Columnistas

Cómo evitar palabras malsonantes**
Autor: Lucila Gonzalez de Chavez
21 de Diciembre de 2015


Lo primordial en el manejo del lenguaje es poner en orden las ideas antes de escribir.

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Lo primordial en el manejo del lenguaje es poner en orden las ideas antes de escribir.


Evitemos los detalles insignificantes que son causa del estilo difuso; del estilo con poca precisión. La prolijidad en la expresión se debe  a la pobreza de ideas. Cuando no se tiene nada que decir, se habla o se escribe más de lo necesario.


Cuidemos el matiz de la expresión. Cuando no se conoce bien el idioma no se sabe matizar; es decir, distinguir, apreciar, armonizar, valorar...Tenemos que acertar con la palabra adecuada para no incurrir en imprecisiones, en frases sin sonoridad, sin armonía, faltas de gusto estético; evitar las cacofonías *** lo mismo que la repetición de una misma palabra: suprimamos un vocablo, o reemplacémoslo por otro sin cambiar la idea; o también, variar el escrito expresando la idea de manera diferente.


En la sustitución de un vocablo por otro hay que tener cuidado porque las palabras sinónimas no son exactamente iguales. Por ejemplo: pereza, ociosidad, indolencia, holgazanería tienen leves matices de diferencia. 


 Inquietud, alarma, perturbación, agitación pueden no expresar la misma idea dentro de un contexto.


Se cree que un diccionario de sinónimos es la tabla de salvación del escritor. Esta idea es falsa porque en determinado momento, ni el más completo diccionario de este tipo puede darnos la palabra exacta.


Escribir es algo más que resolver ecuaciones. Las palabras, a diferencia de los números, cambian de valor según el contexto. La tristeza, el amor, la ternura, la impaciencia, la indignación... son palabras cuyo contenido e intensidad dependen de los otros vocablos que las rodean o de lo que el escritor quiso decir en determinado momento. 


Sobre todo, cuando hay que matizar una expresión, por su contenido espiritual o emocional, no debemos dejarnos llevar por el fácil camino de los sinónimos; es ahí donde aparece lo malsonante: ABUNDANCIA de adjetivos calificativos, de diminutivos, de vocablos emocionales, de frases hechas, etc.


Tengamos presente que el lenguaje es  limitado, en  proporción con la riqueza infinita de los pensamientos, los sentimientos y las innumerables vivencias.


“La lengua - dice el ensayista y crítico Marouzeau - , incluso la mejor hecha, es un instrumento imperfecto, un sistema insuficiente y, a veces, incoherente de signos y procedimientos, incapaz de traducir exactamente el pensamiento”.


“La expresión lingüística - en opinión del escritor Vivaldi - no es más que una traducción aproximada de lo que, en un momento dado, pensamos, sentimos o imaginamos”.


El buen manejo del lenguaje, hablado y escrito, es un larguísimo proceso de aprendizaje que todos hemos tenido que vivir.


** Malsonante: Palabra que suena mal. 


Palabra que ofende: 1. El pudor. 2. La religiosidad.  3. El buen gusto.


En este texto, el empleo de dicho vocablo tiene que ver con la estética en el lenguaje; con el buen gusto en el estilo.


*** Cacofonía: Disonancia que resulta de la falta de armonía en la combinación de los elementos acústicos de la palabra.


Americanismos aceptados:


Vocablos nacidos en los países americanos, sin ascendencia externa;  aceptados por la RAE.


SAMBA: Danza popular brasileña, de influencia africana.


PALETA: En América Central, México, Puerto Rico, República Dominicana es “polo” o helado.


TAMAL: Empanada de masa de maíz envuelta en hojas de plátano. / Lío, embrollo, intriga. /  En El Salvador y Nicaragua: el que  roba.


CHAMBA: Familiarmente, en América Central, Ecuador, México: empleo, trabajo / En Colombia, es zanja para limitar predios.


SANDUNGUERO: fam., persona que tiene sandunga (gracia, donaire), gracioso.


CARIOCA: Natural de Río de Janeiro. En Colombia es una faja.


FONDA: En Colombia y otros países suramericanos, es puesto o cantina donde despachan comidas y bebidas. 


Fondas rurales camineras, lugares en donde además de comidas y bebidas, hay alojamiento.


CHANGO: En Honduras: el que tiene buen gusto para vestir. En Argentina: carrito para las compras. En México: mono o simio.


FRONDIO: (sin tilde) En Boyacá, Cundinamarca, Santander, Tolima: persona desaseada, sucia.


FRONDÍO: (con tilde). En Colombia: malhumorado, displicente. /  Sucio, desaseado, tosco.


CHICLE: En Colombia y Cuba: persona que molesta a otra por querer siempre estar en su compañía.