Columnistas

¿Y los premios?... ¡Nanay cucas!
Autor: Rubén Darío Barrientos
22 de Noviembre de 2012


El 14 de agosto de este año, los deportistas de República Dominicana que ganaron medallas en los juegos olímpicos de Londres 2012 fueron recibidos por su presidente.

El 14 de agosto de este año, los deportistas de República Dominicana que ganaron medallas en los juegos olímpicos de Londres 2012 fueron recibidos por su presidente. Ese día, el mandatario local les entregó todos los premios prometidos antes de emprender la tremenda aventura deportiva. Un día después (15 de agosto), el presidente de Guatemala hizo lo propio con sus medallistas olímpicos: dicho y hecho, se cumplió a cabalidad con todo lo convenido. El 16 de agosto, el presidente de la Federación de Rusia hizo también entrega pública de todos los premios a los deportistas de la nación que obtuvieron las codiciadas medallas. En México, el presidente de la república les cumplió también a quienes se bañaron en oro, plata y bronce (el 17 de agosto). Y así, no terminaríamos la lista de países que dieron crédito a sus promesas. 


En Colombia, los deportistas nacionales llegaron al país el 14 de agosto. Y al día siguiente fueron recibidos por el presidente Santos. Digamos antes, que ellos habían viajado a Londres con la promesa firme de recibir un incentivo de $ 113 millones por cada medalla de oro; de $ 79 millones, por cada medalla de plata y de $ 56 millones, por cada medalla de bronce. El director de Coldeportes, Andrés Botero, había sido el garante de los montos de los premios. Y volvamos a ese 15 de agosto: el presidente Santos condecoró a los ocho medallistas con la Cruz de Boyacá. Además, les hizo público un subsidio para vivienda propia. Todo fue grandilocuente y hasta se habló de Simón Bolívar, al hacerse un símil en el sentido de que la medalla puesta sobre cada solapa fue la que el libertador Simón Bolívar le entregó a todo su ejército, tras la batalla de Boyacá.


Pero hoy, un poco arriba de los tres meses de las promesas presidenciales, reina la tristeza en los deportistas. Un carro para cada uno, prometido por una empresa privada, sí se entregó. Pero de la platica y de la vivienda, ¡nanay cucas! A Mariana Pajón le dijeron que ella no tenía derecho al subsidio de vivienda, pues no clasificaba dentro de la población vulnerable; a Carlos Mario Oquendo le salieron con la misma; a Jackeline Rentería, ídem, pero con estas palabras: “usted no aplica”. Y ella ripostó: “es que yo la quiero para mi mamá”, contestándole que tampoco era posible; a Yuri Alvear, Catherine Ibargüen, Óscar Figueroa, Rigoberto Urán y Óscar Muñoz, les dieron de la misma medicina. Total: que ni el incentivo ni el subsidio. En el recuerdo –a título de consuelo- el recibimiento apoteósico del pueblo colombiano y los impresionantes recortes de prensa.


Dentro del catálogo de verdades, ya se supieron las primeras: “como no hay presupuesto para los incentivos, tocará esperar al menos un año para ver cómo hacemos”. No es una frase cualquiera, es la afirmación de Andrés Botero, de Coldeportes. ¿Cómo se promete lo que no es posible cumplirse? ¿Por qué los otros países sí pueden hacerlo? Y otra clara: “para tener derecho a la vivienda, había que estar dentro de la población vulnerable”. ¿Se les dijo antes? ¿Por qué se prometió públicamente esta falacia? Con absoluto desengaño, Catherine Ibargüen expresó: “si cuento con vida, espero algún día recibir los premios”. Conclusión: puros saludos a la bandera.


En cualquier país del mundo, los medallistas olímpicos son alhajas que se cuidan y se veneran, porque son embajadores que dan lustre a la nación. Son imagen imborrable que refleja poderío deportivo. Siempre se les cumple. Pero en nuestro país [y no es la primera vez que ocurre], se pisotea también la extracción humilde de ellos y su ardentía para reivindicar zonas del país azotadas por la pobreza y la violencia. Mejor aún, los premios para los que subieron al podio londinense, son hoy otro falso positivo.