Columnistas

L韉eres sin tocayos
16 de Mayo de 2012


Hace tres meses estuve autenticando un documento en una notar韆 de Medell韓 con mi esposa.

Danny Garcia Callejas


Hace tres meses estuve autenticando un documento en una notaría de Medellín con mi esposa. Al entregarle al notario los papeles para su firma, él, al leer la última línea con los nombres y firmas de los dos, nos contempló a ambos y luego fijó su mirada en Claudia y preguntó: — ¿Quién es Danny?, obviamente sugiriendo que Danny es un nombre femenino.


Y no es la primera vez que me sucede. En el aeropuerto, rumbo a Bogotá, antes de entregar mi tiquete, observé que decía “Sra. Danny”. Sin duda, había pasado la prueba de los nombres creativos y escasos: si al leer su nombre no es obvio su sexo, pertenece al grupo de los sin tocayo.


Y quién creyera, pero su nombre podría afectar sus oportunidades en nuestra sociedad. Por ejemplo, un estudio realizado por Alejandro Gaviria, Carlos Medina y María del Mar Palau encuentra que un nombre poco convencional puede representar hasta un 15% menos de salario para el hombre que lo posea o un 17% menos para el caso de una mujer.


Equivocadamente, algunos individuos asocian los nombres atípicos con la condición socioeconómica de las personas reproduciendo un estigma que deriva en estereotipos que reducen las oportunidades económicas y sociales para sus portadores. Por ejemplo, se pueden desencadenar juicios de valor clasistas y discriminadores como el siguiente: una persona con un nombre poco tradicional debe pertenecer a un estrato bajo por lo que probablemente sea violenta, tenga bajo desempeño y poca ética.


En nuestra sociedad tendemos a juzgar con frecuencia los libros por su cubierta contribuyendo a la inequidad y exclusión social y política.


No obstante, el panorama está cambiando. En el Valle de Aburrá, de 158 concejales, 13% o 20 concejales poseen al menos un nombre atípico. Similarmente, de los más de 1.400 concejales en Antioquia, 16% o 224 tienen un nombre poco convencional, como: Yofran, Emidio, Milexon, Clodobaldo, Nevin, Ferlis, Ronis, Teodulfo, Esaul, Enor, Soley, Yabrudy, Meris, Leiver, Nonato, Margelica, Ever, Onido, Nolasco, Edimer, Naval, Tarcila, Clodomiro, Islen, Millet, entre otros.


Algunos de estos nombres proceden de otros idiomas, dialectos o regiones del mundo. Por ejemplo: Benilda es un nombre de origen germánico que significa “la que lucha”; Danny es un nombre hebreo diminutivo para Daniel que significa “Dios es mi juez” o “el elegido”; Nevin proviene del latín y significa “santo, sagrado, siervo al servicio de los santos”.


Es más, el nombre Barack, del primer mandatario estadounidense, es poco convencional en Estados Unidos. Sin embargo, este nombre de origen africano tiene un bello significado: “el bendecido”.


Así pues, antes de juzgar a alguien por su nombre conózcalo, despréndase de estereotipos y estigmas y realice un acto de inclusión y equidad social: podría estar ante un ciudadano comprometido con su comunidad y líder sin tocayo.