunto es novedosa y excepcional. Rettig se ha especializado en traernos obras modernas extraordinarias que debíamos conocer. Y en sus manos, las podemos escuchar y comprender mejor.


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