Columnistas

Largo & ancho
Propinas con anestesia
Autor: Rubén Darío Barrientos
11 de Agosto de 2011


Hace dos años hubo un conato de aprobación en la Cámara de Representantes de un proyecto de ley que volvía trizas la facturación del 10% como propina en la cuenta.

Hace dos años hubo un conato de aprobación en la Cámara de Representantes de un proyecto de ley que volvía trizas la facturación del 10% como propina en la cuenta. Finalmente el asunto se hundió. Recientemente (8 de junio de 2011), la Superintendencia de Industria y Comercio expidió una circular de control sobre propinas, prohibiendo la expedición de prefacturas con su cargo. Así las cosas, los establecimientos tendrán que fijar avisos visibles a las entradas de los negocios que recalquen la voluntariedad de su pago y, antes de expedir las facturas, quienes atienden tendrán que consultar con los “paganinis” si se incluye la propina.


En Colombia, los meseros de restaurantes (que son el espejo de la costumbre), tienen tres ingresos básicos: a) el salario ordinario acordado con el empleador; b) la propina del 10% que se reparte entre todos y que va a un fondo común (se conoce como “tronco”) y c) la propina directa que da el cliente por el buen servicio, que se llama comúnmente “repique”. Con relación al cliente, la sumatoria de gastos por saborear una buena comida, implica un egreso significativo. Veamos: se asume: a) el valor de la cuenta; b) el pago del IVA sobre ese sub-total; c) la asunción del 10% de propina y d) el valor como retribución directa del servicio, que está al libre albedrío y que se le entrega al mesero que atendió.


Volviendo al cuento de la circular de la SIC, se aprecia que su cometido se quedó en letra muerta: los establecimientos como restaurantes, bares y clubes sociales, siguen prefacturando la propina. Carreta lo de consultas previas para incluir su monto.


Desmontar su modus operandi pareciera ser una utopía. Por eso, los instructivos e intentos por regular la materia se vuelven nulos, en la medida en que su recurrencia es mundial y se acostumbra prácticamente en todos los países del planeta tierra, con la salvedad de Japón y China, que la reivindican en casos muy excepcionales.


En inglés se llama tips (to insure prompt service) y es obligatoria para choferes de taxi, maleteros, botones, camareros, porteros, meseros, los del valet, en fin, este pago extra es parte de la previsión en los bolsillos y billeteras. Estoy seguro de que en los Estados Unidos y Canadá, la recaudación de propinas supera al propio salario. Y el negocio es redondo para los dueños, dado que no necesitan pagar altos emolumentos a su personal pues éste se lucra efectivamente del alud de propinas infaltables.


En Bogotá, algunos sitios reputados tienen una odiosa manera de presionar el pago de la propina. Cuando el cliente se niega a entregarla, le ponen sobre la mesa una hojita para que responda esta pregunta: ¿Qué le disgustó del servicio? Literalmente, si uno llega a un restaurante con más hambre que plata, y advierte con el pedido que no pagará propina, ¿lo atenderán bien? Si yo en una mesa pido una botella de vino que vale $ 50.000 y el del frente pide una botella de whisky que vale $ 200.000, ¿es justo que por un mismo desgaste de servicio yo pague $ 5.000 de propina y el del lado asuma $ 20.000?


La verdad es que el sistema de cálculo de la propina es injusto: se basa en la proporcionalidad de la factura. Lo de la SIC es bueno, pero no se cumple. Las propinas son y serán obligatorias. Así ahora les hayan entregado una dosis de anestesia, con la circular de marras.