Columnistas

El sentido de pertenencia
Autor: Rubén Darío Barrientos
5 de Mayo de 2011


Se acaba de retirar de Philip Morris (antes Coltabaco), el distinguido ingeniero Juan Rafael Cárdenas Gutiérrez, tras una faena laboral de 52 años de fecunda gestión.

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Exactamente ello ocurrió el último 26 de abril. Y en otro abril, pero de 2005, había dejado también a Coltabaco, el insigne abogado Darío Múnera Arango, luego de prestar sus servicios por 56 años a la compañía. Ambos ejemplos, muestran las trazas de un infinito sentido de pertenencia por la institución que laboralmente los abrigó. 


Y traigo a colación lo anterior, porque el sentido de pertenencia pareciera estar en vía de extinción. La juventud de hoy, tan desapegada a las cosas, no vibra con las empresas. Por cualquier incentivo menor se muda de una compañía a otra. Le cuesta “ponerse la camiseta” y hace sentir que su paso por el mundo laboral es un mero accidente. Su hoja de vida (“hoja indebida” como diría la columnista Elbacé Restrepo), registra un cúmulo de tiempos cortos en su cargos, como si la estabilidad fuera un bicho raro.


Hogaño, durar en una compañía es una rareza. El uno llega a los dos años, el de más allá a los cinco (como proeza) y el de más acá se marcha a los tres meses. Conozco situaciones reales, en donde algunas personas arrancan su actividad laboral y al día siguiente no aparecen. Con asombro se aprecia, que muchos procesos de enganche –que tardan dilatado tiempo- se van a pique con una brevísima permanencia en la empresa: más largo el noviazgo que el matrimonio.


Estos tres ejemplos, son de la vida real: el primero, se refiere a un ejecutivo de mercadeo que emergió de una exigente selección hecha por una costosa empresa cazatalentos. Ingresó a la empresa y para sorpresa de todos, a los cuatro meses y ocho días (era un viernes, para más señas), le dijo al gerente sobre el cierre de su jornada de trabajo y con un tiquete electrónico ya puesto para una cita en Bogotá el lunes a las 9 a.m., que presentaba su renuncia irrevocable, porque comenzaba a laborar el lunes en otra compañía. La razón única fue: en la nueva empresa, le cambiaban el carro.


Un segundo ejemplo, horroriza. Alude a un mensajero con moto que se vinculó a una compañía local. A los tres días les dijo que no seguía porque había muchas vueltas en bancos y que él estaba cansado de hacer filas. Y una tercera muestra, aterra: una analista financiera duró en una empresa, un poco más de seis meses. Al indagársele por el motivo de su renuncia, explicó que era porque al frente le pagaban $ 44.000 más. Adicionó que se sentía a gusto, pero que las ofertas eran para hacerse y que ella ya se había comprometido con ellos.


Queda en evidencia que el arraigo por las instituciones es cosa del pasado. Con honrosas excepciones, hoy no se aman las empresas ni hay tiempo para apegarse a ellas. No hay firmeza en los propósitos laborales y se cambia de “camello” como de piyama. Este es un llamado de atención a reivindicar ese valor que se llama sentido de pertenencia: elija bien, comprométase en serio, valore a su empleador y sea recíproco con él.




Comentarios
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anonimo
2011/05/10 10:38:12 pm
¿Sentido de pertenecia ó los bosillos llenos? Con seguridad estos 2 funcionarios no se ganaban menos de 10 ó 15 salarios minimos, Mas comiciones por objetivos logrados. Y con seguridad no estaban en ninguna de las atracadoras Cooperativas. Cuando a un pobre jornalero lo dejan trabajar tantos años, si a los 30 años de edad ya es improductivo, no produce. Con seguridad que los casos reales o ejemplos que menciona el columnista, se ganaban un (1) ó uno y medio (1.5) salario minimo y nada de comiciones. 10 veces menos de lo que los funcionarios alabados en esta columna ganan. No es falta de sentido de pertenencia, si no, los bolsillos vacios.
JOSE
2011/05/05 12:39:19 pm
La misma reflexión se puede hacer de las empresas que piensan que los empleados son desechables por ejemplo las empresas del sector financiero, o prestigiosas empresas del Grupo Empresarial Antioqueño que no tienen el menor reparo en despedir a empleados de muchisimos años de antiguedad, creyendo que por pagar una indemnizacion o una bonificación adicional por "renunciar voluntariamente" se lavan las manos, para dar pie a reestructuraciones snobistas, o afamadas entidades que ni siquiera le dan permiso para estudiar a sus empleados y se ufanan de promover el talento humano!