Columnistas

Mare-Moto
Autor: Rubén Darío Barrientos
9 de Julio de 2015


Colombia, es el segundo ensamblador de motos en América Latina, después de Brasil. El año pasado se vendieron 750.000 motos, más del doble de carros nuevos. Impresiona la cifra, pero impacta más aún la tendencia.

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Colombia, es el segundo ensamblador de motos en América Latina, después de Brasil. El año pasado se vendieron 750.000 motos, más del doble de carros nuevos. Impresiona la cifra, pero impacta más aún la tendencia: El parque de motos, que hoy llega a 5 millones, será de 18 millones en 2040. Estamos en presencia de toda una inundación irrefrenable, de un auténtico maremoto. El crecimiento anual de motos nuevas en nuestro país, se sitúa hoy en un 500 por ciento. 


Entretanto, la Organización Panamericana de la Salud (O. P. S.) y la Organización Mundial de la Salud (O. M. S.) han dado a conocer el estudio “Tendencias de heridas fatales en las Américas”, que revela estadísticas preocupantes de los niveles de mortalidad en moto, en los que Colombia lidera la triste lista (tasa de 4,2 por cada 100.000 habitantes). Según cifras del Fondo de Prevención Vial, en el 41 por ciento de los incidentes de tránsito que ocurren en el país, está involucrada una moto. El año pasado murieron cerca de 2.300 motociclistas y más de 19.000 resultaron heridos.


Hace una semana, se presentó en Bogotá por el Banco de Desarrollo de América Latina, el estudio “Motociclistas en América Latina”. Se indicó, entre muchas cosas, que en Bogotá es más barato usar moto que montarse en Transmilenio. Y también se hizo saber que es 35 veces más alta la tasa de mortalidad de los motociclistas frente a los ocupantes de un automóvil. La conclusión fue elemental: Las motocicletas se han convertido en la forma más peligrosa de transporte.


Pero el foco del estudio tenía otro miramiento: demostrar que el ritmo endemoniado de ventas de motocicletas se está convirtiendo en una letal competencia para el transporte público, pues la gente por doquiera se está bajando de los buses para montarse en una moto. Los usuarios piensan que es mejor usar este vehículo pues consideran que es una superior opción frente a los prolongados tiempos de viaje del servicio público.


Y el informe de la CAF entregó sugerencias para reducir esa fuga de usuarios (competitividad, tarifas, frecuencia del servicio, integración con alimentadores, confort). Se asegura que en América Latina circulan 50 millones de motos, en donde Brasil le sigue los pasos a Colombia. Y Argentina y Venezuela, no se quedan atrás. En nuestro país, uno de cada cinco usuarios de motos, se ha accidentado leve o gravemente. El estudio recopila por primera vez información de 17 naciones de la región para subrayar la gravedad del problema y plantear hipótesis que podrían explicar su fenómeno.


Los vendedores de motos, la tienen fácil: a) bajos precios, básicamente entre 2 y 5 millones de pesos; b) no hay pago de peajes; c) su avance supera los problemas de movilidad (tacos); d) mejora de tiempos de tráfico frente al servicio público y e) leve pago de impuestos versus los automóviles. De igual forma, se han convertido en herramientas obligatorias de fuentes de empleo (mensajeros con moto). 


Siempre me he preguntado, el porqué de tantos accidentes de los motociclistas y no cambio de parecer: la impericia (le venden a cualquiera una moto con la cédula, sin codeudor, sin cuota inicial y con crédito a 48 meses), la mala capacitación de las escuelas de conducción y no acatar las normas de tránsito. Pienso que se debería presentar un riguroso examen teórico y práctico en una entidad diferente a una escuela de conducción para que el usuario demuestre idoneidad para manejar. Tiene lógica, que los buenos conductores de motos casi nunca se accidentan. 


Si ahora es difícil conducir con tantas motocicletas en derredor, ni hablar de lo que será en el futuro, en donde incomoda que muchos conductores de estos vehículos están haciendo negocio frente a conductores de automóviles, en tratándose de colisiones leves, simples roces y caídas sin peligrosidad. Hay mucha imprudencia también, porque se abusa del zigzagueo, de la invasión de carriles centrales, del lado indebido de circulación y del paso de semáforos en rojo. Por lo pronto luce imposible crear carriles solo para motociclistas. Para evitar tantas muertes, se requiere filtro y mano dura de las autoridades y exigencia denodada. El reto no es fácil.