Columnistas

¿En qué consiste la credibilidad?
Autor: Alfonso Monsalve Solórzano
15 de Abril de 2012


El principio de presunción de verdad consiste en que cada miembro de una conversación (hablada o escrita) presupone que el otro dice la verdad cuando enuncia un hecho.

El principio de presunción de verdad consiste en que cada miembro de una conversación (hablada o escrita) presupone que el otro dice la verdad cuando enuncia un hecho. Sin esta presunción sería imposible diferenciar lo verdadero de lo falso (o en el campo de las acciones, lo correcto de lo incorrecto). Hoy analizaré el concepto de credibilidad.


Cuando alguien transmite una información, se supone que es verdadera (y de paso, que quien la transmite, generalmente actúa de buena fe). Su confrontación con los hechos llevará a reafirmar dicha verdad y se admitirá o, por el contrario, se dirá que es falsa y se rechazará.


Hay credibilidad cuando se reconoce que un individuo o una institución, etc., que interactúa comunicativamente durante un tiempo prolongado, y, quizá, durante el curso de su vida, tiene como norma decir la verdad y/o actuar correctamente.


Un individuo, institución, etc., que tiene credibilidad, ocasionalmente dice enunciados falsos o actúa incorrectamente. Ello no hace que pierda su credibilidad, pues en términos generales actúa según la norma que acabo de estipular. Ahora bien, si comienza repetidamente a decir falsedades o a mentir, perderá la credibilidad que tiene.


Por el contrario, no hay credibilidad cuando los destinatarios de la información han comprobado por sus experiencias anteriores que quien la emite generalmente dice falsedades o mentiras (falsedades conscientes).


La credibilidad es un valor muy importante cuando se trata de argumentos de autoridad (que se admiten por la credibilidad que tiene el emisor), en política, en ética, y en el campo de la justicia. Concentrémonos en ésta última.


Si un criminal hace acusaciones y éstas son contradictorias o resultado de la venganza o de la conveniencia (por ejemplo, de recibir un beneficio penal), carecen de credibilidad, y nadie razonable las admitirá como verdaderas o tendrá dificultad en hacerlo y someterá a prueba más allá de toda duda razonable lo dicho para poder aceptarlo.


Este tipo de acusaciones se están dando en nuestro sistema judicial con una frecuencia impensable: algunos de los agentes del sistema toman aseveraciones, provenientes de personas reconocidas por decir falsedades y mentiras, como si fuesen verdades, sin la verificación debida.


Así, hay gente que ha sido condenada por denuncias de un determinado paramilitar mientras que a otros no se les investiga o ésta queda en preliminares, porque no le dan credibilidad al mismo “testigo”. A algunos los condenan por correos electrónicos encontrados en computadores, al tiempo, por ejemplo, que deciden no investigar a otros, mencionados en correos electrónicos encontrados en los computadores del señor Devia, conocido como Raúl Reyes, cuando una institución tan respetable como la Interpol garantizó la autenticidad de los mismos.


¿Por qué ocurre este fenómeno? En mi concepto porque en esas ocasiones hay un sesgo ideológico y/o político. Una justicia así pierde su credibilidad y legitimidad, porque el trato igual y el debido proceso quedan gravemente lesionados.


Esta reflexión me viene a la cabeza cuando me entero de que el doctor Guillermo Gaviria Echeverri, destacado empresario, director de El Mundo y uno de los intelectuales más respetables y universales que he conocido, ha sido sometido a detención domiciliaria por una fiscal que le da credibilidad a lo dicho por un jefe paramilitar, en una investigación pedida por el propio doctor Gaviria. El contenido simbólico de esa medida está claro: la palabra de un paramilitar tiene más valor que la de un ciudadano de bien, víctima como el que más del conflicto armado, que presentó pruebas ante el ente acusador de que había sido extorsionado. El doctor Gaviria me merece la mayor credibilidad, y estoy seguro que así piensa la mayoría de los antioqueños. Mi sincera solidaridad con él y su familia.