Derechos Humanos

La Loma: land of war and oblivion
La Loma: tierra de guerra y olvido
Autor: Deisy Johana Pareja
17 de Mayo de 2013


Continúa el temor y la zozobra en la vereda La Loma, del corregimiento de San Cristóbal. Además del desplazamiento forzado, los habitantes denuncian homicidios, reclutamientos, desapariciones y crímenes de género.


Foto: Esneyder Gutiérrez Cardona 

Homicidios de varios jóvenes y amenazas de muerte fue lo que desató el desplazamiento masivo en la vereda La Loma, de San Cristóbal. 


Ellos no juegan escondidijo, pero se ocultan en el closet, en el baño, debajo de la cama y del poyo de la cocina. Los niños, conscientes de que no es un juego, cada que escuchan detonaciones o ráfagas de fusil, se apeñuscan con sus madres en estos lugares. En esas horas de angustia, solo se les ocurre taparse con ollas o con ropa y cuando hay aparente calma, las balas siguen zumbando en su cabeza.


Así viven las familias de la vereda La Loma, del corregimiento de San Cristóbal, entre el miedo y el terror, inmovilizadas hasta en sus propias casas, donde evitan sentarse en la  acera, en la sala y en sitios cercanos a las ventanas. 


Allí quedan pocos niños y adolescentes, sus madres se vieron obligadas a desprenderlos del hogar sacándolos del barrio porque fueron advertidas por criminales. Si sus hijos no se unían a ellos, tenían dos opciones, irse o morir. 


Aunque esta amenaza y los desplazamientos forzados silenciosos que venían desde hace dos meses, salieron a luz pública esta semana, en la zona aún hay muchas otras violaciones a los derechos humanos, crímenes que la ciudad ignora. 


David*, quien afirma ser exintegrante de un combo de la Comuna 13, revela que las bandas criminales que delinquen en La Loma, cometen masacres y desaparecen a sus víctimas, arrojándolas a La Arenera y a La Escombrera, violan mujeres y cooptan niñas para la guerra, las explotan sexualmente dentro o fuera de la ciudad y las obligan a ingresar celulares, dinero y armas a las cárceles. 


Crímenes que según él han sido constantes en los últimos cuatro años, pero que han permanecido en el anonimato, en la indiferencia y en el olvido. “Tuvieron que irse más de 200 personas para que la Administración volteara hacia acá, ¿cuántas tendrán que morir para que la ciudad entienda que la maldad manda aquí?”, cuestiona. 


Fernando Quijano, analista del conflicto urbano y director de Corpades, confirma que en La Loma asesinan jóvenes por no unirse a grupos ilegales, que también hay desapariciones forzadas, fosas comunes y casas de tortura. 


“La gente tiene restringida la movilidad hasta para ir a trabajar, hay toques de queda, los delincuentes paran fiestas familiares, cumpleaños y matrimonios”, precisa.


La felicidad hace mucho tiempo se fue de La Loma, los niños se olvidaron de ser niños, no juegan y pocos van a la escuela. Aunque las casas no son tugurios, la gente está renunciando a ellas, al igual que a sus animales y a sus cultivos.


Los vecinos recuerdan que en La Loma nacieron las primeras mutuales de Medellín, que allí había natilleras, grupos musicales, artesanales y culturales, cosas que desaparecieron con la violencia. “La Loma era una, pero desafortunadamente la guerra la dividió, la volvió retazos y la dejó en el olvido”, dicen.


Disputa 


Al parecer, “los urabeños”, conocidos en la vereda como “paraguayos”, se disputan ese territorio con “los pesebreros”. 


La confrontación se siente con más fuerza en las fronteras de los sectores de San Gabriel, San Pedro, Bellavista, San José, Loma Hermosa y Barrio Nuevo, en esta última,  se encuentra La Escombrera, donde supuestamente arrojan cuerpos. 


Quijano advierte que “los urabeños” están construyendo una base paramilitar detrás de la vereda, por lo que constantemente llegan hombres de Urabá que ingresan por el Túnel de Occidente. “El último caso lo detectamos hace un mes, cuando llegó un camión cargado de criminales”, cuenta. 


Por su parte, el excombatiente de las bacrim precisa que las organizaciones  ilegales además de disputarse las rutas de armas, drogas e ingreso de tropas criminales, están tras el control del poliducto Sebastopol-Medellín-Cartago, el que pasa por la frontera entre la Comuna 13 y el corregimiento de San Cristóbal. 


Agrega que las bandas criminales quieren  desplazar a las personas que viven en los dos cañones de La Loma, por donde pasa ese poliducto, para  convertir las casas en trincheras y meter a los hombres que llegan de Urabá. 


Mientras tanto, Quijano explica que tanto “los urabeños” como “los pesebreros” son responsables de esos desplazamientos masivos. 


Afirma que “los urabeños” tienen ocho ordeñaderos en ese poliducto. “Por unas válvulas se roban la gasolina de Ecopetrol”, advierte.


Aunque el coronel Miguel Rúa, subcomandante de la Policía Metropolitana, reconoce que la extracción de gasolina es una de las rentas de las bandas criminales, asegura que el poliducto es cuidado por el Grupo de Operaciones Especiales Hidrocarburos de la Policía Nacional y que hasta ahora no se ha detectado ninguna irregularidad o perforación en el tubo. 


Conflicto


El director de Corpades explica que desde hace más de una década en La Loma hay una guerra silenciosa. “La situación de la vereda es la herencia que quedó de las operaciones Mariscal y Orión, en el 2002”.


Precisa que desde la época de la milicia independiente Comandos Armados del Pueblo, Cap, y el ingreso de los bloques Metro y Nutibara de las Auc a la Comuna 13, a finales de los 90, había vínculos entre la Fuerza Pública  y los paramilitares, nexos que según él aún persisten. 


Y que al parecer quedaron al descubierto esta semana, cuando habitantes de San Gabriel les exigieron a las autoridades cambiar a todos los uniformados que vigilaban la  vereda porque algunos trabajaban en conjunto con los combos. 


Pese a que el general José Ángel Mendoza, comandante de la Policía Metropolitana, y el alcalde Aníbal Gaviria, reemplazaron a los uniformados, anunciaron investigaciones y ofrecieron garantías de protección y de seguridad,  14 familias abandonaron la zona ayer. 


Aunque el Gobierno continúa trabajando para recuperar la confianza y para ofrecerles a las familias un retorno digno, cada día hay nuevos desplazamientos y nuevas amenazas.  


Luis Fernando Suárez, vicealcalde de Seguridad y Gobernabilidad, asegura  que la fuerza va a permanecer en la zona esperando a las familias que deciden regresar. “La Policía y el Ejército no se pueden retirar del territorio hasta que se considere necesario”, sostiene. 


El funcionario invita a creer en la institucionalidad y a privilegiar la legalidad. “No nos podemos dejar cooptar por los bandidos, tienen que confiar en la Alcaldía”. Así mismo, advierte que “no le vamos a entregar la ciudad a los delincuentes”. 


Sin embargo, Claudia*, una de las madres que se desplazó ayer, sostiene que la vereda La Loma hace muchos años está en manos de los combos, “los que se roban a los jóvenes, amenazan, desplazan y asesinan, están tranquilos, mientras nosotros vivimos una tragedia”, afirma.


Unos retornan, otros se van. Hasta ahora se han desplazado cerca de cien familias y han retornado solo 25, lo que demuestra que persiste el miedo y la desconfianza en los habitantes de La Loma. Solo basta con visitar el barrio, ver a la gente empacar sus cosas con impotencia, rabia y dolor para darse cuenta. 


*Nombres cambiados por petición de las fuentes




Piden intervención


Claudia*, desplazada de San Gabriel, asegura que si La Loma hubiese sido intervenida a tiempo, no se les saldría de las manos a las autoridades. “Dejaron que ese monstruo creciera y que aterrorizara a toda una comunidad”, dice. 


La madre advierte que en La Loma no hay parques ni lugares de esparcimiento para los jóvenes, la única biblioteca la cerraron por amenazas de combos, los colegios al igual que las casas se están vaciando. 


Además confirma que allí continúan las desapariciones, los homicidios y  las violaciones contra las mujeres. 


Sin embargo, Luz Patricia Correa, directora de la Unidad de Víctimas, asegura que a la entidad solo han llegado denuncias de desplazamiento forzado. La funcionaria invita a las familias a denunciar  las demás victimizaciones. 


“‘Medellín un hogar para la vida’ no aplica para La Loma, estuvimos mucho tiempo en el olvido, a merced de los criminales. Se acordaron de nosotros porque denunciamos ante la Personería más de 70 amenazas y desplazamientos”, dice Claudia.


Los habitantes esperan que la intervención no solo sea con aumento de pie de fuerza sino también con desarrollo social.