Columnistas

Las ventajas de votar en blanco
Autor: Jorge Arango Mejía
2 de Febrero de 2014


Explico nuevamente por qué votaré en blanco y por qué es importante hacerlo, especialmente en las elecciones para presidente, que habrán de celebrarse en mayo de este año.

zipa36@yahoo.com


Explico nuevamente por qué  votaré en blanco y por qué es importante hacerlo, especialmente en las elecciones para presidente, que habrán de celebrarse en mayo de este año.  Es necesario hacer claridad sobre conceptos falsos que han hecho circular los enemigos de esta idea. Y no sólo los enemigos: también la revista Semana, por internet. 


La primera es la diferencia entre no votar y votar en blanco.


Quien vota en blanco, no solamente manifiesta su opinión, de conformidad con las reglas de la democracia, sino que protesta. No contra el sistema, sino, concretamente contra los politiqueros, que son -según antigua definición de la palabra “politiquería”- los que “bastardean el sentido de la acción política”, tanto los que gobiernan como aquellos que están en concejos, asambleas y Congreso. Todos los politiqueros son corruptos, porque corrompen la política, que por naturaleza es un noble ejercicio, y la convierten en feria de intereses subalternos, en la cual todo se compra porque todo está en venta: puestos públicos, contratos, votos, adhesiones etc.


El que no vota, lo único que demuestra es su desinterés, su indiferencia en relación con el acontecer social y político: le da lo mismo si el gobierno es bueno o malo; si los elegidos cumplen sus promesas o se dedican a saquear el erario; si las obras públicas se construyen como se planearon y cuestan lo establecido en su presupuesto, o quedan inconclusas y se vuelven elefantes blancos,  nidos de ratas y otras  alimañas. Dice que no le importa la política pero necesariamente tiene que sufrir la politiquería, cuando los servicios públicos no funcionan, cuando los medicamentos son cada día más costosos, cuando no consigue un empleo porque todos son para los validos de los gamonales. Estos últimos -con apodo de animal o de cosa-, pero todos especímenes de la misma fauna variopinta; son los que dicen “tengo diez mil votos” con la misma frescura que dirían “tengo diez mil vacas”.


Quien no vota, contribuye a perpetuar estos cánceres sociales en el poder, dueños absolutos de sus “feudos podridos”, como dijera alguna vez  López Michelsen.


De otra parte, hoy, después de la reforma constitucional hecha por el acto legislativo No. 1 de 2009, solamente se requiere la mayoría relativa del voto en blanco, no la absoluta. Dice el parágrafo del artículo 258 de la Constitución:


PARÁGRAFO 1o. Modificado por el Acto Legislativo 1 de 2009, art 9. El parágrafo 1º del artículo 258 de la Constitución Política quedará así: 


Deberá   repetirse por una sola vez la votación para elegir miembros de una Corporación Pública, Gobernador, Alcalde o la primera vuelta en las elecciones presidenciales, cuando del total de votos válidos, los votos en blanco constituyan la mayoría. Tratándose de elecciones unipersonales no podrán presentarse los mismos candidatos, mientras en las de Corporaciones Públicas no se podrán presentar a las nuevas elecciones las listas que no hayan alcanzado el umbral. (subrayas, fuera del texto)


La diferencia está, repito, en que antes el voto en blanco tenía que ser la mayoría absoluta,  vale decir, el 50% más 1, de los votos válidos; y ahora, la mayoría simple o relativa. Ejemplo, primera vuelta presidencial: 


Total votos válidos: 10.000.000; candidato S) saca 2.950.000 votos (29,5%); candidato Z) obtiene 2.550.000 votos (25,5%); candidata R obtiene 1.000.000 de sufragios (10,00%); votos en blanco, 3.090.000 (30,09%). Resultado: gana el voto en blanco, con el 30,09% de los votos válidos. Con la norma anterior habría tenido que haber 5.000.00l (cinco millones + un voto) votos en blanco, la mitad más 1 de los votos válidos.


Los tarjetones no marcados, son votos nulos, que solamente se cuentan para descartarlos. Hay que marcar la casilla de voto en blanco.


Consecuencia: se repite la elección para presidente, pero los candidatos  S), Z), y R) no pueden volver a presentarse.


¿Alguien se imagina la lección para los politiqueros, para la llamada clase política? Desaparecerá aquella tontería de “yo voto por S), que es el menos malo”. Y la gente se acostumbrará a votar siempre por el mejor, al menos por el que considere un buen candidato. ¡Sí puede ganar el voto en blanco! ¡Si las elecciones presidenciales fueran hoy domingo, 2 de febrero, ganaría, pues Santos solamente tiene el 26%!  Y recuerden que el voto es secreto: ¡nadie los “castigará” por votar en blanco!