Columnistas

Más allá de lo gramatical de los diminutivos
Autor: Lucila Gonzalez de Chavez
7 de Diciembre de 2015


Un amigo me llamó para decirme: “leí tu articulito en el periódico”.
Me quedé pensando en el vocablo “articulito”. Me recordó una frase que me dijo mi profesor de literatura cuando yo tenía quince años y cursaba mi bachillerato.


Un amigo me llamó para decirme: “leí tu articulito en el periódico”.


Me quedé pensando en el vocablo “articulito”. Me recordó una frase que me dijo mi profesor de literatura cuando yo tenía quince años y cursaba mi bachillerato pedagógico.


Con toda la pedantería adolescente del caso, le pedí que me revisara una de mis poesías. El profesor, mirándome fijamente, me contestó: “Leí su poemita”. El “ita” no me permitió preguntarle nada, pero me quitó para siempre mi vocación y aptitudes de poetisa.


El DRAE dice: “Aplicase la voz "diminutivo" a los vocablos que disminuyen o menguan la significación de los positivos de donde proceden. El diminutivo indica merma o menoscabo de una cosa, tanto en lo físico como en lo moral”.


Pero… si la disminución se refiere solo al tamaño, no se podrían formar diminutivos abstractos. Sería un error (y no lo es) decir: "vidita", "almita", ‘"sueñecito".


Quien usa el diminutivo quizás piense que la pequeñez es una condición  merecedora de menosprecio; en ese caso, el diminutivo se vuelve despectivo (despreciativo).


Podemos pensar también, que quien usa el diminutivo considera que dicho sustantivo (del que salió el diminutivo) merece nuestro amparo, nuestro cariño, nuestra protección.


Dice el gramático y lingüista  Martínez Amador: “el castellano está tan lleno de diminutivos que si se emplean sin reflexión y sin compromiso, caen en el ridículo”.


Pensemos en este siglo XXI, cargado de extrañezas en el lenguaje, las costumbres, la poesía, la educación, el arte, la familia, las modas, la política, el poder etc.; y recordemos esas boberías y ridiculeces que a veces nos toca escuchar: al entrar a un almacén, nos dicen: "¿En qué podemos servirle, madrecita?". Al tomar un taxi, el conductor pregunta: "¿A dónde la llevo, mamita?". En una farmacia, el jovencito dice tiernamente: "Ese producto no lo tenemos, amorcito". En muchas empresas e instituciones usan como demostración de cariño el vocablo “capullito”.


Otras veces, el diminutivo encierra un matiz ponderativo (elogioso) o peyorativo (desfavorable), que lo pone casi a la altura de un aumentativo. Ejemplo: la expresión que se dice al amanecer, cuando la noche estuvo “oscura”, amargada por dolores físicos o morales, o por causa del ruido “súper” que los vecinos han puesto en marcha para hacer desaparecer el sueño: "¡Qué nochecita!" Por un lado, pondera el disgusto sufrido y por el otro, esa frase es absolutamente peyorativa.


En los diminutivos, el ser humano suele esconder su falsa humildad o su poca capacidad de pensar mejor; es cuando dice: necesito una casita; estoy esperando un trabajito.


Pienso que si le pide a la vida una casita, una “casita” tendrá; si espera un trabajito, un “trabajito” le llegará. Debiera desear, pedir, luchar por tener ¡una casa!, ¡un trabajo!


Por qué los amigos le cuentan a uno: leí un librito; me fue bien en el paseíto; te voy a acompañar un ratico; está muy linda la finquita; trabaja en una escuelita, etc.


¡Nos estamos volviendo muy pequeños con ese “habladito”!


Empleo de uno, una:


UNO, por su forma masculina, pierde la "o" cuando precede al sustantivo, ejemplos: un señor, veintiún niños, treinta y un días. Del contexto se deduce su carácter: si es adjetivo numeral, (un libro, dos libros, veintiún libros) o si es artículo indeterminado (un hombre desconocido, un libro cualquiera). Delante del sustantivo femenino no se apocopa, ejemplos: una señora, veintiuna conferencias,  treinta y una damas.


La estilística recomienda no abusar de los artículos indeterminados: "un", "una" porque son galicismos y afean el estilo; un ejemplo moderno del abuso de dichos vocablos: “Puede muy bien cualquiera llegar a ser un gran hombre sin estar dotado de un talento ni de un ingenio superior, con tal que tenga valor, un juicio sano y una cabeza bien organizada.” Al anterior texto le sobran casi todos los artículos indeterminados.


Es válido el uso de uno en relación con la mujer cuando se refiere a hechos no específicos de las damas, es decir, hechos comunes a los dos géneros; así, pueden decir las mujeres: uno no mira muchos almacenes; uno no pasea por las avenidas. Uno piensa en él.