Derechos Humanos

The fate of those kidnapped by the FARC
La suerte de los secuestrados por las Farc
Autor: Deisy Johana Pareja
4 de Noviembre de 2012


Alias “Samir”, excabecilla del frente 5º de las Farc, revela que cuando los familiares de un secuestrado no pagaban por su liberación era desaparecido. En el país unas 725 familias están en la incertidumbre de saber si sus parientes siguen con vida.

Foto: AP 

 

Durante el proceso de paz que adelanta el Gobierno Santos, los familiares de las víctimas de secuestro, desaparición forzada y reclutamiento, se unieron para exigirle a las Farc que les devuelvan a sus parientes.

 


Me entregan a mi hijo o nos matamos todos aquí”, le dijo Blanca Aidé Flores a dos guerrilleros de las Farc. Ella sacó un revólver, aseguró que era integrante de las Auc y que habría un enfrentamiento. Estaba dispuesta a morir antes que regresar con las manos vacías.


Sin importarle que en ese momento llegara una tropa guerrillera y descubrieran que ella no era paramilitar, su furia hizo que los insurgentes confesaran el secuestro de su hijo, pero no su paradero. 


Ella  dio con los guerrilleros porque le dijeron que a su hijo lo habían visto llegar amarrado a la  finca La Florida, ubicada en el sector Los Guacamayos, en Florencia, Caquetá. Hasta allí llegó acompañada de unos campesinos. 


Después de gestionar un préstamo que ningún banco le autorizó para pagar por la libertad de su hijo y de llamar más de 2.000 veces a los secuestradores, para rogarles que se lo devolvieran, Blanca recorrió vastos territorios de las selvas del Putumayo en busca de su hijo. 


Su calvario inició el 18 de noviembre de 1997, día en que desapareció Jesús Antonio Rodríguez con tan solo 22 años, en el sur de Bogotá. Al parecer, sus captores lo llevaron  junto con dos adolescentes al barrio Las Cruces, desde donde fueron trasladados hasta Caquetá.  


Al día siguiente, presuntos guerrilleros  la llamaron y le dijeron que a cambio de la liberación de su hijo tenía que pagar 20 millones de pesos. Le advirtieron que si no cumplía, su hijo tendría que cavar su propia tumba. A medida que pasaban los días aumentaba su angustia e incertidumbre. 


Un año después de la desaparición inició su travesía y recorrió las selvas del Putumayo, llegó a Las Perlas, a Angostura, a San Miguel, a La Hormiga y a El Lorito en busca del campamento guerrillero del frente 48 de las Farc, presuntos responsables del plagio. 


“En La Pradera me encontré con guerrilleros, les pregunté por mi hijo y me dijeron que si quería recuperarlo tenía que acompañarlos a Puerto Guzmán, una zona selvática.  Me recibieron 25 hombres y caminamos por más de cinco horas hasta llegar al campamento”, recuerda Flores.  


Allí estaba alias “Fabio”, comandante de ese frente, quien la retuvo por 58 días y la obligó a cocinar y a lavar ropa, hasta que se enfermó y la dejó ir sin entregarle a su hijo, sin siquiera decirle su paradero. Le dijo que en el país habían más de 90 frentes y era imposible saber quién lo tenía”, cuenta. 


Quince años después sigue sin saber si está vivo o muerto.  Este año se unió a la Asociación “Por los que Faltan”, una organización integrada por familiares de secuestrados y desaparecidos de las Farc.  Allí conoció a cientos de mujeres que aún buscan a sus hijos. Ellas no pierden la esperanza. 


Secuestro extorsivo


Silvia Serna también perdió a su hijo a manos de las Farc, desaparecido el primero de septiembre de 2011. Esa noche varios hombres lo abordaron  a la salida de la Universidad San Martín de Villavicencio, donde cursaba quinto semestre de Administración de Empresas. 


Una semana después, alias “Yeison”, integrante del frente 26 la llamó para exigirle 10.000 millones de pesos a cambio de la libertad de Édson Eduardo. Ella le dijo que era imposible reunir ese dinero.


Después de varias llamadas,  acordaron que la suma sería de 200 millones. “Vendí todos mis bienes y pagué lo acordado el 19 de noviembre del año pasado”.  


Sin embargo, los subversivos no le cumplieron la promesa de entregárselo en los próximos cuatro días. 


La Navidad y el Año Nuevo llegaron con amenazas y angustias. Las Farc ya le estaban exigiendo 300 millones de pesos más. “Era imposible reunir ese dinero, ya no tenía nada que vender”, dice. 


Ese mismo mes recibió una carta de su hijo en la que le suplicaba “Mamita, sáqueme de aquí. Me estoy volviendo loco”. Dentro del sobre también había una nota en la que los guerrilleros le escribieron “Se nos acabaron los 200 millones, necesitamos que nos pague los otros 300 para liberar a su hijo” .


Desesperada buscó a alias ‘Zarco Aldinéver’, comandante del frente que secuestró a su hijo. El líder guerrillero le confirmó que el frente 26 lo tenía, pero que si no le pagaba el resto no lo volvería a ver. La última llamada de las Farc la recibió el pasado 20 de marzo de este año.  


Si no pagaban morían


Danys Daniel Sierra, alias “Samir”, excabecilla del frente 5º de las Farc, asegura que  el grupo guerrillero no puede negar a sus secuestrados porque  él fue testigo de que en la selva quedaron más. 


Sierra explica que en los 90, las Farc crearon comisiones de secuestros con fines extorsivos. Los integrantes hacían investigaciones y seguimientos a los hijos de los millonarios, pero cuando se equivocaban y la familia no tenía dinero, preferían asesinarlos y desaparecerlos antes que liberarlos. 


Alias “Samir”, asegura que por ahora no entregará cifras sobre secuestrados y desaparecidos del frente 5º, porque aún no ha confesado ante Justicia y Paz. 


Siguen secuestrando


Clara Rojas, secuestrada junto a Ingrid Betancourt en el 2002 y directora de la Fundación contra el secuestro “País Libre”, precisa  que en lo corrido del año, la entidad tiene registros de 17 plagios aparte del funcionario de una multinacional chilena y los cuatro contratistas chinos, lo que sumaría 22 personas.


Por su parte, Sigifredo López, el único superviviente del secuestro de doce diputados del Valle en 2002, asegura que “la guerrilla que ahora ejerce de negociadora de paz debe responder por las personas secuestradas que probablemente  fueron asesinadas y desaparecidas”.


Blanca Aidé Flores afirma que en la Asociación “Por los que Faltan” hay  familiares de secuestrados que continúan revictimizadas. Después del asesinato de sus seres queridos en cautiverio,  la guerrilla les exigen de 30 a 40 millones de pesos para entregarle los restos.


“Nunca habrá paz en el país si en nuestros corazones no hay tranquilidad. Seguimos con la incertidumbre de saber si nuestros hijos están vivos o muertos”, dice Blanca Aidé. Al igual que ella hay cientos, quizás miles, de personas que llevan décadas buscando a sus seres queridos.



¿Dónde están?

 


Después de que las Farc negaran que tuvieran secuestrados en su poder, el general Sergio Mantilla, comandante del Ejército, afirmó que “muchos soldados  se perdieron en zonas de influencia de las Farc. Han pasado más de una década y no sabemos si los tienen en su poder. Las Farc no han respondido aún por esos militares, que son cerca de 60”, dijo. 


Así mismo aseguró que es muy difícil confiar en la guerrilla mientras no digan la verdad y confiesen el paradero de sus víctimas. 


“Las Farc son cínicas. Mientras no llamen las cosas por su nombre será difícil creerles,  mientras no le expliquen al país dónde están los desaparecidos entre ellos varios militares, civiles, menores de edad no podremos confiar en ellos”, agrega.


Según cifras de la Fundación Nueva Esperanza, desde 1995,  las Farc tienen 725 secuestrados, de los que no se sabe nada. 


Gustavo Adolfo Muñoz, director de la fundación, asegura que quizá algunos de los últimos secuestrados sigan con vida, pero teme que los de años anteriores estén muertos. 


El director asegura que las Farc tenían el descaro de secuestrar, cobrar por la liberación,  asesinar y revictimizar a los familiares porque les pedían entre 30 y 40 millones para devolverles los restos de su ser querido.