Población

Playing, the right to be happy
Jugar, el derecho a ser feliz
Autor: Natalia Gil García
25 de Marzo de 2013


A pesar de que la gran mayoría de padres colombianos reconocen los beneficios que el juego al aire libre trae en sus hijos, la falta de infraestructura, la seguridad y el relacionamiento con otros niños impiden que estas actividades se lleven a cabo.


Foto: Cortesía 

Para la Corporación Día de la Niñez, es necesario que en Colombia se piensen escenarios adecuados que permitan el libre crecimiento de los niños, tales como las ludotecas.

 


Además de desarrollar en los niños la creatividad, la confianza en sí mismos y las habilidades sociales como el diálogo y el compartir, el juego y las actividades recreativas son un derecho que tanto el Estado, como la familia y la sociedad en general deben garantizar.


Esta fue una de las conclusiones que dejó el II Foro de Desarrollo Infantil que se realizó en Bogotá y en el que expertos nacionales e internacionales debatieron acerca de la importancia del juego al aire libre en el sano crecimiento de la infancia colombiana.


Para la doctora María Lucía Mesa Rubio, integrante de la Sociedad Colombiana de Pediatría, “el juego se constituye en un aspecto de vital importancia para el bienestar de los niños ya que contribuye al desarrollo de las habilidades motrices, de agilidad y coordinación, les da felicidad, les brinda la capacidad de solucionar problemas e incentiva en ellos la independencia, pero es preocupante que la oportunidad de vivir esta experiencia sea cada vez menor y esté en declive no solo en Colombia sino alrededor del mundo”.


Los espacios abiertos dejaron de ocupar los primeros lugares entre los sitios favoritos de los niños para jugar por varias razones, entre ellas, el temor de los padres debido a las situaciones de violencia e inseguridad que se viven hoy en casi todas las ciudades del país. 


“Es lamentable tener que decir que hoy, muchos de los parques infantiles que eran el centro de la vida de un barrio, se han convertido en los lugares predilectos de otras comunidades. El consumo de alucinógenos y la delincuencia han alejado a las familias de los parques y eso ha traído también otras consecuencias”, afirmó por su parte Irma Ruth Camelo, directora de la Corporación Día de la Niñez.


Transformando hábitos


Según la Encuesta Nacional de Seguridad Alimentaria y Nutricional, Ensin 2010  los índices de obesidad y sobrepeso han aumentado en el país en el grupo de niños de 5 a 17 años: uno de cada seis tiene sobrepeso u obesidad.


Se encontró además que los niños y niñas de 5 a 12 años cada vez gastan más tiempo frente al televisor o con video juegos, tendencia que aumenta con la edad.


El doctor ecuatoriano José Emilio Reinhart, médico deportólogo, aseguró que actualmente el gasto energético de un niño está totalmente desequilibrado respecto a la ingesta de alimentos, lo que ha permitido que tanto la obesidad como otras enfermedades cardiovasculares aparezcan en esta etapa de la vida.


“Es paradójico que en los países latinoamericanos, donde se habla de altas tasas de inseguridad alimentaria y desnutrición, se presenten estos problemas que se originan no solo por la ingesta de comidas sino también por el sedentarismo. Es ahí donde las actividades y juegos al aire libre se convierten en fundamentales, ya que en ellos, se consumen las calorías necesarias para mantener un peso adecuado”, manifestó el especialista.


Por todo esto, Reinhart señaló que es importante incentivar en los pequeños el gusto por los juegos en los que se requiera de un esfuerzo físico. 


“Esto debe nacer desde el mismo ejemplo de los padres pues no le podemos pedir a un niño que haga deporte o lleve a cabo un juego si sus padres están todo el tiempo sentados frente a un computador o un televisor. El acompañamiento de los adultos en este tipo de actividades se convierte en un incentivo para que los niños las sigan practicando”, concluyó. 


Recursividad e imaginación


A pesar de que hoy en Colombia es difícil garantizar a los niños la libertad a la hora de jugar en espacios abiertos, debido a las amenazas que en estos lugares enfrentan, la creatividad a la hora de desarrollar actividades lúdicas puede ser el factor que permita que el juego siga siendo de vital importancia en su proceso de crecimiento.


“El quehacer de los niños es jugar, ellos no tienen otra cosa qué hacer”, comentó Morgan Leichter-Saxby, ponente internacional del II Foro de Desarrollo Infantil, quien desde su organización, Pop-up Play Adventure, ha inculcado el juego como herramienta transformadora de la niñez en países como Reino Unido, EE.UU. y Gambia.


“Lo que nosotros hemos hecho con Pop-up Play es crear redes comunitarias que apoyen el juego de los niños en los barrios donde viven. Esto significa que toda la comunidad se una para brindarles a los niños un espacio y materiales con los que ellos puedan jugar libremente”, explicó.


Saxby afirmó que la capacidad de imaginación de un niño es tan amplia, que de casi cualquier cosa un niño inventa un juguete. “Es tan simple como darles un pedazo de cartón y algunas pinturas y de allí ellos podrán crear un universo completo. Son cosas que no tienen mayor costo y que sin embargo pueden hacer infinitamente feliz a un niño”, dijo.


Por esto también extendió la invitación para que todos se hagan dueños de los espacios públicos que brindan las ciudades e incentiven a los pequeños a que jueguen fuera de casa. “Con cosas así de simples los recuerdos de la infancia se convierten en los más felices”, apuntó.


 



Un derecho

 


El Artículo 31 de la Convención sobre los Derechos del Niño expresa que “los estados partes reconocen el derecho del niño al descanso y el esparcimiento, al juego y a las actividades recreativas propias de su edad y a participar libremente en la vida cultural y en las artes”.


A pesar de que la Convención, aprobada en 1989, establece al juego como un derecho que debe garantizarse, hoy en día muchos países limitan dicho derecho al priorizar aquellas actividades aparentemente útiles, relegando al juego a espacios de entretenimiento, recuperación de energías o simple pérdida de tiempo.


A pesar de estas limitaciones, diversos estudios demuestran la predilección de los niños por el juego no solo como forma de entretenimiento sino también como estrategia para aprender las cosas más rápida y fácilmente.