Columnistas

Decrecimiento: la clave para volverse rico
Autor: Carlos Cadena Gaitán
26 de Agosto de 2013


El 20 de agosto marcó un nuevo día nefasto para el planeta. En esa fecha nos gastamos todos los recursos naturales y servicios ecológicos que teníamos disponibles para el año 2013.

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El 20 de agosto marcó un nuevo día nefasto para el planeta. En esa fecha nos gastamos todos los recursos naturales y servicios ecológicos que teníamos disponibles para el año 2013. Desde el 21 de agosto ya estamos “pidiéndole prestado” al 2014.


Obviamente no le pagaremos,  el año entrante seguiremos con el consumo desaforado de recursos que asegurará que ese triste “Día del Exceso de la Tierra” caiga en una fecha anterior a la de este año. En comparación, durante 1993 esa fecha fue el 21 de octubre, y ha ido aumentando así, desde que en la década de 1970 cruzamos esa frontera desvergonzada; cuando el consumo anual de la humanidad superó la biocapacidad del mismo. Hoy, necesitamos casi 2 planetas como el nuestro, para poder mantener el ritmo de consumo desaforado que tanto predican los correligionarios de Victor Lebow.


Si su comida favorita es McDonald’s; si usted piensa que los ciclistas urbanos están locos, y fuera de eso sueña con vivir en su propio palacio a las afueras de la ciudad, le sugiero que pare de leer aquí y más bien prenda la televisión; ahí encontrará buena variedad para adormecer su cerebro.  Si por el contrario, a usted le gusta pensar, aquí van unas ideas para que se levante.


Aunque el futuro del planeta depende en gran parte de la manera como las ciudades reciban a millones de nuevos ciudadanos durante las próximas décadas, nuestros patrones de consumo también hacen parte de la gran ecuación. ¿Hasta cuándo seguiremos confundiendo calidad de vida con nivel de consumo? ¿Es necesario comprar cuanto desechable encontramos? ¿Reemplazar la energía humana por gasolina en todos los desplazamientos? ¿Botar el 20% de la comida? ¿Comprar celular nuevo cada año? Acumular más significa tener más cosas que cuidar.


Algunos periodistas financieros se ahogan en saliva cuando hablan de crecimiento económico. Es obvio; el paradigma actual reza que si los numeritos del Banco Mundial (BM) sostienen que un país va a crecer un buen porcentaje este año, entonces todo está perfecto. Por ejemplo, el BM dice que Colombia ha crecido por encima del 3.5% todos los años (con excepción del 2009) durante la última década; entonces todo perfecto, ¿ó no? Mis amigos economistas saltan cuando les hablo de esto, y por eso siempre me toca citar al genial Kenneth Boulding, otro economista histórico: “el que crea que un crecimiento exponencial es compatible con un planeta finito o está loco o es un economista”.


Los grandes ideólogos de la Teoría del Decrecimiento no son amigos del Fondo Monetario Internacional. Usted seguro ya ha escuchado sobre el tema, desde que el presidente favorito de los latinoamericanos armó escándalo en la redes sociales (disculpe: no, no es el presidente que usted está pensando). Este personaje dio cátedra pidiéndoles a los jóvenes “que se amen más y consuman menos”, y escandalizó  a nuestras familias de sangre azul confesándoles que no ve la necesidad de acumular cosas para ser rico. 


¿Pero acaso consumir menos no implica producir menos? ¡Ay! donde me lean los de Fenalco, les debe estar dando un ataque de urticaria tremendo. Sí, implica producir menos, implica reordenar totalmente nuestras prioridades como sociedad. Implica volver a definir qué es eso que nos hace ricos, ó mejor aún: felices.


Dice el famoso economista Serge Latouche que el “Decrecimiento” implica además trabajar menos; que por ejemplo, entre cuatro personas produzcan el mismo alimento (ej: a través de la permacultura) que ahora produce solo una (ó una máquina como lo dicta el fordismo extremista). Evidentemente esto implicaría productos mucho más saludables, prioridad para productos locales, reducir y reutilizar residuos y aún más importante: mejores condiciones para los campesinos que nos alimentan uno, dos; digo, todos los días de todas las semanas.


En otras palabras, implica una transformación total de la agroindustria. ¡Que pena sacar esto a colación justo en el medio de semejante paro agrario que enfrenta el país! Pero es verdad, bajo las condiciones actuales no vamos a llegar muy lejos. Ni los campesinos que cultivan los productos de nuestra mesa, ni los humanos que dependen de dietas artificiales, ni los personajes que mandan un helicóptero de guerra para traer una gaseosa. Obviamente esa, no era una gaseosa cualquiera, ni más faltaba; era una gaseosa light.




Comentarios
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william
2013/08/27 03:04:42 pm
totalmente de acuerdo, además debemos ir volviendo a actividades más primarias