Columnistas

Somos lo que comemos
Autor: Carlos Cadena Gait醤
25 de Febrero de 2013


Cuando viajo, me parece fundamental estar atento a los detalles de los estilos de vida locales. Lo que se come y se compra refleja una parte muy 韓tima de nuestras sociedades.


Cuando viajo, me parece fundamental estar atento a los detalles de los estilos de vida locales. Lo que se come y se compra refleja una parte muy íntima de nuestras sociedades.


Por ejemplo, así como he visto el mismo caldo de gallina, la misma crema de dientes y la misma gaseosa envasada en plástico en los supermercados de Albania, Etiopía y Dubái, he visto a adolescentes brillar al embutirse su Big Mac, en lugares tan disímiles como Rusia y Turquía. No es ningún secreto que una docena de corporaciones han logrado estandarizar a tal punto el consumo en nuestro mundo, que hoy muchos comen prácticamente lo mismo, en cualquier gran ciudad; hoy estamos condenados a depender de las semillas sintéticas de Monsanto por un lado, y de los precios “bajos” impuestos por Wal-Mart por el otro.


En Colombia todavía no entendemos el daño que causamos con estos patrones de alimentación. Seguimos valorando la comida rápida desechable por encima de los productos artesanales, orgánicos y locales. Preferimos comprar vegetales congelados (sin saber siquiera de dónde vienen) que verduras frescas, vendidas por sus propios cultivadores cerca de nuestras ciudades (que obviamente son más caras).


Afortunadamente, hay muchos ciudadanos comprometidos con generar conciencia en torno a nuestros hábitos alimenticios. En Medellín, hay un lugar mágico donde se promueve una alimentación más sostenible y responsable. Verdeo es un restaurante fundado por Felipe Hernández y Amalia Villegas; una pareja de apasionados por el tema, que comunican con talento y honestidad su dedicación.


Verdeo ofrece una comida gourmet, sana, rica, y sin proteína animal. Sin embargo, más allá de pensar en Verdeo como un modelo de negocio, Felipe y Amalia han diseñado a Verdeo como un estilo de vida; una apuesta arriesgada en un país donde cualquier restaurante que no ofrezca una gran variedad de carnes está condenado a fracasar. El éxito de Verdeo ha sido tal, que claramente han logrado satisfacer una necesidad que existía en el mercado. Durante el almuerzo, somos cientos los clientes locales; durante la noche, el lugar se ve siempre repleto de turistas que reflejan rasgos de todos los continentes.


Este fantástico rincón de Medellín no es solo para vegetarianos. De hecho, está lejos de ser un lugar que -como piensan algunos- ofrece únicamente “ensaladas”. Desde el principio, han buscado cambiar ese estigma que lleva la comida vegetariana como una comida insípida y sin gusto. Amalia me lo dice muy claramente, con unos ojos que brillan al hablar sobre sus logros: “es que vos no necesitás saber japonés para comer sushi”. Lo que ellos han logrado ofrecer es una propuesta diferente de alimentación saludable y responsable.


Mientras el mundo enfrenta epidemias de obesidad, diabetes y malnutrición gracias a nuestra adicción a la comida procesada, continuamos acabando con la fertilidad de nuestros suelos.  Emprendedores arriesgados como Felipe y Amalia nos abren una ventana hacia unos hábitos de alimentación mucho más responsables con nuestra sociedad, y saludables para nuestros cuerpos. 


Que sea esta entonces una invitación a cambiar esos hábitos alimenticios, antes que el médico nos obligue a hacerlo. Recuerden que al final, “somos lo que comemos”.