Columnistas

Un votico por el fiscal
Autor: Rubén Darío Barrientos
30 de Junio de 2016


La nueva ronda de elección del fiscal General de la Nación, quedó diferida para el entrante 7 de julio.

La nueva ronda de elección del fiscal General de la Nación, quedó diferida para el entrante 7 de julio, pues en la plenaria de la Corte Suprema de Justicia (que se reunió por segunda vez), no se lograron aquistar los indispensables 16 votos en favor de ninguno de los tres candidatos. Néstor Humberto Martínez sacó 14 votos, pero se hace menester obtener al menos 2 votos más por su nombre. Desde luego, Martínez se perfila como el ganador dado que los dos ternados restantes se encuentran muy abajo (Reyes, 8 votos y Cifuentes apenas 5). Me llama la atención que hubo 3 votos nulos, entre magistrados, quienes saben inefablemente cómo se hacen las cosas.


Una encuesta de Invamer Gallup, de hace un año y medio, reveló que la Corte Suprema de Justicia tenía una imagen negativa del 55%. In illo tempore, un analista de medios dijo que “la justicia se había politizado y la política se había judicializado”. Es evidente que los magistrados, tienen cada vez más untura política en sus decisiones. Ahora bien, en Colombia, al fiscal General de la Nación lo elige la Corte Suprema de Justicia de terna enviada por el presidente. Esta figura, tiene su génesis en la Constitución de 1991 y fue Gustavo de Greiff el primer fiscal elegido (1992-1994). 


En Chile, por ejemplo, es al revés que se elige al fiscal: la Corte Suprema de Chile le envía cinco candidatos al presidente, éste selecciona uno y el Senado lo aprueba. En los Estados Unidos de América, también existe un procedimiento distinto al nuestro: el fiscal es nombrado por el presidente y lo ratifica el Senado. En Colombia, hay voces que reclaman un mecanismo constitucional diferente: que lo elija el presidente, de un partido político distinto al suyo; o que lo elija el presidente de terna enviada por la Corte Suprema de Justicia, o que sea por elección popular.


La verdad es que hay mucha gente fatigada del sainete que se presenta en la Corte Suprema de Justicia para elegir este alto cargo, sobre todo por la infame politización de los magistrados. Y a ello se le suma, que los candidatos son políticos y vienen con la chapa de sus orientaciones partidistas. Se hace un cóctel de candidato político con magistrados políticos. Y nada peor para la desdicha de la justicia que se politice esta elección, que debería ser cifradamente académica. Un periódico local, tituló el 28 de abril de 2016: “Corte no escapa a la puja política para elegir fiscal”. 


Hace un año, el representante a la Cámara, Samuel Hoyos, denunció un “roscograma” en la Fiscalía. Resulta que siete magistrados de la Corte Suprema de Justicia que votaron a favor del fiscal Montealegre, consiguieron “chanfas” para sus familiares (hijos, hermanos y otros parientes cercanos), en un acto pedigüeño y de vulgar reciprocidad. Es más: el representante Hoyos graficó aún más la vagabundería: si hoy se tuviera que juzgar al fiscal habría que conformar una sala penal de conjueces porque los magistrados en comento se tendrían que declarar impedidos por tener familiares trabajando en la institución.  


Las cosas hay que decirlas por su nombre: el voto de un magistrado para la elección de fiscal no es un acto inocente ni carente de interés. “Yo te elijo y tú me ayudas”, podría ser la realidad cruda e impúdica de esta politización asqueante. Tanta indignidad produce rabia. A Néstor Humberto Martínez, le hacen falta dos voticos para el 7 de julio. ¿Qué le irán a pedir a cambio? No se crea que estos votos se entregan con cariño e inapetencia. Tienen el compromiso de los puestos y la sucia postura de canjear favores. Y el nuevo fiscal, ¿qué puede hacer ante esta práctica? Seguir la corriente… 


Estoy de acuerdo con que se presente un proyecto de reforma constitucional para pulverizar esta desvergüenza.