Derechos Humanos

Opportunities for former inmates are lacking
Faltan oportunidades para los pospenados
Autor: Heidi Tamayo Ortiz
5 de Junio de 2014


El Instituto Carcelario y Penitenciario de Colombia, Inpec, no hace seguimiento a la población pospenada sino que busca a otras entidades que trabajan en pro de la resocialización.


Foto: Archivo El Mundo 

Se requiere un trabajo que empiece en los centros de reclusión, para que la resocialización sea exitosa.

Recuperar la vida luego de cumplir una condena privativa de la libertad no es tarea fácil. La familia, el trabajo y las relaciones sociales son aspectos que cambian de forma drástica y difícilmente vuelven a ser los mismos. Para la población pospenada, traspasar las rejas de una prisión se convierte en uno de los retos más importantes de la vida. Existen múltiples condicionantes que determinan el éxito o el fracaso de una verdadera resocialización. 


Reencontrarse con la familia


Cuando Cecilia volvió a su casa, luego de diez años de estar recluida en la cárcel El Buen Pastor, su esposo y sus hijos la recibieron entre lágrimas y sonrisas. La alegría del retorno se vio opacada una semana después por la muerte de su madre y la decepción la acompañaría siempre, por el poco apoyo que sus hermanos le brindaron no solo durante su estadía en prisión sino también cuando salió libre. Además, sus hijos menores tenían problemas escolares y sociales. Debía emprender una gran lucha para recuperar todo lo que un día perdió. 


Y es que regresar a casa, luego de haber estado en prisión puede ser uno de los momentos más felices y, a la vez, más traumáticos para una persona pospenada. Si bien, en muchas ocasiones los lazos familiares se fortalecen tras la experiencia del encarcelamiento, en otras, estos sufren rupturas que causan problemas fuertes en la dinámica del hogar. Para el expersonero de Medellín, Jairo Herrán, “hay una tendencia a que se estrechen los vínculos con la familia inmediata (padres, esposos, hijos) y a que se debiliten con otros familiares lejanos, como tíos, suegros y primos”.  Sin embargo, Herrán afirma que esta situación depende de factores como el estrato socioeconómico y las tradiciones de cada familia. 


Para los que son padres, la situación con los hijos puede tornarse conflictiva, en tanto que luego de largos tiempos de ausencia, surgen nuevas dinámicas familiares y se establecen reglas diferentes. Para muchos niños y jóvenes es muy difícil volver a ver en su papá o su mamá una figura de autoridad, sobre todo, cuando el tiempo en la cárcel ha sido prolongado y otros adultos se han hecho cargo de su crianza. “Muchas veces, los hijos ya no hacen caso y el haber estado en la cárcel les quita a los padres autoridad moral para corregirlos”, expresa Herrán. 


Si bien, los reclusos sufren por la ausencia de sus seres queridos, el paso por una cárcel también causa estragos irreparables en muchas familias. Algunos jóvenes deben dejar sus estudios, para trabajar y hacerse cargo del hogar. Otros, se inician en el mundo del alcohol o la drogadicción y, unos más, pueden presentar problemas académicos y de socialización en el colegio. Las relaciones familiares son el primer reto de la población pospenada, pues contar con el apoyo de los seres queridos ayuda a la rehabilitación y a superar las secuelas del encierro. 


El trabajo más duro


Sin el apoyo de su familia, el dinero era primordial para Cecilia. La suerte de ser aceptada en una empresa se esfumó dos días después, cuando consultaron su pasado judicial. En muchos lugares le negaron la oportunidad de trabajar, por su condición de exreclusa. Luego de mucho luchar, pudo conseguir un crédito en la Confraternidad Carcelaria de Colombia, para iniciar su negocio de confecciones.


Una vez que los pospenados se instalan de nuevo en sus hogares, empieza la lucha por encontrar un trabajo. Las oportunidades de empleo para alguien con historial delictivo son muy reducidas, pues la mayoría de empresas no está dispuesta a contratar a alguien que despierta su desconfianza. Según Luis Eduardo Peláez, abogado especialista en ciencias penales y penitenciarias, “a los altos índices de desempleo, se suma otro factor que reduce las posibilidades laborales de los pospenados: los antecedentes judiciales, que con mucha frecuencia son consultados antes de contratar a los empleados”.


Si bien, una persona que cumplió condena privativa de la libertad no puede ejercer cargos públicos, el sector privado sí puede brindarles la oportunidad de empleo, sin embargo, no existe voluntad para hacerlo. Como explica Peláez, “la Ley 65 de 1993, entrega unos beneficios tributarios para las empresas que contraten pospenados, pero esa medida  no se incentiva ni se practica”. Además, existen otros requisitos que la población pospenada no puede cumplir, tales como el manejo de programas informáticos u otro tipo de conocimientos que no se adquieren en los centros de reclusión.


En algunos casos, la formación laboral y académica que reciben dentro de las cárceles no es útil al recuperar la libertad y, cuando sí lo es, no pueden aplicarla debido a la imposibilidad de ingresar al mundo laboral. Para Herrán, las empresas “sostienen que no hay discriminación contra las personas que cumplieron condena privativa de la libertad, pero en la práctica, siempre las segregan”.


Como consecuencia, los pospenados quedan sin ingresos económicos y solo les queda la opción de buscar trabajos informales para subsistir. Muchos, tienden a reincidir y cometen, incluso, delitos diferentes a los que les causaron el primer encarcelamiento. Según Peláez, esto sucede porque “no existe una cultura de oportunidades a los pospenados y no se le presta atención al hecho de que si no se les dan posibilidades de empleo, ellos van a reincidir”.


El estigma del encierro


Cecilia siempre sintió que los vecinos se referían constantemente a su pasado en la cárcel. Nunca olvidará el día que uno de ellos le dijo que no hablaba con delincuentes.  Aunque esos comentarios aún le duelen, ha aprendido a tolerar la sensación de rechazo, incluso, debió pasar por un largo y doloroso proceso de perdón con su familia, pues no entendía su abandono en la etapa más difícil de su vida. Se considera una mujer afortunada y feliz, al menos recuperó las cuatro cosas que más ha amado en su vida.


Para el abogado penalista Luis Salcedo, “la persona que cumple una condena privativa de la libertad es rechazada en la sociedad, porque nadie quiere tener nada que ver con un delincuente”. Con él coinciden otros expertos, quienes consideran que socialmente hay una tendencia a estigmatizar a los pospenados, sin importar el delito que cometieron o las intenciones que tengan de vivir en la legalidad.


Muchos pospenados tienen dificultades para volver a hacer parte de grupos sociales y sienten el rechazo de su comunidad. Algunas personas no quieren, por ejemplo, que sus hijos sean amigos de los de un pospenado. Recuperar los espacios y la vida social es mucho más sencillo si se puede ocultar el pasado delictivo. Peláez explica que esta población debe cargar con la marca de la condena toda la vida, como si haber pagado cárcel no hubiese sido suficiente. 


Frente a esta situación, existen en la ciudad algunas organizaciones que se dedican a fortalecer los aspectos socioafectivos de la población pospenada, al tiempo que les ayudan a reintegrarse a la familia, la sociedad y el trabajo. Herrán considera que en un panorama de discriminación con las personas que estuvieron privadas de la libertad, “los grupos de tipo religioso o filantrópico son los que se interesan por estas causas, pero no cuentan con la capacidad económica, la estructura necesaria ni el personal humano ideal para ayudar a todas las personas pospenadas”. 


Los expertos proponen


Los expertos consideran que lograr una cultura que dé oportunidades a los pospenados es un trabajo que debe empezar por las instituciones. Para ellos, la empresa privada debe promover la contratación de personas que estuvieron en centros de reclusión. Además, se deben crear más programas de acompañamiento a las familias de los reclusos, “se requiere un grupo interdisciplinario que acompañe y trabaje con los núcleos familiares, en busca de la raíz del problema que generó el encarcelamiento”, dice Salcedo. 


Por su lado, Peláez considera que se debe hacer una revisión de los programas laborales y educativos dentro de las cárceles, para adaptarlos mejor al entorno que allí se vive y a las necesidades de los internos.  “Por ejemplo, en los procesos de enseñanza no aprovechan la mano de obra de las cárceles, allá hay muchos profesionales que podrían utilizarse para formar a los demás reclusos”.  


Finalmente, el trabajo conjunto de toda la sociedad puede facilitar la resocialización de muchas de estas personas, en tanto que se ha demostrado que, en la mayoría de los casos, quienes reciben apoyo se insertan en el mundo de la legalidad y aprovechan al máximo las oportunidades que tienen para empezar una nueva vida



Entidades solidarias

La Secretaría de Gobierno y Derechos Humanos de la Alcaldía de Medellín desarrolla el proyecto “Promoción de los Derechos Humanos a la Población Carcelaria y su Reintegración Social”, dentro del que se encuentra el componente de pospenados. Su coordinador, Edwin Andrés Rendón, explica que su objetivo es “contribuir a la resocialización de las personas que cometen un error, para lo cual se acompaña  a sus familias y a ellos mismos, apuntando a una cultura de la legalidad y a la no reincidencia”. Para lograrlo, se realizan actividades relacionadas con “atención individual, encuentros grupales, remisiones a la red de apoyo social y, acompañamiento jurídico y en emprendimiento empresarial a la población que lo requiera”. Uno de los principales problemas que han encontrado es la poca disponibilidad de la empresa privada para contribuir en estos procesos de resocialización. “Hay tres o cuatro empresas que se vinculan a esta causa y creen que quienes pagaron cárcel, pueden tener una segunda oportunidad”, dice Rendón. 


En la ciudad existen otras instituciones dedicadas a brindar apoyo sicosocial, familiar y laboral a la población pospenada. La Fundación Bordado a Mano, la Confraternidad Carcelaria de Colombia, la corporación Sueños de Libertad, entre otras, son espacios disponibles para aquellos que cumplieron una condena privativa de la libertad y desean una segunda oportunidad.