Columnistas

Los bellos y las feas
Autor: Mariluz Uribe
8 de Junio de 2015


Ahora dizque el mundo está más o menos dividido entre  hombres y mujeres, algunos gustan de ellos mismos y otros de otros.

Ahora dizque el mundo está más o menos dividido entre  hombres y mujeres, algunos gustan de ellos mismos y otros de otros. Alguna mitología griega dice que en el principio la humanidad no estaba formada por dos clases de seres sino por seres que eran una pareja.  


Con la evolución estos seres se desemparejaron y dizque van por el mundo buscándose, algunos se re-encuentran y otros no. La promesa de su mitológico (mitos= mentira…) paraíso es que en él se reencontrarán.


Mientras tanto por aquí en la tierra que nos tocó, andan algunas parejas parejas, otras disparejas, mucha gente sola y el resto separada, según la moda actual, cuyo diseño es “no aguanto más”.


Tanto los hombres como las mujeres a su vez se dividen en dos sub categorías, esto es en feos y bonitos.  Los hombres en general son más bellos que nosotras, (en todo caso hay que decírselos) como sucede  desde luego con todos los animales masculinos de la naturaleza, que son más “pispos” que las animalas femeninas, todo para seducirlas a ellas. 


Ejemplos fáciles de percibir son el pavo real que abre su gran cola para pavonearse ante la pavita y ésta queda hipnotizada. Lo mismo pasa con el crestudo y cacareante gallo que humilla a la gallina (¡si cuando insultan a cualquiera le dicen gallina!). Y ese toro tan machito que hasta lo torean, lo que dio lugar a un verbo muy usado: “no me toree m´hija!”. Y mientras tanto la vaquita pensando que sin ella no habría paraíso.


Y si en un zoológico observamos con cuidado veremos al mico mirándolo a uno mientras se come un plátano que pela con perfección, y por detrás llega la mona a acariciarlo coquetamente, y él no se da por aludido, no sé cuándo ya no hay público cómo será la cosa.  Pero sí sé que hacen experimentos con ellos por lo parecidos a nosotros los que tenemos dizque alma diferencial y asexuada.


En el género humano, algunos hombres menos favorecidos por la naturaleza, han patentado aquello de que “El hombre como el oso mientras más feo más hermoso”. De manera que ellos ya por su belleza, ya por su parecido con el oso que los deja apoyarse en la famosa frase, no se preocupan mucho de su aspecto, si hasta la corbata (el símbolo fálico, como dijo Freud) se la quitaron y andan descamisados aún en reuniones  políticas, sociales o antisociales, y como que están convencidos de que de todas maneras van a gustar... Quién sabe, tal vez le gusten a alguna descamisada rezago del tiempo hippie. Las otras seguimos mirando “la pinta”. De frente, de lado (barrigas, envidia del embarazo según Freud) en reversa y viceversa. Así nos endulcen las orejas, todo entra por los ojos y bueno, por el tacto si olvidamos ponernos las antiparras (pero nunca el peluquín).


Y ellos son buenos para inventar lo que les convenga. Si hasta en un tiempo tuvieron cara de decir que no teníamos alma, pero eso sí nunca negaron que tuviéramos otras cosas que les interesaban más.


Y eso que no sabían que los necesitábamos para procrear, creían que lo hacíamos solitas y por eso éramos tan importantes. Cf.: Martín-Cano Abreu, F.: ¨Creencia arcaica en la ausencia del poder fecundador del varón.” 


Pues sí, hace ya más de veinte siglos, en esos tiempos del Matriarcado, tuvimos la debilidad de entregarles el poder, y se han amañado con él.  Creo que la  bobada fue nuestra pues nos dejamos embaucar para tener lo único que no teníamos. Y nos cogieron como ventajita, tan completos y mandando (o por lo menos creyéndosela).


Psicóloga PUJ y Filóloga U de A