Columnistas


Sofía Ospina de Navarro (1892 -1974)
Autor: Lucila Gonzalez de Chavez
28 de Diciembre de 2015


Su obra refleja su temperamento y buen gusto. Su libro La abuela cuenta, recopila crónicas sobre el Medellín de antaño y sus costumbres. Ana Cristina Navarro dice acertadamente:

Su obra refleja su temperamento y buen gusto. Su libro La abuela cuenta,  recopila  crónicas sobre el Medellín de antaño y sus costumbres. 


Ana Cristina Navarro dice acertadamente:


“Siempre desde su clase y desde sus apellidos, con toda la carga que tenían, supo escuchar a los que pensaban diferente, tolerar aquello que no coincidía con su opinión y protestar ante todas las instancias por lo que consideraba injusto. Eso es saber multiplicar la inteligencia y compartirla”.


Doña Sofía, muy joven aún, ya empezaba a saber de la política, línea transversal de  su familia. En la crónica La guerra  nos cuenta, en el marco de la Guerra de los Mil Días: “En los ratos de recreo en el colegio estallaban con frecuencia acaloradas disputas políticas, en que las mayores denigraban a los jefes del partido contrario y rompían sus retratos”.


De su honorable padre, ‘el General, el Doctor, Don Tulio Ospina’, escribe:


“Don Tulio Ospina no fue el hombre imponente, ruidoso y deslumbrante, como el salto del agua que se despeña levantando nubes que inciensen su grandeza. Fue el hombre arroyuelo, que recorrió mansamente su sendero; dejando a su paso un grato rumor, fecundando los prados, y permitiendo al peregrino calmar la sed en las aguas limpias y transparentes de sus conocimientos”. 


¡Hermoso retrato literario, construido en el linde de lo lírico!


Su fiel memoria y su descomplicado lenguaje añoran  a los personajes “típicos”:


 “No se oye ya un trovador como Custodio, cuyas trovas de estilo político  lo llevaron a la cárcel tantas veces. Decían que era amigo de lo ajeno, y al son de su viejo tiple se disculpaba de las calumnias:


Si yo me cojo un tabaco,


Todos me dicen ladrón.


Y a Reyes nadie le dice


Que se robó la nación.


Una muestra de su especial manejo del humor y de la ironía: 


“Los muebles modernos son muy semejantes a las gentes que los ocupan: superficiales, de engañosa apariencia, poco fuertes y difíciles de manejar... Benditas sean las sillas mecedoras que nos acogieron tan cariñosamente entre sus brazos allá en el costurero de la casa paterna”.


Su reminiscencia del gran teatro Bolívar (semejante al teatro Colón de Bogotá), derruido por  voluntad de la presidenta de la Sociedad de Mejoras Públicas de entonces, nos llena de nostalgia y también de un malévolo sentimiento de indignación por no haber querido, dicha señora, restaurarlo.


 Dice doña Sofía en su evocación:


“En el Bolívar la concurrencia era casi siempre la misma. Pudiera decirse que en aquel teatro se reunía cada noche, no un público común, sino una familia de abonados al arte y la alegría”. 


“Los dramas y comedias eran mi debilidad, pero no me negué a gustar las operetas que nos trajeron Manuel del Real, Pilar Gagües y tantos otros... Las óperas...  obras musicales para los privilegiados que para conocer su argumento no tienen que abrir el libreto, porque los violines les hacen captar los lamentos de la mujer abandonada... las flautas, las promesas de amor... y el arpa, los murmullos de un amanecer”.


Esta valiente mujer que en esa época, se atrevió a escribir, oficio propio de los hombres intelectuales y estudiados, también se atrevió a filosofar:


“Las gentes ya se han convencido de que la vida es simplemente un largo viaje en tren, con los vagones llenos de pasajeros, que sufren incomodidades pero van alegres. Y que a cada uno de ellos le va llegando el turno de apearse en su estación. Lo que sus compañeros miran como cosa inevitable y natural, que no les interrumpe su itinerario por cuya feliz continuación siguen luchando”.


Algunos intelectuales y pensadores antioqueños, de hoy, recuerdan a doña Sofía con una leve e irónica  sonrisa, y solo una  alusión a sus “recetas de cocina”. Debieran leer sus textos costumbristas para justipreciar (así como lo hacen con tanta abnegación frente a Carrasquilla),  a una mujer  representativa en la literatura antioqueña, que enaltece el estilo y el pensamiento.